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Beethoven: Monstruo
               Inmortal
BEETHOVEN: MONSTRUO INMORTAL
(Copying Beethoven)
Dirección
:
Agniezka Holland
Guión:
Stephen J. Rivele, Christopher Wilkinson
Producción:
Sidney Kimmel, David Pupkewitz, Stephen J. Rivele, Michael Taylor, Christopher Wilkinson
Fotografía:
Ashley Rowe
Música:
Maggie Rodford
Edición:
Alex Mackie
Elenco:
Ed Harris (Ludwig Van Beethoven), Diane Kruger (Anna Holz), Matthew Goode (Martin Bauer), Joe Anderson (Karl Van Beethoven), Ralph Riach (Wenzel Schlemmer), Nicholas Jones (Archiduque)
Hungría-Inglaterra, 2006, Film & Entertainment VIP Medienfonds 2 / Pandora Film / Sidney Kimmel Entertainment, 103 min.

Sitio Oficial

Otras Opiniones:


Arte y Ensayo

Beethoven: Monstruo Inmortal

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(marzo 24, 2007)

Kiss Kiss Bang Bang, la recopilación de ensayos de Pauline Kael, tiene un título que resume a la perfección la miseria del cine: un altísimo porcentaje de las películas producidas en más de 100 años tienen como principal atractivo el romance o la violencia. Aun cuando se supone que hablan de política o de filosofía las ideas pasan a un segundo plano ante el imperativo categórico de mostrar especímenes físicamente perfectos que intercambian besos o balazos. Tal vez por eso algunos periodistas han dicho que Copying Beethoven relata el romance entre el célebre compositor y una de sus asistentes. Nada más falso.

La veterana directora Agniezka Holland prefiere contar la relación entre un compositor ya consagrado y una joven aspirante a compositora asignada para servirle de copista. Al principio Beethoven se burla de las ambiciones de Anna Holtz, diciéndole que una mujer que compone música es como un perro que camina en dos patas: tiene gracia pero no deja de ser grotesco. Más adelante, Beethoven se percata de que su sordera le impedirá dirigir la Novena en su estreno y Anna se ofrece a hacerlo en su lugar... donde el público no pueda verla, para impedir la rechifla. El resultado es apoteósico y esto conduce a una colaboración más estrecha, cuando ya Beethoven comienza a resentir las limitaciones establecidas por el sistema temperado.

Ed Harris y Diane Kruger en Beethoven: Monstruo Inmoral

Algunos podrán objetar que Anna Holtz nunca existió, que Beethoven ya estaba sordo al momento de escribir la Novena (aunque sí es cierto que en el estreno tuvieron que indicarle que se diera la vuelta para que pudiera ver los aplausos del público), que los diálogos son anacrónicos, etc. Como historiador puedo decir que nada de esto me molesta. Si Agniezka Holland quiere imaginar detalles sobre la vida de Beethoven o modificar hechos conocidos para realzar su película, que lo haga. Eso no afecta en nada la historia real de Luwdig Van y la paranoia de ciertos investigadores más bien es un síntoma de inseguridad, como pudimos atestiguar con la no por sincera menos risible indignación de los mayistas ante Apocalypto.

Mi única objeción en ese sentido es que en la cinta nadie habla alemán. La reconstrucción de época en Copying Beethoven es lo bastante buena como para echarla a perder con una tontería semejante. Entiendo que en los mercados internacionales de cine predomina el inglés y que es preferible maquilar las películas en ese idioma para facilitar las ventas. Al menos ese debe ser el pretexto de los productores. Sin embargo, hemos visto títulos recientes como La Caída, Héroe y El Laberinto del Fauno, con buena respuesta económica a pesar de estar habladas en alemán, mandarín y castellano, respectivamente. Sin ánimo de parecer el presidente del club de fans de Mel Gibson tenemos el ejemplo de La Pasión de Cristo, hablada enteramente en lenguas muertas. ¿No es hora ya de pensar que el inglés no es necesariamente la clave del éxito?

Si Copying Beethoven hubiese sido filmada en el idioma que hablaba Beethoven incluso se hubiera podido conservar en el papel coestelar a la hermosísima Diane Kruger (y conste que no me gustan las güeras), nacida en Hildesheim. En ese caso habría que prescindir de Ed Harris, que es un actor muy capaz pero no creo que lo sea tanto como para hacerlo en un idioma que desconoce. Como premio de consolación Harris podría dejarse el bigote y cortarse una mano para interpretar a José Clemente Orozco cuando éste vivía en New York, ya que parece obstinado en interpretar a cuanto artista pueda. Por otro lado hacer esto nos privaría de ver su actuación en Copying Beethoven, donde refleja de manera acertada los arranques de cólera pero también la vulnerabilidad y el sentido del humor de su personaje. Es imposible darle gusto a todo el mundo interpretando a Beethoven, quien ya en su época era una celebridad, lo cual no le impide a Harris refrendar su calidad como actor. Hasta se le perdona que hable inglés.

Pero la verdadera estrella de Copying Beethoven es la Novena. Hay una secuencia particularmente emotiva, correspondiente a su estreno, donde Agniezka Holland nos regala un rollo completo de la que sin duda es una de las mejores piezas de música jamás escritas. Debido a las absurdas restricciones impuestas a los largometrajes, al menos fuera de la India, lo que oímos es un comprimido con los mejores momentos de la sinfonía. Escuchamos unos cuantos minutos del Allegro, otros tantos del Scherzo, de ahí pasamos al Adagio y en un suspiro llegamos al "O Freunde, nicht diese Töne! / Sondern lasst uns angenehmere / anstimmen und freudenvollere" que anuncia la llegada del coro. Entiendo también que el metraje lo determinan circunstancias económicas (en los laboratorios se paga por metro y el flete tampoco es gratis) pero para quienes tenemos en alta estima a la Novena los diez minutos que se incluyen en la película no saben ni a melón.

En la escena que acompaña este texto (lástima que sea full screen) puede apreciarse una segunda instancia donde lo más interesante de la vida de Beethoven, su música, pasa a primer plano. A esto me refería cuando me quejaba de que al llevar al cine las vidas de los compositores normalmente se recurre a los romances telenoveleres (Song Wihout End) o a inventar rivalidades con otros músicos (Amadeus). Cuando el cine pueda hacerse con medios más modestos entonces dejará de ser un espectáculo para analfabetos, donde a los temas "difíciles" hay que añadirle las capas de chocolate del amor y de la violencia para capitalizar la ignorancia del gran público. Por lo pronto debemos conformarnos con momentos como éste, donde se puede vislumbrar el proceso creativo.

Nótese además la elegancia con la que Holland resuelve una situación poco "cinemática", para usar el barbarismo de moda. Se trata de dos personajes que discuten cómo poner en papel una pieza musical que todavía no existe. La escena inicia con un acercamiento a Diane Kruger, retrocede para hacer un plano general con travelling a la derecha, regresa a la actriz y a partir de ese momento alterna entre ella y Ed Harris. Esto culmina con un movimiento de cámara que envuelve a los actores, con un solo corte que se vuelve casi imperceptible porque prosigue la misma relación espacial del anterior, para transmitir la complicidad que ya se ha establecido entre el maestro y su alumna.

Preferible, creo, al intercambio de saliva que nos hubiera recetado la versión "romántica" de la fábula, aunque haya quien piense que a la película le falta para ser un melodrama con todas las de la ley. Por suerte así es.

Trailer de Beethoven: Monstruo Inmortal:

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