Arte y Ensayo
La Reina
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 5, 2007)
En 1994, al igual que la mayoría de los mexicanos, vi por televisión como alguien le metía una bala en la cabeza a Luis Donaldo Colosio. Los noticiarios nos mostraban el momento en que le arrimaban la pistola y a continuación cómo su cerebro salpicaba a la gente que lo rodeaba en Lomas Taurinas. Como podrán suponer, la noticia me valió madre, pero hubo muchos ingenuos que se creyeron eso de que el entenado de Salinas era el mesías que había descendido a la tierra para salvarnos a todos y respondieron a su muerte con copiosas lágrimas. El accidente automovilístico que dejó a la princesa Diana embarrada en las calles de París me importó menos. Not to mention the fact that she was a worthless, pampered bitch.
Si empiezo este texto haciendo referencia a Diana Spencer, cuyos logros fueron tan hipotéticos como su belleza, es porque La Reina se concentra en las semanas posteriores a su muerte y en la reacción de la familia real británica. El tema me interesa tanto como el desenlace de La Fea Más Bella y por eso, aunque la manufactura y las actuaciones sean impecables, tuve que hacer un verdadero esfuerzo para soplarme toda la película. Para complicar las cosas, la puesta en escena es un ejemplo de todo lo que no me interesa del cine, una narración tradicional enfocada en unos cuantos personajes sin la menor innovación formal, por lo que éste será uno de los pocos comentarios negativos que leerán sobre The Queen, a juzgar por el entusiasmo con el que la crítica especializada ha recibido su estreno.
El guión de Peter Morgan se explaya en los esfuerzos de Tony Blair por hacerle comprender a la reina que la sociedad inglesa de fines del siglo XX no es la misma en la que ella creció. En su primer encuentro ella menciona, con una ligereza muy intencionada, anécdotas donde figuran Winston Churchill y la reina Victoria pero está claro que Blair entiende mejor la importancia de los medios de comunicación para mantener la popularidad de un jefe de Estado en el mundo actual. La reina, por su parte, forma parte de una institución que no depende del electorado. Su permanencia está asegurada, a diferencia del primer ministro que debe responder ante los otros poderes. La escasa popularidad de Tony Blair al fin de su mandato, tras la desastrosa aventura en Irak, viene mucho al caso para ilustrar esto.
Se podría hacer algo muy interesante con este material pero no estoy seguro que Stephen Frears sea el cineasta indicado para hacerlo. Sus mejores películas se enfocan en la relación entre personas de un mismo estrato social, ya sea de clase baja (Mi Hermosa Lavandería) o alta (Relaciones Peligrosas), mencionando la forma en que se adaptan a su entorno pero sin abundar demasiado en el contexto social y político de la época. Creo que que esto se debe a que sus personajes siempre están obligados a adaptarse a las circunstancias lo mejor que puedan. A diferencia de la familia real y el primer ministro en The Queen, no se trata de personas que tengan el poder para tomar decisiones importantes. Esto también se aplica a los de Relaciones Peligrosas porque la corte de Versalles fue creada por Luis XIV justamente para alejar a la nobleza francesa de sus centros de poder.
Tenemos entonces un grupo de personas cuyas decisiones estaban sujetas a factores mucho más complicados que lo meramente afectivo. En la historia que cuenta La Reina hay elementos económicos y políticos que a Frears le pasan de noche. Un ejemplo es el circo mediático en el que se convirtió el deceso de la princesa Diana. Los periódicos empleaban agresivos titulares para reprocharle a la reina su presunta indiferencia mientras las televisoras enumeraban las supuestas hazañas de la difunta. Esto se menciona pero no se analiza. Entiendo que para ubicar en su justa dimensión todos estos factores habría que hacer otro tipo de película, tal vez una combinación de documental y drama, y está claro que eso no es lo que Frears tenía en mente. Tampoco estoy pidiendo el facilismo panfletario de Ken Loach, líbreme Buda, sólo me gustaría un poco más de contexto.
Mi comentario va en el sentido de que lo más interesante de La Reina son los momentos en los que se desliza alguna información sobre el ambiente que se respiraba en Inglaterra en ese momento. Podría utilizarse para esto el recurso de los intertítulos, la pantalla dividida y otras formas de añadir información a la narración cinematográfica tradicional. En la película Blair le habla a la reina de una encuesta en la que el 25% de la población afirma estar en contra de la monarquía. Mi habitual misantropía me impidió interesarme por la reacción de la reina ante esta situación, cosa que a Frears sí que le importa, en cambio eché en falta más datos sobre la posibilidad de que algo semejante llegara a suceder.
Esta es por supuesto una opinión minoritaria. Los críticos ingleses la recomiendan, al igual que los del resto del mundo, y mi desacuerdo se basa en las expectativas que yo tengo sobre el cine y sus posibilidades expresivas. Tampoco estoy obligado a hablar bien de una película sólo porque el resto de la humanidad lo haga. Sí, las actuaciones son muy buenas, todos los elementos técnicos son sobresalientes, y si lo que uno busca es cine "de calidad", tal como esto lo entiende una gran mayoría del público, la conclusión es clara: La Reina es una excelente opción para los que quieran entender cómo la muerte de Diana Spencer sacudió los centros de poder en la Inglaterra de hace diez años. Es un nutrido contingente en el que no me incluyo. Honestamente, creo que los Sex Pistols lo expresaron mejor hace tres décadas:
