Arte y Ensayo
María Antonieta
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(mayo 10, 2007)
Lo primero que hay que aclarar sobre el tercer largometraje dirigido por Sofia Coppola es que no es la historia de la Revolución Francesa y tampoco, por extraño que parezca, es una biografía de la última reina del Ancien Regime. Cuando se entiende que es sólo una interpretación de una etapa en la vida de un personaje histórico que ha sido deformado por la propaganda es que se puede apreciar este notable trabajo. El morbo y el revanchismo populista de algunos espectadores echaron en falta la matanza de aristócratas y la guillotina. Tan preocupados estaban por satisfacer su sadismo que los indudables méritos de la película les pasaron de noche.
La incomprensión empezó desde que María Antonieta se presentó en Cannes. Los abucheos en aquella premiere demostraron que también en Francia abundan los que no saben reconocer el buen cine cuando lo tienen enfrente y esto permitió que algunos aficionados empezaran a publicar comentarios negativos sobre la cinta. Por desgracia, el mercado para el cine de arte es tan endeble que los rumores adversos tienen la facultad de afectar el desempeño comercial de una película. Es natural que en un ambiente donde predominan las poses y el interés fingido, donde el valor de los directores depende sólo de la moda, una mala opinión se extienda y contamine las frágiles convicciones de este exiguo segmento del público. En cambio, los que fueron a ver Una Loca Película Épica, por ejemplo, jamás se preocuparon por las reseñas negativas. Suponiendo que sepan leer, claro.
Entre los espectadores que se autonombran inteligentes sólo unos cuantos tuvieron la capacidad para entender la propuesta de Sofia Coppola. Entre ellos figura Stephanie Zacharek, con quien no siempre estoy de acuerdo dada su inexplicable preocupación por lo narrativo, sin duda el aspecto menos importante del séptimo arte. En su reseña ella identificó correctamente la sensación de no pertenecer como el tema principal de María Antonieta. Mientras otros comentaristas más limitados rasgaban sus vestiduras por lo que suponían un insulto a las masas oprimidas, ya que para su forma de -llamémosle- pensar retratar el lujo equivale a justificar la desigualdad, Zacharek entendió que asumir el punto de vista de un personaje no es lo mismo que adoptar su ideología (o falta de). Esto es tan ilógico como las protestas de los imbéciles que creyeron que Der Untergang forzosamente debía ser una apología del nazismo.
Además, viendo María Antonieta queda claro que la postura de Coppola es que esta mujer, representada en el imaginario popular con frases apócrifas (nunca dijo "que coman pastel", por ejemplo), era del todo apolítica. Más del 60% de la película está dedicado a narrar lo que realmente preocupaba a María Antonieta, que era asegurar la descendencia de Luis XVI. Había sido seleccionada para cimentar una alianza entre Francia y Austria, con tal fin su existencia podía reducirse, sin exagerar, a proporcionar el útero para que fuera concebido el futuro rey de Francia. Habiendo cumplido con esa función lo demás no tenía la menor importancia. Durante más de una hora Coppola nos muestra un proceso de adaptación más que otra cosa, desde la llegada de esta adolescente austriaca a territorio francés, donde es despojada de inmediato de todo lo que pueda recordarle su país natal, incluyendo su comitiva, su perrito y hasta su ropa. Con la ayuda del embajador Mercy (sobresaliente Steve Coogan) María Antonieta aprende a moverse en la opulencia de la corte francesa, acostumbrada a la relativa sobriedad de Austria, su falta de refinamiento la hace parecer rústica ante los ojos de sus nuevos súbditos.
Mientras se adapta a este nuevo ambiente, complicado por la actitud distante de su consorte (cuando ella finge interés por sus pasatiempos él le responde con monosílabos), María Antonieta depende de la comunicación no verbal. Aquí es donde brilla la habilidad de Coppola para fijar en la pantalla gestos que parecen intrascendentes. Mientras el resto de la corte la critica abiertamente -con voces en off que por estentóreas recuerdan a los narradores de antiguos documentales- desde su atuendo ("parece una rebanada de pastel") hasta su inhabilidad para concebir al heredero al trono, María Antonieta no puede permitirse ser grosera con sus huéspedes. Una sonrisa furtiva entre María Antonieta y Luis XV durante su primer encuentro, una mueca de fastidio ante las excesivas muestras de afecto de otra pareja, la inocencia con la que le pregunta a su mentor qué opina de su ropa mientras éste trata de instruirla sobre acontecimientos recientes en Polonia. Coppola pone la misma capacidad de síntesis y habilidad para aludir a la vida interior de sus personajes ya exhibidas en Perdidos en Tokio al servicio de una adolescente que vivió dos siglos antes, en condiciones que para el público contemporáneo son casi incomprensibles.
Para facilitar la identificación del público con un personaje así, Coppola necesitaba a una actriz que fuera agradable sin ser demasiado solícita, atractiva y a la vez accesible, superficial pero no superflua. Con Scarlett Johansson, por ejemplo, María Antonieta hubiera resultado arrogante. En Kirsten Dunst la directora encontró a la actriz adecuada para interpretar a un personaje que tenía que ser simpático para el espectador y al mismo tiempo generar dosis considerables de envidia. El resto del elenco lo integran actores que uno nunca esperaría encontrarse en una película sobre la corte francesa del siglo XVIII. Rip Torn, Asia Argento, Molly Shannon, Jason Schwartzman, Marianne Faithfull, la misma Kirsten Dunst, son rostros demasiado contemporáneos para esa época. Son actores que uno no espera ver en este tipo de producción. La decisión es correcta porque Sofia Coppola elige un tono deliberadamente anacrónico.
Esto es más notable en la música, que alterna entre la autenticidad barroca durante las ceremonias oficiales y el post-punk para describir el estado de ánimo de sus jóvenes protagonistas. A veces las combinaciones de imagen y música rayan la obviedad (Vivaldi para el rebuscado ceremonial de Versalles, "I Want Candy" de Bow Wow Wow para el abandono materialista de la princesa), pero el efecto es quitarle las telarañas a los personajes históricos, que a fuerza de simplificaciones maniqueas (i.e. conservadores = malos, liberales = buenos) dejan de ser humanos para convertirse en esculturas aleccionadoras. A destacar el trabajo de Jason Schwartzman como Luis XVI. Uno podría preguntarse qué hace un actor "cómico" (en Rushmore y Shopgirl) interpretando al último rey de Francia, pero es evidente que la intención de Sofia Coppola era exhibir la inseguridad de este personaje: hay algo ligeramente ridículo, sin ser grotesco, en la forma en que Schwartzman usa los cubiertos, manipulando cada trozo de comida como si estuviera en el examen final de una escuela de etiqueta. Sin embargo, la directora se cuida de exagerar este aspecto, conforme avanza la película este personaje se vuelve más sólido, digno de respeto cuando trata de comprender problemas que lo superan.
Acusar a María Antonieta de no ajustarse a la realidad de la cultura dieciochesca es tan absurdo como señalar que la dinastía Tang no era como la retrata La Maldición de la Flor Dorada. Pedirle a las películas históricas que reconstruyan el pasado es un capricho infantil. Si los historiadores no logran ponerse de acuerdo sobre las verdaderas causas de la Revolución Francesa, por poner sólo un ejemplo, ¿cómo se le puede exigir a los directores de cine que muestren una verdad que nadie conoce? Los que quieran aproximarse al periodo histórico que aparece en María Antonieta pueden recurrir a las bibliotecas, si leer les da flojera hay un excelente documental sobre el tema que produjo el History Channel. Creo que hasta el espectador más inconforme con el contenido de esta película debe aceptar que en su aspecto formal es impresionante. Si no se le va a reconocer a Sofia Coppola el sutil manejo de personajes o la expresividad de su puesta en escena, aspectos que domina, al menos hay que admitir que sus películas son de una sensualidad que aturde.
Sitio Oficial:
www.marieantoinette-movie.com
