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La Verdad Incómoda
LA VERDAD INCÓMODA
(An Inconvenient Truth)
Dirección
:
Davis Guggenheim
Producción:
Lawrence Bender, Scott Z. Burns, Laurie David
Fotografía:
Bob Richman
Música:
Michael Brook
Edición:
Jay Cassidy, Dan Swietlik
Con:
Al Gore
EE.UU., 2006, Participant Productions, 95 min.

Otras Opiniones:


Arte y Ensayo

La Verdad Incómoda

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(mayo 19, 2007)

El infomercial de Al Gore sobre el calentamiento global tuvo un impacto que pocos documentales han tenido en parte porque coincide con el interés generado por una teoría científica, en parte porque su protagonista es un político que estuvo a nada de ser presidente de Estados Unidos y también porque es un resumen dramático y fácilmente comprensible de un tema demasiado complejo para un amplio porcentaje de la población.

Si me refiero a La Verdad Incómoda como "infomercial" es porque su formato me recordó más a los merolicos que ofrecen productos milagrosos a deshoras que a un documental hecho y derecho. Desde que Michael Moore popularizó los documentales con un lenguaje audiovisual más acorde con el público actual, acostumbrado a los mensajes evanescentes de la caja idiota, este género, tradicionalmente solemne hasta la desesperación, parece enfrascado en una carrera para alcanzar al más bajo común denominador. No extraño los antiguos documentales, escritos, editados y hasta narrados con toda la flojera del mundo. No los extraño porque Canal 22 los sigue produciendo. Lo único admirable de esos trabajos era cómo sus realizadores se las apañaban para agarrar temas fascinantes y exprimirles hasta la última onza de interés, dejándolos más áridos que el Valle del Mezquital.

Los académicos siempre han argumentado que esto es necesario para abordar estos temas de forma seria. Esto es falso, como ya lo han demostrado eminentes divulgadores de la ciencia como Stephen Jay Gould, pero por otro lado existe el riesgo de irse al otro extremo y presentar como verdaderas teorías que todavía son debatidas por los especialistas, añadiendo al prestigio de la ciencia una irresistible envoltura audiovisual que anula la capacidad crítica del espectador sin darle herramientas para decidir por sí mismo. La Verdad Incómoda presenta una serie de datos impresionantes, suficientes para alarmar a cualquiera, ilustrados con fotografías y animaciones que acentúan la necesidad de actuar ahora mismo para evitar un futuro catastrófico.

Para muchos comentaristas en Estados Unidos una revelación tan grande como el problema del calentamiento global ha sido la personalidad de Al Gore. Por lo que he leído este factor ha pesado a la hora de valorar An Inconvenient Truth. Para los habitantes de Estados Unidos que apoyan la agenda ecologista es evidente que los siete años de reinado de Jorgito Bush no han hecho sino enaltecer la figura de su contrincante en el 2000. Incluso para los que no estaban muy convencidos sobre la gravedad del cambio climático debe ser suficiente con la desastrosa incursión en Irak para recibir a cualquier político opuesto a Bush como un auténtico mesías. Cuando Gore recibió el Oscar al mejor documental se especuló que podría ser el punto de partida para una nueva campaña con miras a las elecciones presidenciales de 2008. No fue así y ahora los principales contendientes son Hillary Clinton y Barack Obama, ambos demócratas. Gracias a Bush las posibilidades que tienen los republicanos de refrendar la presidencia son escasas.

Menciono todo esto porque, a diferencia de los colegas en EE.UU., no creo que La Verdad Incómoda sea tan exitosa a la hora de humanizar la figura de Al Gore. Para ser sincero, me parece que Gore es acartonado hasta para discutir un tema que le apasiona. Es un político hábil, por supuesto, aunque no lo suficiente para recalcar sus raíces humildes sin exagerar el acento sureño que lo distingue como originario de Tennessee y no como el hijo de un senador que pasaba la mayor parte del tiempo en Washington. Otros intentos igualmente burdos por hacerlo más humano son las referencias al accidente automovilístico que puso en peligro la vida de su hijo pequeño y la muerte de su hermana, fumadora de toda la vida, a causa del cáncer pulmonar. El vínculo entre estas dos tragedias personales y el calentamiento global es tenue y su inclusión en la película se debe más al afán de mostrar a un Al Gore decidido a superar los obstáculos que le ha puesto la vida que ha convencernos de que el cambio climático es tan grave como él dice.

Peor, esto hace que la presentación de Al Gore sea todavía más tediosa. No aporta nada saber que cuando su hijo estuvo en peligro él decidió que debía tratar de heredarle un mundo mejor, tampoco vale la pena recordar las elecciones del 2000 si esto sólo sirve para que Gore mencione que esta fue una época difícil en su vida. Mejor sería abundar más en la controversia sobre el calentamiento global. Lo único que oímos en La Verdad Incómoda es la versión que nos da Al Gore, cuando sería mucho más entretenido conocer el punto de vista de sus oponentes. Cuando se llegan a mencionar estas posturas es sólo para desecharlas sin mayor trámite. Se insinúa que los científicos que dudan que el cambio climático tenga los alcances que le atribuyen los grupos ecologistas están pagados por las grandes empresas petroleras, lo cual no es verdad. Las cifras corresponden siempre al peor caso posible. Gore afirma que el derretimiento de las capas polares provocará automáticamente un aumento de seis metros en el nivel del mar. Hay científicos que manejan datos menos escandalosos, según ellos de seguir las cosas como están el nivel de los mares aumentaría en un metro. Al ser la única persona que hace uso de la palabra, frente a una audiencia que no juega ningún papel en la representación, se pierde la oportunidad de confrontar puntos de vista, aliviando el aburrimiento que genera la cinta.

Más allá de las posibles exageraciones que contiene La Verdad Incómoda, creo que su principal defecto es subestimar la capacidad de reacción de la raza humana. Tras asustarnos con el peor caso posible, Al Gore cierra su presentación mencionando algunas medidas que pueden tomarse para minimizar el daño del calentamiento global. He notado que incluso algunas personas que lo apoyan se vuelven escépticas por la facilidad con la que se puede revertir una tendencia tan dramática como la que pinta An Inconvenient Truth. Si la situación es tan grave, se preguntan, ¿cómo se puede remediar con sólo usar vehículos más eficientes? Parece absurdo pero hay estudios que señalan que es posible reducir la emisión de gases invernadero sin afectar demasiado el desarrollo industrial de los países del Tercer Mundo (otra cosa que la película no menciona).

Algo que me resultó particularmente molesto de La Verdad Incómoda es el uso de caricaturas en lugar de datos duros. Cada vez que Al Gore quiere convencernos de que los científicos han llegado a una conclusión lo hace con un segmento animado que contiene poca información. A lo largo de toda la cinta tuve la sensación de que los realizadores no confiaban en mi capacidad para analizar situaciones de cierta complejidad y en su lugar querían distraerme con chistes y caricaturas. Si el humor y la animación acompañaran a la información no habría problema. Aquí lo malo es que la reemplazan y que Al Gore parece más interesado en espantarnos con el petate del muerto que en tratarnos como adultos pensantes que pueden llegar a la conclusión obvia cuando se les presenta la información pertinente. Si el cambio climático es tan grave como lo afirma La Verdad Incómoda, ¿para qué recurrir a trucos baratos de retórica?

Sitio Oficial:
www.climatecrisis.net