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Mi Madre
MI MADRE
(Ma Mère)
Dirección
:
Christophe Honoré
Guión: Christophe Honoré, basado en la novela de Georges Bataille
Producción:
Paulo Branco
Fotografía:
Helene Louvart
Música:
una vez más el Adagio de Samuel Barber, ahora en versión coral, y "Happy Together" de The Turtles
Edición:
Chantal Hymans
Con:
Isabelle Huppert (Hélne), Louis Garrel (Pierre), Emma De Caunes (Hansi), Joana Preiss (Rea), Jean-Baptiste Montagut (Loulou), Dominique Reymond (Marthe), Olivier Rabourdin (Robert), Philippe Duclos (père)
Austria / Francia, 2004, Bernard Henri Levy / Paulo Branco, 110 min.

Otras opiniones:


Arte y Ensayo

Mi Madre

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
agosto 11, 2007

Uno de esos dramas franceses que los cultos admiran por su audacia sintiéndose ellos mismos audaces, aunque las parafilias que retratan sean fácilmente asequibles en la sex shop de la esquina. Pero entonces no habría razón para aplaudir esta flácida adaptación de una novela póstuma de Georges Bataille, ya que ni siquiera Isabelle Huppert puede hacer algo con un libreto tan soso. Para los cultos es necesario ignorar la ubicuidad de la pornografía actual, de otra forma no podrían mantener la ilusión de que al consumir películas como ésta en realidad están combatiendo el oscurantismo de Norberto Rivera, de la misma manera que oyendo canciones de protesta le asestaban un golpe mortal al imperialismo yanqui.

Es absurdo pero la justificación que mucha gente encuentra para soplarse estos bodrios es que Hollywood nunca haría algo semejante. Como si realmente necesitáramos ver a Julia Roberts con las piernas abiertas o a Ashton Kutcher jalándole el cuello al ganso. Entiendo que hace cincuenta años, cuando era impensable que se hablara de sexo en radio y televisión, cuando se prohibían los libros por su contenido erótico, uno de los pocas vías de escape disponibles (si uno le sacateaba al burlesque y al burdel) era dirigirse a un cineclub para mirar a Brigitte Bardot en pelotas. Siempre se podía argumentar que uno estaba ahí para deleitarse con el séptimo arte y no con las nalgas paraditas de la Bardot.

Con Ma Mère pasa algo similar. El único motivo que se me ocurre para verla es comprobar con sus propios ojos si lo que se dice sobre la vida nocturna en las Canarias es cierto. Christophe Honoré ubica ahí la historia de esta madre e hijo en exceso cariñosos, filmando varias escenas en el célebre Centro Comercial Yumbo, captando a auténticos parroquianos de este punto de encuentro gay. Para los espectadores sensibles (y eso incluye por supuesto a los cultos) el Yumbo parecerá algo así como Sodoma esquina con Gomorra, debido al gran número de personas que llegan hasta ahí en busca de emociones fuertes y una que otra enfermedad oculta, desde puntos tan lejanos como Alemania, Inglaterra, Italia o Bélgica.

A propósito de belgas, si usted damita quiere admirar la del joven actor Louis Garrel está de suerte. Si algo se puede decir del cine pretencioso francés es que practica la égalité calenturienta. Nada de encuerar solamente las actrices y negarle el taco de ojo al público femenino. Tampoco tiene nada de transgresor desnudar a los varones, claro, pero así queda uno bien con la crítica culta y de paso se evita problemas con las feministas furibundas. ¿A quién le importa si el guión es monótono e inserta fragmentos de la novela que chocan con el naturalismo de la puesta en escena? ¡Emma De Caunes, la güerita de La Ciencia del Sueño, también se quita la ropa! ¿Para qué queremos una estructura dramática o personajes que no sean autistas de tan intensos si el elenco ya aceptó representar las escenas atrevidas, indispensables para la exportación del adefesio? Con suerte nadie notará que el lenguaje cinematográfico de Honoré es un pálido homenaje a las innovaciones de la nouvelle vague, con los mismos brincos de eje y el zoom desbocado.

Total, si alguien duda que esto tenga algo de artístico se puede meter una versión coral, espectral al principio y ensordecedora después, del resobado Adagio de Barber. Si eso no convence, el director siempre puede recurrir a la ironía: una canción pop de los sesenta para acompañar un momento trágico. No importa que eso ya lo hayamos escuchado en cien películas anteriores, lo que cuenta es la intención. El arsenal incluye también, como ya se mencionó, a Isabelle Huppert en piloto automático, que sigue siendo mejor que muchas otras actrices de su generación y que probablemente pondrá esta cinta en su currículo con letra chiquita, if at all. Los otros actores están como idos, algo que según los adeptos es síntoma de profundidad.

Si a pesar de todo lo anterior alguien osara cuestionar el valor cinematográfico de esta producción francesa el culto maravillado todavía tendrá dos evasivas. La primera es confiar en que Carlos Bonfil hará los malabares que sean necesarios para encontrarle virtudes al bodrio, por el solo hecho de estar hablado en francés. Hay que cruzar los dedos para que el rejego no responda que eso es argumentum ad verecundiam. Si eso llegase a suceder no habrá más remedio que utilizar el arma secreta, el alegato que dejará pasmado al interlocutor más remiso.

Tomen nota, que ahí les va el argumento principal para asegurar que Ma Mère es una obra de arte y su director, Christophe Honoré, un genio: ¿cómo no va a ser artística una película que copia descaradamente a los grandes autores de la cinematografía europea? En esta cinta podemos localizar citas directas de Resnais (los amantes entrelazados como en Hiroshima Mon Amour), Godard (Emma De Caunes imitando a Brigitte Bardot en Le Mépris), Buñuel (el látigo y el fetiche de las botas), Pasolini (religiosidad popular con Louis Garrel a falta de Ninetto Davoli), y así sucesivamente. Negarle a Honoré el prestigio de estas referencias sería tanto como admitir que Mi Madre es sólo cinebasura onanista y eso el culto esforzado no podría soportarlo.

Sitio Oficial:
www.mamerethemovie.com