Arte y Ensayo
Se Renta Esposa
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
septiembre 15, 2007
Para deshacerse de las toxinas acumuladas tras varias películas dizque artísticas que ni de lejos cumplían sus promesas es recomendable cambiar de registro, por ejemplo con una inofensiva comedia francesa que tras gozar de gran aceptación en su país de origen probablemente será adaptada por Hollywood en un par de años. No porque en Estados Unidos andes escasos de ideas originales, como afirman muchos despistados, sino porque en un negocio tan riesgoso como el cine no hay nada como partir de un concepto que ya demostró ser exitoso, aunque el idioma y el contexto cultural sean diferentes. Por suerte para sus futuros traductores, en Prête-Moi Ta Main las referencias a la sociedad francesa contemporánea son mínimas, pudo haberse filmado prácticamente en cualquier país del mundo.
Se Renta Esposa, trailer en francés
De hecho, sería más justo colocar esta cinta en el apartado Hollywood porque comparte rasgos estilísticos y temáticos con la romantic comedy promedio, con la salvedad del idioma, aunque sea justamente este último el factor decisivo para que muchos automáticamente asuman que es artística. Como si los franceses tuvieran el monopolio del arte. En fin, el caso es que esta pequeña comedia puede proveer un rato agradable a cualquier persona con ganas de pasarse hora y media en un cine, lejos del patrioterismo que contamina el aire por estas fechas, contemplando el mismo tipo de bromas y enredos que ya se han visto en centenares de producciones similares. Prête-Moi Ta Main tiene como valor agregado la presencia de dos actores que participaron en la excelente La Ciencia del Sueño: Alain Chabat (también productor y co-guionista de la cinta) y Charlotte Gainsbourg.
Si recuerdan otra comedia francesa titulada La Ex-Mujer de mi Vida (L´ex-Femme de ma Vie), que se estrenó aquí el año pasado, encontrarán varios puntos en común con Se Renta Esposa. En esa película Thierry Lhermitte interpretaba a un novelista cuya apacible rutina cotidiana era trastocada por un par de mujeres: su neurótica ex-esposa (Karin Viard) y su no menos demente psiquiatra (Josiane Balasko). Lo que distinguía a esa comedia de sus contrapartes gringas era la ambientación: la ropa, el estilo de los departamentos y el hecho de que los personajes tomaran vino. Se puede decir lo mismo de Prête-Moi Ta Main. Las cosas no cambiarían mucho si la película la firmara Nancy Meyers y es que se nota que los cinco guionistas que trabajaron en libreto aportaron una serie de ocurrencias que finalmente tuvieron que homogeneizarse para encontrarles acomodo en una narrativa coherente. De ahí la fuerte sensación de déjà vu que acompaña la proyección.
No es la primera vez que el cine nos presenta a un protagonista como Luis Costa (Alain Chabat), un perfumista soltero de mediana edad que no tiene contemplado el casorio y cuya familia, en este caso integrada exclusivamente por mujeres (los cuñados de Luis no cuentan porque están debidamente amaestrados), planean su vida amorosa como si se tratara de la invasión de Normandía. Para ilustrar esta parte del guión el director Eric Lartigau, poco inspirado especialista en comedias, apuesta por lo más seguro: un montaje, con pantalla dividida, con las candidatas que su familia pretende enjaretarle. El resto de la cinta transcurre dentro de la misma predecible medianía, con un desenlace tan previsible como casi todas sus viñetas cómicas, desde el jefe con mascota "locochona" (un perico grosero) hasta los inútiles intentos de Emma por escandalizar a su impertérrita suegra. En ocasiones llega a ser desgastante el uso de giros ya demasiado vistos, como la foto que parece incriminar a Luis seduciendo a una guapísima colega africana (Aïssa Maïga).
Escena de Prête-Moi Ta Main
Lo que a Prête-Moi Ta Main le falta en originalidad el reparto debe suplirlo con oficio, logrando así que sea convincente la forma en que las hermanas y la madre de Luis justifican todos los dislates de Emma, echándole la culpa a él por los berrinches de ella. Esta parte de la película es la que más se aproxima a un tipo de humor más honesto, no tan mecanizado por la tradición del vodevil. Pero el director reacciona a tiempo para evitar que la fórmula descarrile, le ciñe el corset al ingenio y el relato concluye su recorrido con el entusiasmo de una mula maicera. En términos generales la comedia es aceptable, contiene varias escenas que al menos generan algunas sonrisas, pero la intención de los realizadores de manejar una pequeña moraleja se malogra porque sus momentos enternecedores están fríamente calculados para conmover al espectador, con tal obviedad que éste no cae en el garlito (vgr. el huerfanito brasileño).
Queda como principal atractivo la interacción entre Alain Chabat y Charlotte Gainsbourg. El primero tiene años de experiencia en la comedia, aunque no estaba previsto para protagonizar la película y debió hacerlo a instancias del director, por lo que no debe sorprender la facilidad con la que habita la inmadurez de Luis. No obstante, su trabajo sea más bien discreto y se vuelva menos convincente a medida que la historia se acerca a su cursi final. Charlotte Gainsbourg encuentra un mejor balance entre el drama y la comedia, aprovechando que Emma depende más de los comentarios sarcásticos que del humor físico. Por eso el intercambio de insultos entre Chabat y Gainsbourg es más efectivo que su inevitable romance, desencadenado por los celos que él siente cuando se entera de que el ex-novio de Emma, un tal Gael (me suena, me suena), está de vuelta, por lo que su novia rentada podría desertar. Tal vez no sea très drôle, como han proclamado los franceses que la convirtieron en un taquillazo, pero tampoco puede uno enojarse con una cinta que se fija metas modestas y las alcanza con facilidad.
