Site menu:

Suscríbete:
¿Qué es RSS?





Sitios Recomendados: 1000 Misspent Hours and Counting
And You Call Yourself a Scientist!
Blog de Cine
Cine Azteca
Cinema de Merde
Cinema de Perra Gorda
CineVertigo
David Bordwell
The Devil's Reviews
Eiga go go!
Fangoria
The Filthy Critic
Flick Filosopher
Midnight Eye
Miradas de Cine
Paxton at the Movies
El Perro Café
Poffy's Movie Mania
Teleport City
Tren de Sombras
Revista Cinefagia
Video WatchBlog

La Cambiadora de Páginas
LA CAMBIADORA DE PÁGINAS
(La Tourneuse de Pages)
Dirección
:
Denis Dercourt
Guión:
Denis Dercourt, Jacques Dercourt, Jacques Sotty
Producción:
Michel Saint-Jean
Fotografía:
Jerome Peyrebrune
Música:
Jacques Lemonnier
Edición:
François Gedigier
Con:
Catherine Frot (Ariane Fouchécourt), Déborah François (Melanie Prouvost), Pascal Greggory (Mr. Fouchécourt), Antoine Martynciow (Tristan), Clotilde Mollet (Virginie), Christine Citti (Sra. Prouvost), Jacques Bonnaffé (Sr. Prouvost), Xavier De Guillebon (Laurent), Julie Richalet (Melanie Prouvost niña)
Francia, 2006, Artificial Eye Film Company / Canal Plus / CineCinema / Diaphana Films / France 3 Cinema / Les Films a Un Dollar, 84 min.

Otras opiniones:


Arte y Ensayo

La Cambiadora de Páginas

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
octubre 26, 2007

Para los lectores no familiarizados con la terminología de la música clásica, y que por lo tanto se preguntan a qué se refiere el título, aquí está la explicación: por lo general los pianistas que dan un recital deben tocar siempre de memoria, algo que no es un problema para los que se aprenden las piezas con facilidad pero que magnifica la inseguridad de los músicos que prefieren tener enfrente la partitura en caso de una duda momentánea, el equivalente más cercano que se me ocurre es la red de seguridad que usan los equilibristas. Abundan las anécdotas de notables concertistas que intentaron tocar de memoria y fracasaron horriblemente, al grado que algunos se preguntan si vale la pena conservar dicha tradición.


Trailer en inglés de La Cambiadora de Páginas

Esta exigencia se limita a los solistas. Cuando los intérpretes de música de cámara (tríos, cuartetos, etc.) suben al escenario con la partitura en la mano nadie se los reprocha, en ese caso es lo normal porque los músicos no están buscando el lucimiento individual. Sin embargo, para los pianistas sigue siendo un problema tocar una pieza complicada y tener que leer la música al mismo tiempo por la sencilla razón de que muchas piezas son tan complejas que no pueden levantar las manos del teclado ni por un instante. De ahí la presencia de los "cambiadores de páginas", músicos que se sientan a un lado del pianista mientras éste ejecuta la pieza y que se levantan para pasar la hoja cuando las notas en la página están llegando a su fin, logrando así una interpretación fluida. Si se preguntan por qué los violinistas o cellistas no tienen este problema es porque ellos normalmente tienen pausas donde pueden cambiar la página, los pianistas cuentan con menos oportunidades de hacer esto y por eso necesitan un asistente.

Lo anterior viene al caso porque La Cambiadora de Páginas es una de las escasas películas que retratan el ambiente de la música clásica con pleno conocimiento de causa. Lo usual es que los guionistas que no son expertos en el tema se centren en los aspectos más sensacionalistas o repitan leyendas urbanas sobre algunos músicos famosos. Hay ejemplos famosos como Shine, que subrayaban la excentricidad de los músicos, o Amadeus, que dramatizaba la inexistente rivalidad entre Mozart y Salieri, denigrando de paso a este último. Aquí la diferencia es que el guionista y director de la película, Denis Dercourt, tiene una carrera alterna como violista y profesor de conservatorio. Dercourt ha dicho en entrevistas que su principal interés al hacer esta película era el aspecto de la venganza, pero su familiaridad con el medio de la música definitivamente le da un toque adicional a la historia, por otra parte sencilla y económica.

Si me detengo en estos aspectos es porque he leído varias reseñas y comentarios en foros donde se expresa cierta perplejidad ante lo que sucede en la pantalla. Algunos suponen que el prólogo donde Melanie hace su examen para entrar al conservatorio muestra a la niña como un prodigio y esto no es cierto. Para su edad tiene un buen nivel pero tampoco estamos ante la reencarnación de Liszt, Melanie aparece en esta escena como una de tantas jovencitas con cierta habilidad para el piano, habilidad que puede alcanzar un nivel profesional sólo tras un largo aprendizaje. La impulsiva acción de Melanie al fracasar en el examen indica que psicológicamente no está preparada para una disciplina tan pesada, por lo que su decisión previa de renunciar al piano si no lograba ser aceptada ya indicaba cierta impaciencia con el proceso indispensable para dominar el instrumento.

Otros piensan que el pánico escénico de Ariane, provocado tras ser atropellada por un automovilista que se dio a la fuga, no es para tanto. La realidad es que el pánico escénico es el principal obstáculo que enfrentan muchos pianistas. El temblor en las manos de Ariane cuando el trío debe interpretar a Shostakovich no es cosa de risa. Volviendo al símil del equilibrista, en todo recital hay un elemento de suspenso, el público sabe que hay grandes posibilidades de que el actor principal resbale y caiga al vacío. Hay tantas formas de equivocarse que completar una pieza sin un solo error es muy difícil, por eso la mayoría de los pianistas aprenden a disimular estas fallas aunque siempre existe el peligro de perder la concentración por completo. El miedo a que esto suceda es lo que paraliza a Ariane. Tampoco es trivial que Melanie anime a otro pianista a tocar más allá de su nivel. Es muy fácil excederse en la práctica del instrumento y sufrir lesiones que de no ser atendidas pueden volverse irreparables. Cualquiera que haya estudiado piano sabe que los maestros aconsejan suspender de inmediato el ejercicio en caso de sentir algún dolor en las manos o en los antebrazos. Una mala técnica puede provocar serias consecuencias.


Trailer en francés de La Cambiadora de Páginas
(incluye algunos detalles del final)

Incluso para los espectadores que ignoran este tipo de detalles (y espero que el rollo anterior les sirva para apreciarlos) La Cambiadora de Páginas tiene varios puntos a favor por la manera en que cuenta su historia y por el trabajo de sus dos actrices principales. El manejo del suspenso recuerda lo que hacía Hitchcock en sus películas, donde el espectador estaba en constante tensión porque sabía algo que los protagonistas ignoraban. En este caso los planes de venganza de Melanie, aunque Dercourt se reserva hasta el final la forma exacta en que la llevará a cabo. Hay una sensación de peligro que permea escenas tan elementales como la que muestra a Melanie caminando hacia la piscina o preparando la comida mientras conserva con Ariane. Es lo contrario del thriller hollywoodense donde todo debe ser explicado al final, de preferencia con una confrontación al borde de un precipicio donde el malo tiene el tiempo justo para arrepentirse antes de que el bueno lo empuje y lo convierta en capirotada.

Este uso de la información para generar suspenso se extiende a la presencia de los personajes y se concreta gracias al trabajo de las actrices. Para interpretar la faceta pública de Melanie la joven actriz Déborah François adopta el atuendo y la actitud de una solterona. Una falta de expresión que invita la compasión de sus patrones y una pobreza en el vestir que acentúan su origen humilde se conjugan como el arma ideal para que Ariane subestime a la joven. Pero Dercourt introduce un par de escenas, al parecer intrascendentes, que nos dejan ver a Melanie cuando está sola, con el pelo suelto, cubierta con una camiseta que realza su sensualidad y una revista de anime que da cuenta de sus intereses actuales. El director no siente la necesidad de subrayarlo pero es interesante destacar que a Melanie sólo la vemos sonreír cuando habla por teléfono con su madre para asegurarle que todo marcha bien (lo cual puede referirse a su plan) y en la tienda, cuando se encuentra con un amigo y muestra un carácter mucho más abierto que el exhibido en la casa de Ariane.

Catherine Frot tiene más oportunidades de mostrar una doble personalidad, como la concertista que fue famosa y que todavía es segura de sí misma pero que ya ha empezado a dudar de su capacidad. Una conversación con su amiga y colaboradora exhibe a Ariane como un personaje más vulnerable de lo que parece a simple vista. Mientras que Melanie siempre, o casi siempre, controla sus emociones, es obvio que Ariane trata de proyectar una confianza en sí misma de la que carece. Además, el argumento obliga a Ariane a tomar decisiones extrañas, confiando en la habilidad de la actriz para insinuar sus motivos, ya que los diálogos son parcos y se ajustan a situaciones reales. En manos de otro escritos, Ariane tendría un par de ocasiones para explicar sus sentimientos con respecto a Melanie.

Dercourt opta por sembrar pistas en algunas escenas (por ejemplo, la forma en que Melanie mira cómo el esposo de Ariane la toma de la mano) sin enunciar claramente lo que pasa por la mente de sus protagonistas. Esto le da a la cinta una frialdad que para muchos espectadores puede llegar a ser aburrida. No creo que sea necesario tocar un instrumento para interesarse por algunos niveles de la narración pero sí ayuda estar tener afición por la música clásica. Exige un grado de atención ajeno a la gratificación instantánea de los géneros populares, algo que puede decirse también de la película. Los espectadores que sean pacientes y presten atención a cada detalle, por pequeño que sea, seguramente la encontrarán fascinante. A los demás les recomiendo Adrenalina Total o Crank: Muerte Anunciada.