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La Lista Negra
LA LISTA NEGRA
(Zwartboek)
Dirección
:
Paul Verhoeven
Guión:
Paul Verhoeven, Gerard Soeteman
Producción:
Jeroen Beker, Teun Hilte, San Fu Maltha, Jens Meurer, Jos van der Linden, Frans van Gestel
Fotografía:
Karl Walter Lindenlaub
Música:
Anne Dudley
Edición:
James Herbert, Job ter Burg
Con:
Carice van Houten (Rachel Stein / Ellis De Vries), Sebastian Koch (Ludwig Müntze), Thom Hoffman (Hans Akkermans), Halina Reijn (Ronnie), Waldemar Kobus (Günther Franken), Derek de Lint (Gerben Kuipers), Christian Berkel (General Käutner), Dolf de Vries (Notario Smaal), Peter Blok (Van Gein)
Bélgica / Inglaterra / Alemania / Holanda, 2006, Clockwork Pictures / Dutch Motel Films / Fu Works / German Egoli Tossel Film / Hector / Motel Films / Motion Picture Invetment Group / Sony Pictures Classics / Studio Babelsberg / Tartan Films, 145 min.

Otras opiniones:


Arte y Ensayo

La Lista Negra

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
noviembre 4, 2007

Por sus características formales sería más correcto clasificar esta cinta como hollywoodense. El holandés Paul Verhoeven se formó como director en Europa pero es más conocido por las películas que hizo en Estados Unidos, títulos tan sonados como Robocop, Showgirls o Bajos Instintos, donde le imprimió un sello particular a películas de género. Ese estilo, que para algunos moralistas es sádico y misógino, le permitió conservar una personalidad propia a pesar de trabajar en una industria donde eso se considera un estorbo. Ahora regresa a su país natal para contar una historia sobre la ocupación Nazi y lo hace con la misma agilidad narrativa que caracterizaba su trabajo en Hollywood. El resultado es excelente.


Trailer de La Lista Negra

No falta quien identifica este tipo de narración con el imperialismo cultural yanqui, ignorando que el estilo distintivo de Hollywood fue creado en buena parte por cineastas europeos que emigraron a Norteamérica huyendo de las Guerras Mundiales. Por lo tanto no se puede acusar a Verhoeven de estar sometido a una forma de hacer cine ajena a lo europeo. La Lista Negra cumple al pie de la letra los preceptos del cine clásico con un guión donde cada personaje tiene un objetivo claro a lo largo de toda la película, aunque estos motivos con frecuencia no sean tan sencillos como parezcan, y a la vez tienen metas claras en cada escena. Esto que suena tan sencillo es la principal razón por la que el cine de Estados Unidos es tan atractivo para el público de todo el mundo mientras que el de los países subdesarrollados (por ejemplo, el que se hace en México) con frecuencia sea tan aburrido, con relatos que no llegan a ningún lado.

De esta forma los personajes de La Lista Negra, además del enfrentamiento básico (Nazis contra la resistencia holandesa), deben preocuparse por cumplir tareas que llevan de la mano al espectador durante dos horas y media, sin que la película se vuelva pesada en ningún momento. Ya sea algún cruel comandante torturando prisioneros para obtener información o la heroína utilizando su belleza y talento como cantante para infiltrar el bando enemigo, siempre hay algo que los personajes deben hacer en cada escena, dándole al relato un ritmo vertiginoso, similar al de cualquier cinta de aventuras, pero siempre manteniendo esa ambivalencia característica de la obra de Verhoeven. La historia es sumamente violenta, con balaceras constantes y escapatorias providenciales que no adquieren el tinte protofascista de Chuck Norris gracias al realismo con el que están realizadas. Es difícil entusiasmarse con el derramamiento de sangre cuando está retratado con tanta crudeza.

Verhoeven usa otra técnica muy utilizada en Hollywood para darle a La Lista Negra la ambigüedad deseada. Al contar la historia desde el punto de vista de Rachel, una cantante judía que colabora con la resistencia para vengar la muerte de su familia más que por convicciones políticas, Verhoeven evita someter a los diferentes personajes a un yugo ideológico que los convertiría en meros símbolos de la opresión capitalista, la colaboración reformista, la dictadura del proletariado y demás tonterías. Contra el optimismo rousseauniano, todavía vigente en el ideario de la izquierda, que presupone la bondad del hombre, Verhoeven siempre está dispuesto a ofrecer un discurso menos halagador, con personas que anteponen sus necesidades inmediatas a cualquier forma de idealismo. Sin hacer a un lado el trazo firme, que le asigna a cada personaje un lugar bien definido dentro de la trama, a medida que avanza La Lista Negra los héroes se convierten en villanos y viceversa. Rachel es una sobreviviente, ni más ni menos. En manos de otro director sería la representante de los judíos, o de las mujeres, o de los oprimidos, o vaya usted a saber.

Varios críticos se quejaron de que al incluir un prólogo que nos muestra que la heroína vivió para contarlo Verhoeven cancelaba el suspenso. Según ellos si sabemos de antemano que el protagonista no va a morir entonces es imposible involucrarse en la historia. Se puede demostrar fácilmente que este argumento es falso señalando los miles de relatos, no todos cinematográficos, donde el héroe invariablemente se salva. Hay que ser medio tonto para creer que James Bond, Indiana Jones, Batman o cualquier otro héroe realmente puede morir en alguna de sus aventuras. A fin de cuentas el chiste de este tipo de relatos consiste en saber cómo se salva el héroe, se da por descontado que va a llegar vivo al final. De todas formas, saber que Rachel no muere asesinada por los Nazis difícilmente puede echar a perder el suspenso, sobre todo cuando la música, la edición y las actuaciones acentúan el dramatismo de cada escena.


Escena de La Lista Negra:
Carice van Houten canta "Ich Bin Die Fesche Lola"

En ocasiones Verhoeven exagera en este tipo de detalles, como cuando Rachel reconoce al oficial Nazi que asesinó a su familia y la edición se vuelve melodramática, pero tampoco se puede negar que esto hace todavía más efectiva la narración. En todo caso Verhoeven reprime sus peores tendencias y utiliza el estilo hollywoodense para recalcar los aspectos morales que le interesan. Regresando al asunto del suspenso es digno de mencionar cómo en La Lista Negra se recurre a una técnica muy utilizada en Hollywood: ocultarle información vital al protagonista y por consiguiente al público. En este caso se trata de la presencia de un espía dentro de la resistencia, que los pone en desventaja frente a los Nazis y cuya identidad es revelada tras varios giros en la trama, ninguno tan arbitrario como los que acostumbra M. Night Shyamalan. Esto es algo que se puede ver en cintas tan comerciales como la serie Piratas del Caribe, sólo que aquí adquiere más peso porque estamos hablando una situación real. La Lista Negra nos recuerda que tomar las armas contra los opresores no es garantía de integridad. Siempre hay que sospechar de los revolucionarios o se corre el riesgo de servirles de escalón en su lucha por alcanzar el poder.

Sitio Oficial:
http://www.sonyclassics.com/blackbook/