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La Tierra de la Gran Promesa
LA TIERRA DE LA GRAN PROMESA
(Nuovomondo)
Dirección
:
Emanuele Crialese
Guión:
Emanuele Crialese
Producción:
Emanuele Crialese, Alexandre Mallet-Guy, Fabrizio Mosca
Fotografía:
Agnès Godard
Música:
Antonio Castrignano
Edición:
Maryline Monthieux
Con:
Charlotte Gainsbourg (Lucy), Vincenzo Amato (Salvatore), Aurora Quattrocchi (Donna Fortunata), Francesco Casisa (Angelo), Filippo Pucillo (Pietro), Federica de Cola (Rita), Isabella Ragonese (Rosa), Vincent Schiavelli (Don Luigi)
Francia / Italia, 2006, Arte France Cinema / Canal Plus / Memento Films Productions / MiBAC / Miramax Films / Rai Cinema / Respiro (Paris) / Titti Films / Wild Bunch, 118 min.

Otras opiniones:


Arte y Ensayo

La Tierra de la Gran Promesa

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
noviembre 12, 2007

Dos campesinos, descalzos y cada uno sosteniendo un guijarro con la boca, trepan una escarpada ladera. Al mismo tiempo dos mujeres acuden a una curandera para que ayude a la más joven, quien dice estar poseída. Son dos imágenes que muestran el atraso de Sicilia a principios del siglo pasado, un medio donde sus habitantes podían ser convencidos de emigrar a Estados Unidos con primitivos fotomontajes de granjeros cosechando verduras descomunales o posando frente a un árbol de monedas de oro. Estos personajes además están unidos por lazos familiares -la curandera es la madre y abuela respectivamente de los campesinos que hacen la manda-, mismos que serán amenazados por la travesía al nuevo continente.


Trailer de La Tierra de la Gran Promesa

La cuarta película de Emanuele Crialese adopta un discurso casi etnográfico para contar el viaje de la familia Mancuso. El relato sigue cada etapa. La primera es cambiar sus animales domésticos por ropa elegante, lo que ellos suponen será más adecuado para su nuevo hogar. El hecho de que su nuevo guardarropa incluya su primer par de zapatos da una idea de la distancia que los Mancuso tenían que recorrer para llegar a su destino. Era casi como pasar de la Edad Media a la modernidad, sin poder entender los requisitos para subir al barco, por no decir nada de los examenes médicos y de aptitud mental que les esperaban a su arribo en Ellis Island. Sin dinero, hablando su dialecto y un poco de italiano, con las uñas negras de mugre, estos aldeanos analfabetos cruzaron el océano armados sólo con su terquedad.

A Crialese le interesan más los detalles del trayecto que los tópicos del cine histórico promedio, donde predominan los romances contemporáneos con ropajes antiguos o los paralelismos obvios con alguna situación actual. En ese sentido La Tierra de la Gran Promesa es admirable por su discreción, por negarle al público los paisajes fastuosos de otras cintas de época y ofrecerle a cambio el punto de vista de unos campesinos demasiado confundidos por lo que les rodeaba como para detenerse a contemplar el panorama. De esta forma la tormenta que zarandea al barco se nos muestra solamente mediante el pánico de los emigrantes, que nunca habían experimentado algo semejante. Nada de olas que golpean la cubierta ni marineros corriendo de un lado a otro. La Estatua de la Libertad, los rascacielos de Nueva York, quedan ocultos por una espesa niebla cuando el navío por fin llega a puerto.

El enfoque sobrio de Crialese no le impide a la película tener un notable acabado formal. Gracias a la excelente fotógrafa Agnès Godard La Tierra de la Gran Promesa está repleta de imágenes memorables. Destacan, por supuesto, las ensoñaciones de los protanoginstas. Salvatore admirando a una familia de recién llegados al nuevo mundo cargando una zanahora gigante, o la abuela Fortunata despidiéndose de las ánimas de los muertos que se quedan atrás, recordando el estilo particular de los hermanos Taviano en La Notte di San Lorenzo. Por otro lado, en las escenas cotidianas Godard siempre encuentra la manera de darle un sentido estético al hacinamiento de estos campesinos, sea el mar de gente que se parte en dos, los que parten al nuevo continente y los que se quedan en Sicilia, o el desfile de inmigrantes por los pasillos de Ellis Island. Pese a lo pausado del relato siempre hay algo que vale la pena a nivel visual, en la escenografía o el vestuario, sin olvidar tampoco las canciones tradicionales de los sicilianos en la banda sonora.


Escena de La Tierra de la Gran Promesa:
el primer vistazo a Nueva York

En los últimos años el cine italiano ha caído en un marasmo panfletario, un aburrido realismo donde cuenta más la intención de identificarse con los oprimidos que el compromiso con el espectador común y corriente, que no tiene la culpa de lo que le pasa a los jodidos ni medios para componerlo. En su tercera parte, cuando los Mancuso llegan a Ellis Island y son sujetos a una humillante serie de pruebas para ellos incomprensibles, la película se aproxima al sermón. Por suerte Crialese se aguanta las ganas de decirnos que los prejucios de entonces se parecen demasiado a los de ahora -uno de los pretextos que ponen los gringos para cerrar su frontera con México es que los inmigrantes latinos transmiten enfermedades exóticas-, con lo que está en pantalla es suficiente para que el público inteligente entienda el mensaje sin necesidad de mayores explicaciones. Hasta cuando un personaje pregunta el por qué de tantas pruebas y los oficiales de inmigración le responden que el bajo coeficiente intelectual es una enfermedad contagiosa que quieren mantener fuera de Estados Unidos ella reacciona con un simple "How modern". Ayuda que dicho personaje sea Lucy, una inglesa interpretada por Charlotte Gainsbourg de cuyo pasado mucho se rumora y poco se sabe.

Al parecer la intención de Crialese era proporcionar mayores informes sobre Lucy mediante un personaje secundario, el señor Luigi interpretado por el norteamericano Vincent Schiavelli, como una especie de intermediario que transportaba jovencitas desde Sicilia para casarlas con inmigrantes ya establecidos. La muerte de Schiavelli interrumpió estos planes y nos dejó sin saber por qué Lucy necesitaba alejarse de Sicilia. Por desafortunada que haya sido la causa, me parece que esta circunstancia finalmente beneficia a la cinta. Realmente no es necesario aclarar el origen y los motivos de Lucy, es suficiente con el momento donde ella le confiesa a Salvatore por qué le está pidiendo un importante favor y la respuesta que él le da para que el personaje sea significativo. Al relato le va bien el misterio, la falta de aclaraciones que desconcierta a los inmigrantes sicilianos se combina con su ignorancia sobre lo que les espera en su nuevo país para desembocar en una especie de poesía naíf donde elegantes mujeres pueden compartir un río de leche con los recién llegados.

Sitio Oficial:
www.goldendoor-movie.com