Arte y Ensayo
Bienvenidas al Paraíso
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
noviembre 28, 2007
Mucho se habla del turismo sexual masculino en sitios como Tailandia o Cuba. La otra cara de la moneda, las señoras ya entradas en años que viajan al Caribe para refocilarse con los lugareños, no recibe tanta publicidad. Hay varias razones para ello. Una es que el placer femenino sigue siendo invisible, muy a pesar de los cambios culturales de las últimas décadas. Otra que es más difícil catalogar como víctimas a los muchachos que se ofrecen a cambio de dinero o regalos; si se tratara de jovencitas la indignación sería automática, casi pavloviana. Estos son temas que la película de Laurent Cantet toca sin profundizar demasiado.
Trailer en inglés de Bienvenidas al Paraíso
Al menos Bienvenidas al Paraíso representa una mejora frente a uno de los trabajos previos del director, la infumable Recursos Humanos. Ahí, con la excusa del naturalismo Cantet sometía al espectador a niveles catalépticos de tedio, contando la historia de una huelga en una pequeña fábrica francesa. Ahora se tiene la ventaja de que las acciones transcurren en lugares exóticos (Santo Domingo a falta de condiciones favorables para filmar en Haití), con playas y bailes caribeños que ayudan a sostener el relato cuando éste cae en un cierto esquematismo. Eso ya es bastante bueno, pero el arma secreta de Cantet en esta ocasión son las extraordinarias actrices que integran el elenco.
Incluso sin haber leído los cuentos de Dany Laferrière en los que se basa el guión es obvio que esta circunstancia llevó a los guionistas, el propio Cantet y el también editor Robin Campillo, a darle al argumento un enfoque más o menos coral, con cada personaje tomando la palabra en escenas donde se rompe la cuarta pared, con Charlotte Rampling o Karen Young dirigiéndose a la cámara para confesar los motivos que tienen para vacacionar en Haití. Sospecho que esto es un intento por trasladar el monólogo interior de los cuentos a la pantalla, a la vez que se le da a Bienvenidas al Paraíso una intermitente apariencia documental. La táctica no es del todo exitosa porque, paradójicamente, los actores tienen tal presencia que ponerlos a enunciar sus pensamientos resulta superfluo.
Es más elocuente la mirada de Lys Ambrose cuando una mujer en el aeropuerto le ofrece a su hija de quince años que el discurso que le hacen decir más tarde, a propósito de los extranjeros y su efecto en la gente de Haití. De igual forma, es fácil sospechar que detrás de la arrogancia de Charlotte Rampling o la fragilidad de Karen Young se oculta algo más complejo, gracias al trabajo de estas actrices, que dicen más con la postura o el tono de voz que con el texto de sus monólogos. El mejor ejemplo de esto es Legba, el hombre deseado por ambas turistas, quien en la interpretación de Ménothy Cesar se convierte en el personaje más completo de la cinta, a pesar de que en ningún momento la historia se detiene para que él nos explique lo que siente. Esta sutileza se extiende al trasfondo político, donde basta con una breve escena para demostrar el terror que inspiraban los Tonton Macoute, y el efecto que esto tenía en la población durante la dictadura de los Duvalier.
Trailer español de Bienvenidas al Paraíso
En realidad la principal virtud de Bienvenidas al Paraíso es que nunca cede a la tentación de sermonear al público o de ofrecer soluciones fáciles para situaciones que tienen demasiadas aristas para pensar siquiera en remediarlas con un largometraje. Queda al juicio del espectador si las mujeres que practican el turismo sexual en el Caribe están perpetuando la explotación del tercer mundo o si se trata de algo moralmente más ambiguo, de un intercambio mutuamente beneficioso donde intervienen también la pobreza y la insatisfacción de las mujeres de cierta edad en la sociedad occidental, una vez que la maternidad ha quedado atrás. Una escena clave en Bienvenidas al Paraíso es cuando Ellen, Brenda y Sue discuten por qué les gustan los negros de Haití y no los de sus ciudades de origen. Hablan de la playa, la naturaleza, el creole. Ninguna menciona lo que uno sospecha es la verdadera causa para que se sientan con mayor libertad para perseguir a los haitianos: que no es lo mismo pasear con negros en el Caribe, protegidas por el estatus de turista, que como ama de casa en Savannah o en Montreal, donde se exponen a las críticas de sus familiares y conocidos.
