Arte y Ensayo
Venus
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
diciembre 16, 2007
Para no variar se estrena en México con un año de retraso la película que le valió a Peter O'Toole una nominación al Oscar como mejor actor. El mentado premio carece de valor, por supuesto, y en todo caso el trabajo de Forest Whitaker en El Último Rey de Escocia también merecía ser galardonado. No obstante, ahora que las distribuidoras por fin nos dejaron verlo en Venus queda la sensación de que Peter O'Toole era el candidato ideal para recibir una de esas estatuillas, no por inútiles menos codiciadas. Habría sido la culminación ideal para una trayectoria llena de títulos clásicos, desde Lawrence de Arabia hasta Ratatouille.
Trailer de Venus
Venus es una película echa a la medida para este actor. El irlandés domina la cinta desde la primera escena, donde transmite la vitalidad de su anciano personaje únicamente con la mirada, sin necesidad de decir palabra. Gracias al excelente guión de Hanif Kureishi, O'Toole tiene la oportunidad de burlarse de todos los viejecitos apacibles que en el cine han sido, por lo general usados para entonar sermones más que para comunicar las dificultades de llegar a una edad donde el cuerpo se niega a obedecer y uno revisa los obituarios cada mañana para cerciorarse de que las amistades estarán disponibles para la tertulia de esa misma noche. La reputación de O'Toole como bebedor y mujeriego reviste al personaje de una picardía que otros actores septuagenarios tal vez no podrían alcanzar.
De ahí la manera descarada en que Maurice, el personaje de O'Toole en Venus, examina a la sobrina-nieta veinteañera de su amigo Ian, como si fuera un gato examinando un tazón de leche. La chica en cuestión, Jessie (Jodie Whittaker con impenetrable acento cockney), es de una vulgaridad repulsiva para el refinado Ian, quien esperaba una delicada jovencita que le sirviera de enfermera. El hecho de que la chica sea floja, respondona y tome alcohol como si fuera agua, teniendo el modelaje como meta improbable, ofende a Ian pero atrae a Maurice. Como él mismo lo explica, su interés por Jessie es más bien teórico, pues la próstata ya no lo deja poner en práctica lo que aprendió a lo largo de su vida. Aunque Maurice jamás oculta sus intenciones de viejo verde la relación que termina estableciendo con Jessie es de resignada amistad.
Esta resignación es la clave para entender el tono de Venus, que evita a toda costa las "lecciones de vida" tan del gusto de los productores hollywoodenses y al mismo tiempo se niega a explorar las oscuras pulsiones que podrían llevar a un hombre de edad provecta a querer contemplar desnuda a una mujer que podría ser su nieta. Esta última es una queja frecuente de varios críticos, en especial los que prefieren el cine que revela el peor aspecto del ser humano y quienes por estas fechas llenan sus recuentos anuales con dramas truculentos, como si la comedia fuera un género menor. Me parece que el tono agridulce de Venus no es un accidente. Creo que es una decisión tomada por el guionista, el director y el actor protagónico para afirmar que un anciano puede retener una fracción de juventud mientras no permita que su libido se extinga, situación que no tiene por qué ser trágica.
Peter O'Toole y Jodie Whittaker en Venus
El director se permite un par de chistes visuales que disipan cualquier exceso de seriedad. El primero es cuando Maurice se tropieza regresando de una borrachera y parece que está a punto de entregar el equipo, el otro es un guiño al cine dentro del cine, natural en una cinta donde Peter O'Toole interpreta a un actor legendario en las últimas, e involucra a la cámara que capta un trabajo casi póstumo de Maurice. Asimismo, el guión de Hanif Kureishi está repleto de sarcasmos en la mejor tradición británica y de majaderías tan inesperadas como divertidas, como cuando Maurice explica sus condiciones para aceptar un papel: "I will need a big car -- an enormous fucker" ("Necesitaré un auto grande - una chingaderota enorme"), diálogos que O'Toole enuncia con toda la autoridad de su formación shakespeareana y con un deleite infantil en el mejor sentido del término.
Completa el cuadro una banda sonora que tiende puentes generacionales. En una primera instancia se establece la música clásica, en particular las Danzas Eslavas de Dvorak, como feudo de Maurice y sus contemporáneos, en especial cuando lleva a Jessie a su casa tras visitar el teatro y un bar. Esto contrasta con las melodías modernas que se asocian con Jessie, cuando conduce a Maurice a un bar o a una boutique. A medida que avanza la cinta el uso de la música se vuelve indistinto. Los Avant-Dernières Pensées de Satie pueden escucharse mientras los protagonistas caminan junto al Támesis, la voz de Corinne Bailey Rae acompaña a Maurice mientras éste espera a su joven amiga. El conjunto de música, actuaciones, libreto y dirección es un bálsamo tras la vulgaridad de cosas como Escándalo, bodrio estridente y ridículo que algunos confundieron con buen cine. Para los demás, los que preferimos las películas hechas con inteligencia a aquellas que sólo lo aparentan, Venus es la elección indicada, tal vez la última oportunidad de presenciar a Peter O'Toole en plenitud.
