Arte y Ensayo
Goya y la Inquisición
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
enero 28, 2008
El 2008 apenas comienza y ya tengo una película que seguramente va a entrar en mi lista de lo peor del año. Cuando una producción es tan desastrosa lo único que puede redimirla es el humor involuntario. Si bien Goya y la Inquisición cuenta con varios momentos supuestamente conmovedores que provocan la carcajada del respetable, la mayor parte de su metraje está dedicado a una trama rocambolesca, diálogos ridículos, una reconstrucción de época que no le pide nada a los programas cómicos de Televisa y un desprecio por la inteligencia del espectador que campea en cada fotograma. El autor de semejante bodrio no podía ser otro que Milos Forman, uno de los cineastas más sobrevalorados de la actualidad.

Natalie Portman y Javier Bardem en Goya y la Inquisición
Forman ganó prestigio entre los villamelones con su infumable Amadeus, dizque biografía de Mozart repleta de maniqueísmo, falsedad y estupidez. Más adelante, con Larry Flynt: El nombre del escándalo, logró lo que parecía imposible: hacer aburrida la vida de un magnate de la pornografía, lo que no obstante le dio una reputación como experto en filmar temas relativos a la libertad de expresión. Dotado de un estilo chato y de una gran facilidad para la simplificación, Forman ahora hace de las suyas con el pintor Francisco de Goya. metiéndolo con calzador en un argumento idiota, lleno de inexactitudes sobre los métodos de la Inquisición española y además plagado de las exageraciones propias del melodrama más desvergonzado. Si las telenovelas no les bastan para ver mozuelas que se embarazan al primer acostón, paternidades inconfesables o escapes milagrosos, entre otras ridiculeces, entonces pueden asistir con toda confianza a las funciones de Goya y la Inquisición para disfrutar de esos trucos baratos tan socorridos por los escritores mediocres, en este caso el mismo Milos Forman y Jean-Claude Carrière, otrora colaborador de Luis Buñuel.
Esta es una coproducción española y por lo tanto al momento de filmarse ya tenía un título en castellano, Los Fantasmas de Goya, mismo que fue cambiado para su estreno en México, supongo que para lucrar con el morbo de mis paisanos. Gracias a nuestro sistema educativo lo que los mexicanos saben de la Inquisición son las mismas mentiras de la Leyenda Negra que se vienen repitiendo desde hace siglos, en especial en los países anglosajones que deseaban apropiarse del enorme territorio del imperio español, a saber: que sus métodos de tortura eran los más salvajes de toda Europa, que todos los presos eran sometidos sin excepción a los peores suplicios, que el número de personas quemadas vivas en la hoguera por órdenes del Santo Oficio asciende a millones, etc. Hace décadas que los historiadores desmintieron esas tonterías y sin embargo la gente las sigue creyendo, en parte debido a películas como ésta, que buscan ganar dinero explotando la ignorancia del público.
Es innegable que en sus interrogatorios la Inquisición empleaba métodos que ahora se consideran bárbaros, aunque uno de ellos es usado en nuestros días nada menos que por los paladines de la libertad en su lucha contra el terrorismo. Así es, a los norteamericanos les ha dado últimamente por justificar lo que ellos llaman waterboarding, método que los inquisidores llamaban toca o tormento del agua, con la diferencia de que estos últimos tenían la obligación de registrar cuidadosamente su uso y los interrogatorios estaban reglamentados, mientras que los gringos mantienen a sus prisioneros en cárceles secretas y más tarde borran cualquier evidencia de lo que ahí sucede. La verdad es que la Inqusición era benévola en comparación a lo que hacían los tribunales del resto de Europa, donde sí se usaban métodos de tortura realmente perversos (introducir plomo fundido en los oídos de los presos, por ejemplo), además de que para el siglo XVIII esta práctica ya había desaparecido en España. Goya y la Inquisición prefiere las falsedades de la Leyenda Negra y por eso el argumento parte del caso de Inés (Natalie Portman), una adolescente que es acusada de judaizante, lo cual es absurdo pues el judaísmo era inexistente en España desde 1740 (la película transcurre unos cincuenta años más tarde), y que de inmediato es torturada para que confiese, cuando en realidad el tormento sólo se aplicaba como último recurso, primero era necesario contar con otras pruebas y que el acusado entrase en contradicciones.

Stellan Skarsgard en Goya y la Inquisición
Además de inexactas, las escenas de tortura son innecesarias desde el punto de vista dramático. Sería suficiente con que Inés fuera encerrada durante su proceso para que Lorenzo (Javier Bardem) pudiera visitarla en el calabozo, aunque eso tal vez no bastaría para satisfacer el morbo del público, que en cambio tiene la oportunidad de emocionarse con el supuesto sadismo de los inquisidores y de paso puede ver encueradita a Natalie Portman, si bien fugazmente y sólo de perfil (aunque tampoco haya mucho que verle). Omitir el suplicio tendría la ventaja adicional de evitarnos la disparatada confrontación entre Lorenzo y Don Tomás Bilbatúa, padre de Inés y probable enfermo mental, pues sólo a un demente se le ocurriría un plan como ése para conseguir la liberación de su hija.
A estas alturas el espectador despierto debe estar pensando que se equivocó de sala, por eso de inmediato los franceses invaden España para que Goya se inspire y pueda dibujar una de sus obras más celebres, Los Desastres de la Guerra, secuencia que por desgracia está filmada con el mismo estilo que usaba Monty Python en sus sketches. Un ejemplo de esto lo tenemos cuando Inés sale de la cárcel, algo que debería ser dramático y gracias a la torpeza de Milos Forman es de risa loca. Lo mismo se puede decir del momento inolvidable cuando una carreta cargada de prostitutas queda a merced de un regimiento, imagen que el director supuso heroica y que apenas llega a chiste accidental. Ante un espectáculo tan fulastre, la pregunta obligada es: ¿qué diablos tiene que ver Francisco de Goya con estas babosadas? La respuesta es: nada en absoluto. De hecho, la película sería mejor si tuviera como personaje central a Lorenzo y dejara a Goya descansando en paz. Y sería muchísmo mejor si nunca se hubiera filmado.
Trailer de Goya y la Inquisición:
Sitio Oficial:
www.goyasghoststhefilm.com
