Arte y Ensayo
El Hombre de su Vida
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
marzo 10, 2008
Este aburrido drama francés cumple con dos de las características principales del cine de arte. La primera, que puede ser buena o mala de acuerdo a la calidad del guión y al talento del director, es que rechaza las fórmulas del cine comercial, particularmente el hollywoodense, en busca de algo más espontáneo. La segunda, menos agradable independientemente del tema o el responsable de la obra, es que plantea una situación más o menos interesante en unos cuantos minutos y luego se pasa dos horas repitiendo lo mismo. En El Hombre de su Vida se conjuga la libre asociación de ideas con el sopor de un argumento que se tarda una eternidad en desarrollar su premisa.

Léa Drucker y Bernard Campan en El Hombre de su Vida
Hay una infinidad de películas francesas sobre los mitos y fantasías de la bourgeoisie, tantas que para destacar entre ellas las guionistas Zabou Breitman y Agnès de Sacy estaban obligadas a encontrar un filón sin explotar. Se les ocurrió la idea de un hombre en apariencia felizmente casado que empieza a enamorarse de su vecino gay, lo cual podría ser atrayente si la aprovecharan para decir unas cuantas verdades sobre la forma en que los hombres entienden el amor. Claro que para eso tendrían que dibujar un par de protagonistas masculinos convincentes, algo que El Hombre de su Vida nunca logra. Frédéric (Bernard Campan) es el típico esposo de clase media conforme con su trabajo y su familia, poco imaginativo y un tanto cursi. Hugo (Charles Berling) es el típico gay hedonista que se burla de las buenas costumbres, provocativo y traumado por la difícil relación con su padre.
Aunque comparten una interminable conversación en la terraza de Frédéric, donde hablan de su pasado y de su concepto de la vida, ninguno de los dos adquiere más solidez de la que pueden darle un par de actores poco carismáticos. El guión los pone a repetir clichés sin caer en cuenta de que este tipo de pláticas ya se han llevado al cine, sobre todo al francés, en demasiadas ocasiones y con resultados casi siempre magros. El Hombre de su Vida continua con esta triste tradición. Lo que dicen Frédéric y Hugo no era inteligente ni significativo la primera vez que fue proyectado en una pantalla y tampoco lo es ahora. No obstante, Zabpu Breitman y Agnès de Sacy están tan convencidas de la profundidad de sus diálogos que a lo largo de la película regresan una y otra vez a esa conversación. Este rosario de flashbacks es la clave para que la cinta sea tan aburrida. Es una película de elisiones donde lo que se enuncia es tan evanescente que los momentos dramáticos, a cargo de Léa Drucker, parecen salidos de la nada.

Charles Berling y Bernard Campan en El Hombre de su Vida
Desde que vemos la idílica vida familiar de Frédéric es obvio que Hugo va a llegar a romper esa armonía. De otra forma no habría razón alguna para las escenas iniciales. Y como también es evidente que El Hombre de su Vida va a tratar sobre una atracción inconfesada entre dos amigos tampoco hay un impulso narrativo suficiente para las casi dos horas de proyección. Todo queda en miradas furtivas, gestos imperceptibles y una tensión sexual que se puede cortar con una baguette. Con media hora menos no habría problema, la película podría ser aceptable aunque poco propositiva. Lo malo es que la necedad de alargar la historia lo más posible obliga a las guionistas a rellenar la trama con personajes secundarios del todo intrascendentes, como el panzón de lentes ansioso de manosear a una au pair tetona o el adolescente que se la pasa mirando por un microscopio, tal vez en busca de la supuesta profundidad del guión.
El guión es tan monótono que los arrebatos líricos de la directora son gratuitos, como la discusión telefónica que Hugo mantiene con su madre mientras la cámara recorre las sombras que forman palabras en la pared, o en todo caso explicativos, como la misteriosa corriente de aire que atraviesa la apacible residencia de Frédéric y que anuncia las pasiones subterráneas que ahí se esconden (¡cáspita!). La gracia frustrada de la joven pareja que se congela para que Frédéric y Hugo discutan sobre el amor o la literalidad too cute de la cámara que se desenfoca a la par que el microscopio ya mencionado, por no decir nada de los encuadres estáticos que relegan al hors-champ el entorno familiar del dubitativo maridín, son recursos que llaman la atención sobre sí mismos a falta de un argumento más sustantivo.
Trailer de El Hombre de su Vida:
Sitio Oficial:
www.festivefilms.com/themanofmylife
