Arte y Ensayo
Conversando con la Otra
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
abril 5, 2008
La mayoría de las películas "de arte" tienen un lenguaje visual tan rutinario como el de la más ñoña comedia romántica made in Hollywood. En términos de montaje, emplazamientos de cámara, uso de color, diseño de audio, etc. el cine de acción (Crank, Déjà Vu) ha sido más propositivo que las obras que arrasan en los festivales, donde con frecuencia se antepone la ideología a la búsqueda formal. Por eso llama la atención que Conversando con la Otra esté filmada por entero en pantalla dividida (split screen).

Helena Bonham Carter / Aaron Eckhart en Conversando con la Otra
Conversando con la Otra narra la conversación que un hombre (Aaron Eckhart) y una mujer (Helena Bonham Carter) entablan en una boda. En un principio el espectador supone que se trata de un trivial intento de ligue por parte de él, aunque a los pocos minutos descubrimos que hubo una época en que ellos se conocían bastante bien pero dejaron de verse durante diez años. La boda les da la oportunidad de ponerse al día y tal vez enmendar los errores que los separaron. Es una premisa simple que adquiere un nivel de significado adicional gracias al recurso de la pantalla dividida.
De acuerdo al sitio oficial el director Hans Canosa, quien también se encargó de editar la cinta, eligió este método porque "aunque las dos secciones mantienen a los personajes aparte, el hecho de verlas simultáneamente sugiere que constantemente tratan de encontrarse, de convertirse en una sola, de la misma forma como lo hacen los protagonistas." Por momentos las dos mitades se aproximan, de manera que sólo un ligero desfase indica la renuencia de la pareja protagónica a regresar al pasado. En la escena del elevador, cuando por un momento creemos ver un mismo plano y la reunión parece a punto de lograrse, un tercer personaje entra en la escena y la imagen se vuelve a romper. Si eso fuera todo la película no tendría mucho interés, por lo que Canosa añade otros trucos aprovechando esta dualidad.
Uno es integrar los flashbacks y flash forwards a un lado de los protagonistas. Mientras ellos discuten la otra mitad de la pantalla comenta, corrige, añade. Aparecen versiones juveniles, tal vez idealizadas, de esa primera etapa. A veces se adelantan a la conversación, explicando detalles que él o ella van a mencionar minutos más tarde. En otras ocasiones se establece un paralelo con el presente, como cuando él se acerca a ella en la boda con las mismas palabras que usó años antes. Esto permite incluir bastante información en una película muy corta (una hora y veinte, sin contar los créditos finales) pero también deja espacio para ironizar. Cuando él dice que su actual pareja es bailarina la otra mitad de la pantalla nos muestra lo que ella se imagina sin recurrir a los típicos diálogos explicativos.

Aaron Eckhart / Erik Eidem en Conversando con la Otra
Conversando con la Otra elimina la distancia entre el dentro y fuera de campo. Mientras ella coquetea en la boda, la película nos recuerda que su esposo en ese momento le llama desde Londres para saber cómo está, aunque el mensaje no sea recibido sino horas más tarde. También hay escenas donde los personajes repiten una misma frase, como en esos momentos cuando uno se arrepiente de haber dicho algo y trata de corregirlo al instante. Nada de lo anterior es confuso porque Canosa es muy respetuoso de las reglas clásicas de la edición. Por ejemplo, hay secuencias donde cada actor tiene su propio encuadre pero Canosa los combina en un over the shoulder tradicional, evitando brincos de eje. También usa a los invitados de la boda que se atraviesan frente a la cámara a manera de disolvencia y así rompe discretamente la regla de los 45 grados, teniendo además la otra mitad de la pantalla como protección.
El esmero del director sería inútil si el guión y los actores no estuvieran a la altura. Por suerte el libreto de Gabrielle Zevin es lo bastante sólido para que Conversando con la Otra no dependa por completo de la pantalla dividida. Otro guionista caería en la tentación de poner a los protagonistas a platicarse cosas que ya saben sólo con tal de que el espectador no se pierda. Zevin se resiste a darle gusto al público y pone en boca de los actores sólo aquellas palabras que estas dos personas dirían en una situación semejante. El motivo que tuvo ella para dejarlo y largarse a Londres nunca se explica cabalmente y cada quien es libre de sacar sus propias conclusiones. Lo que sí queda muy claro es la disparidad de afectos. Ella se ha adaptado bastante bien a su nueva vida en Londres, lo que pase esa noche será sólo una anécdota. Los flashbacks, los diálogos y la actuación de Aaron Eckhart indican que él siempre ha estado enamorado de ella, no ha podido superar el fin de la relación y ahora tiene una última oportunidad de reconquistarla. Su desesperación le da un fundamento emocional a lo que pudo ser una simple exhibición de técnica cinematográfica.
Conversando con la Otra presenta una curiosidad adicional. La banda sonora incluye tres canciones de Carla Bruni, la ahora primera dama francesa. Si quieren saber qué tal es la esposa de Sarkozy para la cantada lo pueden averiguar en esta cinta.
Trailer de Conversando con la Otra:
