Arte y Ensayo
4 Meses, 3 Semanas y 2 Días
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
abril 19, 2008
El título se refiere al tiempo de gestación del niño que Gabriela (Laura Vasiliu) quiere abortar, un acto castigado severamente en la Rumania comunista donde transcurre la historia. También describe la duración de la película. La inexplicable ganadora de la Palma de Oro en el festival de Cannes del año pasado se estrena ahora en México para alivio de los insomnes. Es la típica película "de arte" que plantea una situación más o menos interesante y luego se pasa dos horas repitiendo lo mismo.

Anamaria Marinca en 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días
Con el pretexto del realismo el director y guionista Cristian Mungiu construye su película a base de tomas largas, de varios minutos, para que la cámara acompañe a las protagonistas por los pasillos y habitaciones de la grisura comunista. No hay música de fondo y los diálogos son el tipo de conversación que se puede escuchar en el metro, con ocasionales discusiones donde las voces suben de tono. Como la etapa del dictador Ceaucescu terminó hace varios años, el diseño de producción consistió en quitar los adornos de las paredes para dejarlas pelonas. La secuencia más emocionante es cuando Otilia (Anamaria Marinca) se sube al camión sin boleto y tiene que pedirle uno a un desconocido antes de que las inspectoras la echen. La edición es mínima, las actuaciones sobrias, el aburrimiento inevitable.
David Bordwell es uno de los teóricos cinematográficos más respetados del mundo, alguien que en repetidas ocasiones ha llamado a los estudiosos a soslayar la interpretación a modo (como la que practica el farsante Slavoj Zizek) para enfocarse en un análisis riguroso de los elementos formales de las películas (edición, fotografía, banda sonora). En sus libros Bordwell nos enseña cómo examinar los movimientos de los actores y los ángulos de cámara, fotograma por fotograma, hasta comprender la estrategia de cada director. Sin embargo, en el caso de cintas como 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días, No Quiero Dormir Solo o Japón Bordwell se limita a decir que son valiosas porque "nos dan tiempo de ver". ¿No será que se trata de un cine tan vacío, hueco y banal que ni el mejor teórico del mundo puede encontrarle virtudes?

Laura Vasiliu en 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días
Perdón, pero eso de que hay que soplarse un monumento al tedio como 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días porque "da tiempo de pensar" me parece un argumento indigno de un tipo tan brillante como Bordwell. Más bien confirma mis sospechas de que este tipo de películas son indefendibles, que los premios que reciben en los festivales internacionales se deben a la necesidad imaginaria de demostrar que el cine también es un arte, aunque eso ya nadie lo ponga en duda, inventándole méritos a un cero(te) a la izquierda como éste, sólo para marcar distancias con Hollywood. Por supuesto que en las funciones de 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días el espectador tiene tiempo de meditar sobre la libertad y la predestinación, la vida y la muerte, el sendero óctuple del budismo, la filosofía de Wittgenstein, o lo que sea. Cuando no hay nada en la pantalla uno se tiene que entretener con algo.
A los pocos minutos de iniciada la proyección ya quedó claro que Cristian Mungiu no tiene nada qué decir sobre el comunismo, ni sobre el aborto. Sólo hay unos cuantos apuntes interesantes sobre la lealtad llevada al límite: Gabriela es la del problema pero su irresponsabilidad obliga a su mejor amiga Otilia a hacerse cargo de todo, desde conseguir el dinero faltante hasta conducir al médico clandestino al cuarto de hotel donde se hará el trabajo. Gabriela no supo obedecer las instrucciones que se le habían dado y esto conduce a la única secuencia llamativa de la película, donde el doctor, quien se hace llamar Bebe, impone un nuevo contrato. Este altercado depende de las actuaciones y por eso el chato estilo de Mungiu se vuelve invisible. Cuando Bebe agarra sus cosas y se marcha la cinta regresa a su cauce normal, el de los ronquidos.
Trailer de 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días:
