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poster Belleza Invaluable
BELLEZA INVALUABLE
(Cashback)
Dirección
:
Sean Ellis
Guión:
Sean Ellis
Producción:
Sean Ellis, Lene Bausager
Fotografía:
Angus Hudson
Edición:
Carlos Domeque, Scott Thomas
Con:
Sean Biggerstaff (Ben), Emilia Fox (Sharon), Shaun Evans (Sean), Michelle Ryan (Suzy), Stuart Goodwin (Jenkins), Michael Dixon (Barry), Michael Lambourne (Matt)
Inglaterra, 2006, Left Turn Films, 106 min.

Sitio Oficial

Otras opiniones:


Arte y Ensayo

Belleza Invaluable

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
abril 23, 2008

Coctel "Realismo Mágico British". Ingredientes: 6/10 de ensoñación a lo Jean-Pierre Jeunet, 3/10 de humor inglés a años luz de Edgar Wright, 1/10 de malestar postmoderno estilo Terry Zwigoff, un chorrito de voyeurismo a lo Tinto Brass. Exprima la ensoñación hasta dejarla libre de fantasía. Diluya con gracejadas rancias de telecomedia costumbrista. Espolvoree con ínfulas de expresión artística. Acomódelo en un jarrito talla 34-C. Añada melcocha al gusto. Sírvase tibio en un vaso de plástico.

Sean Biggerstaff en Belleza Invaluable
Sean Biggerstaff en Belleza Invaluable

En un principio esto era un cortometraje con el que el fotógrafo de modas Sean Ellis se ganó una nominación al Oscar. En él Ellis contaba la historia de Ben, un estudiante de arte que tras ser cortado por su novia perdía la capacidad de dormir, como Edward Norton en Fight Club pero sin Brad Pitt. Para entretenerse se conseguía una chamba nocturna en un supermercado. Una vez ahí usaba su poder mutante de congelar el tiempo para encuerar a las clientas y dibujar su retrato. La cursilería puede ser aceptable en dosis homeopáticas pero muy pocos son los directores que pueden construir un largometraje a base de imágenes relamidas y poesía arjonesca. Es muy fácil caer en la mamonería de un Eliso Subiela y esto es justamente lo que le pasa a Sean Ellis.

Para extender el cortito, de unos veinte minutos, Ellis le dio a su protagonista un segundo poder mágico: el de recitar de memoria las obras completas de Paulo Coelho. No pasa un minuto sin que el actor Sean Biggerstaff (su nombre real, aunque parezca nom de porn) ponga cara de cólico y diga cosas como "el mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños" o tal vez "cuando amamos no tenemos ninguna necesidad de comprender lo que sucede, porque todo pasa a suceder dentro de nosotros". Para terminar de inducir el coma diabético Ellis remata el churro con un predecible romance entre el héroe y la cajera güerita Sharon, con todo y beso encantado para dormir al bello insomne.

Ellis echa mano de una vistosa puesta en escena para dorarle la píldora al espectador. El protagonista recuerda episodios de su infancia que explican su actual indolencia y esto el director lo resuelve con travellings sin cortes que nos transportan desde el supermercado hasta el humilde hogar donde Ben creció, rodeado de voluptuosas estudiantes suecas que gustaban de pasearse desnudas frente a sus ojos ("Dear Penthouse Forum..."), mientras su mejor amigo se gastaba los domingos en una vecinita precoz que se subía la falda a cambio de monedas. Además hay cámara lenta, freeze frames y una banda sonora donde conviven Ravel, Bellini, Röyksopp y Bryan Adams. Lo que no hay es imaginación, desparpajo o agudeza.

Emilia Fox en Belleza Invaluable
Emilia Fox en Belleza Invaluable

A Ben lo acompañan unos cuantos inadaptados que debían encargarse de la parte cómica. A saber: un gerente déspota y pelón que le arrima el mueble a Sharon, un par de cachondos relajientos que son a Simon Pegg y Nick Frost lo que Viruta y Capulina al Gordo y el Flaco, un estudiante de artes marciales que no pronuncia palabra, etc. Ninguno es remotamente gracioso, sus travesuras son tan bobas como las de Dane Cook en El Empleado del Mes y esto obliga a Sean Ellis a rellenar la trama con un inútil partido de futbol que parece sketch de Jorge Ortiz de Pinedo (marcador final: 26-0). El colmo es cuando Ellis recicla el chiste visual del tipo que se excita tanto viendo fotos puercas en el baño que acaba salpicando las paredes con sugestiva crema para manos.

Sean Ellis le imprime a la cinta un ritmo semilento, desarrollando cada escena con una parsimonia que se quiere introspectiva. Lo que debería ser sutil y delicado se apelmaza, la espontaneidad se revela como gesto mil veces ensayado, el artificio ahoga los esporádicos chispazos de fantasía. Del desencanto que Terry Zwigoff supo plasmar en Ghost World y Art School Confidential aquí sólo queda un puchero de niño regañado. Tal vez lo más sincero de Cashback sea su engolosinamiento con las redondeces de Keeley Hazell y Hayley Marie Coppin. Aunque Ben les quite la ropa diciendo que su único motivo es "apreciar la belleza oculta" está claro que esto es sólo un pretexto para que la cámara capture la espectacular anatomía de estas mujeres.

Trailer de Belleza Invaluable: