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poster Tropa de Elite
TROPA DE ELITE
Dirección
:
José Padilha
Guión:
José Padilha, Rodrigo Pimentel, Braulio Mantovani
Producción:
José Padilha, Marcos Prado
Fotografía:
Lula Carvalho
Música:
Pedro Bromfman
Edición:
Daniel Rezende
Con:
Wagner Moura (Capitán Nascimento), Caio Junqueira (Neto), André Ramiro (André Matias), Maria Ribeiro (Rosane), Fernanda Machado (Maria), Fernanda de Freitas (Roberta), Paulo Vilela (Edu), Milhem Cortaz (Fabio), Fábio Lago (Baiano)
Brasil - EE.UU. - Argentina, 2008, Feijao Filmes/ Posto 9/ Universal Pictures Brazil/ Zazen Producoes / Constantini Films / The Weinstein Company, 114 min.

Sitio Oficial

Otras opiniones:


Arte y Ensayo

Tropa de Elite

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
mayo 31, 2008

Cuando José Padilha ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín con su primer largometraje de ficción (antes había hecho el documental Ônibus 174) varios periodistas extranjeros que cubrían el evento montaron en cólera y se preguntaron cómo era posible que un jurado presidido por Costa-Gavras, director conocido por sus ideas progresistas, premiara un trabajo que según ellos era una apología del fascismo. Es cierto que Tropa de Elite es una película muy violenta y que no corresponde a los esquemas clásicos de la izquierda pero esos críticos enfurecidos se cuidaron de mencionar un pequeño detalle: la cinta se exhibió en Berlín en portugués con subtítulos en alemán, idiomas que ellos no dominan.

Trailer de Tropa de Elite:

Viendo la película debidamente traducida la polémica se desvanece. Incluso es difícil interpretar la cinta de Padilha como un elogio de la brutalidad policiaca basándose solamente en las imágenes por lo que me pregunto si la indignación de esos reporteros no se debe a los prejuicios de la crítica que presume de progresista (casi toda). Es tan frecuente encontrarse con películas que son apenas un pretexto para que el director exponga sus ideas políticas que cualquier asomo de ambigüedad, sobre todo en lo relacionado a las libertades individuales, se transforma en un catalizador de paranoias. Habiendo tantos espectadores que entienden el cine como una extensión de la militancia es lógico que una película como Tropa de Elite, donde se esboza una situación compleja, en apariencia sin salida, y donde se omiten las moralejas, despierte tanta ira.

De entrada hay que desconfiar de cualquier cronista que afirme que el Capitán Nascimento (Wagner Moura), el narrador de la historia, representa el punto de vista de los cineastas. La voz en off de Nascimento es la que lleva el relato, ubicando la balacera que antecede a los créditos como un flash forward que será retomado una hora más tarde, una vez que conozcamos a Neto (Caio Junqueira) y André (André Ramiro), verdaderos protagonistas de la historia, pero su explicación de los hechos de ninguna manera significa que el espectador esté obligado a estar de acuerdo con todo lo que él dice. Poniendo un poco de atención es obvio que Nascimento es un narrador poco confiable, a lo largo de la película lo vemos discutiendo con su esposa, sufriendo ataques de pánico, tomando calmantes como si fueran dulces, discutiendo con sus superiores. Es un tipo que se está derrumbando bajo la presión de su trabajo y el inminente nacimiento de su primer hijo.

El tono crispado y fatalista de la narración se combina con un ritmo exaltado donde se acumulan incidentes truculentos, lo que contribuye a la confusión del público acostumbrado a recibir el mensaje de cada película peladito y en la boca. Padilha nos muestra la corrupción de la policía de Rio de Janeiro, la omnipresencia del narcotráfico en las favelas y los brutales métodos de la BOPE, el batallón de operaciones especiales que usa tácticas militares para combatir a los delincuentes, sin detenerse demasiado en el contexto y sobre todo sin ofrecer soluciones para lo que está describiendo. Me parece que si Padilha y sus coguionistas, el ex-BOPE Rodrigo Pimentel y el ex-Ciudad de Dios Braulio Mantovani, realmente quisieran ensalzar a las fuerzas especiales brasileñas no las mostrarían torturando sospechosos con la máscara del diablo.

Wagner Moura en Tropa de Elite
Wagner Moura en Tropa de Elite

Contra el rancio moralismo de la izquierda, que divide a la gente en víctimas y verdugos, Tropa de Elite afirma que la capacidad humana para el sadismo va más allá de ideologías o niveles socioeconómicos. Tan grande es la crueldad de los narcos que en México queman vivos a los campesinos que se niegan a sembrar marihuana como la de los policías que fabrican culpables para llenar el expediente. "Mis hombres entran en las favelas a matar, no a que los maten", dice Nascimento, y para entonces la película ha aportado datos suficientes para que uno entienda que esta forma de pensar es un producto de su entrenamiento y de las experiencias que ha tenido al mando de la BOPE. El retrato que hace Tropa de Elite de dicha organización es tan crudo que antes de su estreno en Brasil la cinta enfrentó una demanda por difamación, por parte de los mismos agentes que supuestamente está elogiando.

Hay momentos de humor negro, particularmente en la sección que detalla la corrupción que permea a la policía de Rio (los cadáveres que cambian de lugar para simplificar el papeleo, por ejemplo) y hay una ironía formidable en el hecho de que la violencia se desate debido a la próxima visita del Papa: Operación Juan Pablo II es el nombre clave que la BOPE le da al dispositivo planeado para limpiar las favelas con el fin de que Su Santidad pueda dormir tranquilo. Hay que decir que la agilidad narrativa de la cinta se logra a costa de los personajes. En los primeros minutos Nascimento nos informa que Neto es impetuoso y que André es analítico, con un par de rasgos que le sirven a Padilha para tocar de refilón otros aspectos de la sociedad brasileña, y es poco lo que aprendemos de ellos en las dos horas siguientes. De los dos André es el más complicado por el hecho de ser negro y pobre pero también porque el guión le concede más tiempo en pantalla.

Muchos se han quejado de la forma como Tropa de Elite retrata a los universitarios pero la escena donde éstos destrozan Vigilar y Castigar de Michel Foucault me hizo recordar mi paso por la UNAM. La referencia al filósofo francés no es gratuita. La red de violencia y corrupción desglosada por la película es un ejemplo inmejorable del micropoder analizado en Surveiller et Punir, esa correlación de fuerzas donde todos somos partícipes de un mecanismo de opresión cotidiana que determina el comportamiento de cada persona dentro de su ámbito particular. El campo de entrenamiento de la BOPE y los barrios controlados por los narcos no son sino zonas donde estos vínculos de poder se manifiestan abiertamente, despojadas del ritual que las encubre en las escuelas y los lugares de trabajo.

escena Tropa de Elite

En el plano estético Tropa de Elite tiene una deuda evidente con Ciudad de Dios. La fotografía y la música nos remiten al trabajo de Fernando Meirelles y Kátia Lund aunque Padilha no tiene la misma inventiva que sus compatriotas. Su mayor audacia consiste en una estructura narrativa que pone a varios personajes en medio de un tiroteo y luego retrocede en el tiempo para contarnos cómo llegaron hasta ahí. Fuera de algunos freeze frames la puesta en escena de Tropa de Elite se reduce a un uso bastante convencional de la cámara en mano. Esto no le impidió a la cinta ser un taquillazo en su país de origen, tanto en las salas de cine establecidas como a nivel callejero (léase piratería), al grado de inspirar versiones porno (Foda de Elite, algo así como "cogida de élite") y de convertir al uniforme de la BOPE en el disfraz más popular en el pasado carnaval de Rio de Janeiro.

Hace un par de semanas leí en los periódicos que una incursión de la BOPE en las favelas de Rio dejó un saldo de doce muertos, entre ellos una señora que recibió una bala perdida en la garganta. Claro que en esto de la violencia ligada al narcotráfico podemos encontrar en México material suficiente para hacer varias versiones de Tropa de Elite aunque para que eso sucediera sería necesario que nuestros cineastas miraran más allá de sus departamentos y que además tuvieran el valor de abordar el problema sin maquillar la miseria ni refugiarse en simplificaciones sectarias. Si van a tratar el tema con el mismo tono plañidero que le imprimen a sus películas sobre los niños de la calle o las mujeres indígenas mejor que se dediquen a otra cosa. Son tan pusilánimes que no me sorprendería si salieran con que la mejor forma de reformar a los delincuentes es dejarlos una semana sin postre.