Cine Mexicano
La Pulquería 2
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(julio 17, 2007)
La segunda parte de La Pulquería demuestra cómo las prisas por aprovechar el éxito comercial de una película hacen que su continuación frecuentemente extienda la anécdota hasta romperla, rellenando la trama con personajes que poco aportan al espectáculo e incluso llegando a contradecir lo que pasaba en la original. La Pulquería tampoco se distinguía por tener un argumento inolvidable pero al menos era coherente.
Varios personajes regresan para esta secuela, aunque en la mayoría de los casos tengan poco que hacer. Por ejemplo, Gerardo (Jorge Rivero) era un mujeriego que en la primera parte sufría porque su mejor amigo ya no le respondía y era incapaz de cumplirle a sus admiradoras. Como se le enderezó la suerte al final de La Pulquería, ahora su problema es que un abogado sin escrúpulos y aficionado a las telenovelas recluta a la hermana gemela de su amante Norma del Río (Sasha Montenegro) para chantajearlo y así quitarle la custodia de su hijito (al que nunca se había mencionado previamente). Por otro lado, el Ayates y el merolico Tinoco siguen con sus pleitos en la pulcata, aunque de forma menos divertida que antes. El único personaje que tiene un desarrollo es el diablo (Alfonso Zayas), que regresa al mundo de los mortales ataviado con un tacuche rojo, cual corresponde a su satánica majestad, sólo que su gusto por la maldad se ha convertido en afición a la jotería, por lo que Gerardo y el Ayates intentarán "curarlo", como si fuera gripe.
La Corcholata (Carmen Salinas) es menos simpática conversando apaciblemente con el profesor (Polo Ortín), era más divertido oírla insultar a un policía. Otro caso de un personaje que no corresponde con el episodio anterior es el de Isabel (Rebeca Silva), ya que pasó de ser casta, defendiendo su tesoro del malvado Sapo (Xorge Noble), a una cabaretera que trata de engañar a su hermano Nacho (El Púas Olivares) con el cuento de que tiene un trabajo nocturno. También hay actores que repiten pero ahora en papeles distintos. Luis de Alba, por ejemplo, es el Pirrurris, uno de sus personajes menos afortunados, para tratar de estafar a Nacho y al temible mafioso Guadalupe Garmendia (Pedro Weber Chatanuga), en una subtrama que apenas alcanza para rellenar algunos minutos del metraje. Caso similar al de Héctor Suárez y Angélica Chaín, en el papel de un ministerio público y una piruja que finge ser enfermera, respectivamente.
Todo este asunto de las mujeres que se ganan el pan con el sudor del moñoñongo y al mismo tiempo se preocupan por guardar las apariencias ejemplifica uno de los aspectos menos agradables de La Pulquería 2, un obstáculo que las sexicomedias no siempre sabían evitar. La doble moral y los prejuicios que en la primera parte se hacían sentir sin arruinar la diversión aquí se acentúan, convirtiendo a La Pulquería 2 en un universo donde la gente sólo puede pertenecer a tres categorías: putas, padrotes o jotos. En la mentalidad cuaternaria del Güero Castro las mujeres sólo pueden servir para complacer a los machos, dándoles dinero o las nalgas, mientras que los hombres que se niegan a aceptar esta situación sólo pueden ser putos y por lo tanto traidores a la causa, de ahí la alarma de todos cuando el diablo admite que prefiere la pescuezona a seguir siendo el monarca del mal.
La Pulquería 2 tiene un lenguaje cinematográfico ligeramente más ágil que la primera parte. Es más frecuente el uso de intercortes para mostrar algún detalle de la puesta en escena, aunque a veces el Güero Castro aproveche esto sólo para mostrar cómo una actriz secundaria se quita las pantaletas. La edición sigue siendo precaria, con cambios de ángulo que no obedecen a ninguna tradición fílmica, en ocasiones rompiendo la cuarta pared (cuando el Pirrurris se dirige directamente al público para contar un pésimo chiste) pero sin mayor creatividad. En lo formal tal vez lo más notable sea cómo se repite uno de los errores de la primera película. En aquella ocasión una dramática escena de violación era acompañada de música guapachosa y ahora el Güero Castro se las arregla para volver a regar el tepache. Mientras trabaja en el cabaret Isabel recuerda aquel traumático incidente, gracias a un fragmento de La Pulquería, y lo que se oye en la banda sonora es "El Bodeguero" en la interpretación de Pepe Arévalo y sus Mulatos.
El otro flashback que se incluye en La Pulquería 2 es para una escena donde Norma le recrimina a Gerardo su promiscuo pasado. Vemos al sujeto en cuestión tiroteándose a cinco cariñosas en una alberca y nos queda claro que la intención del Güero Castro era volver a enseñar a esas actrices encueradas, más que ahondar en el sentimiento de culpa del hombre. Angélica Chaín, Doris Pavel, Shandira y la reconocida politóloga Sasha Montenegro desfilan en canicas, faltaba más, pero la cámara sigue estando muy alejada, hasta parece que el Güero Castro no sabe qué hacer ya que les quitó la ropa a las vedettes. Cualquier otro director les aventaría el zoom a todo lo que da.
Así avanza el argumento, con pocos albures, demasiados personajes, una moraleja más que dudosa, hasta llegar a un desenlace donde otra vez el Loco Valdés trata de imponer su anárquico sentido del humor en una película que no tiene la desenvoltura que hacía tan divertida a su primera parte. Cuando Alfonso Zayas, interpretando a un Lucifer otra vez machín, se baja los calzones para corretear a una señorita que casualmente paseaba desnuda por ahí, la sensación que transmite no es tanto de espontaneidad como de desesperación. Se trata de hacer lo que sea con tal de divertir al público, aunque esto signifique suplir la falta de ingenio con un desinhibido ridículo.
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