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La Niña en la Piedra
LA NIÑA EN LA PIEDRA
(nadie te ve)
Dirección
: Maryse Sistach, José Buil
Guión: José Buil, Maryse Sistach
Producción:
José Buil
Fotografía:
Servando Gajá
Música:
Eduardo Gamboa
Edición:
José Buil, Mayte Ponzanelli
Elenco:
Gabino Rodríguez (Gabino), Sofía Espinosa (Mati), Ricardo Polanco (Delfino), Alejandro Calva (Fidel), Iyantú Fonseca (Fulgencio), Silverio Palacios (Amadeo), Ximena Ayala (Perla), Arcelia Ramírez (Alicia), María de los Ángeles Ayuso (Lupe), Luisa Pardo (Lola)
México, 2006, Producciones Tragaluz, S.A. de C.V., 104 min.

Otras opiniones:


Cine Mexicano

La Niña en la Piedra (nadie te ve)

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(agosto 2, 2007)

Un mediocre final para la mediocre Trilogía de la Maldad (en serio, así se llama) perpetrada por el matrimonio Maryse Sistach-José Buil. Según el sitio oficial de La Niña en la Piedra estos tres bodrios "conforman una dramática crónica acerca de la violencia protagonizada por jóvenes atrapados en la crisis ética del México contemporáneo", lo cual parece demasiado para una obra tan modesta. Peor tantito, ahí mismo se explica que la trilogía "expone las consecuencias de la incomunicación humana en los albores del siglo XXI". Por pretensiones no paramos.


Arcelia Ramírez, María de los Ángeles Ayuso y Sofía Espinosa

¿"Crisis ética del México contemporáneo"? ¿"Incomunicación humana en los albores del siglo XXI"? ¿No sería mejor que la dupla Sistach-Buil aprendiera a contar una historia medianamente interesante antes de abordar temas que desconocen? Al menos hay que agradecer que en La Niña en la Piedra evitaron los excesos melodramáticos que hicieron de Perfume de Violadas una comedia involuntaria (más divertida que los pastiches luchísticos de Pepe Buil, por cierto). El guión también está más elaborado que en la penosa Manos Quietas, donde la anécdota daba para unos veinte minutos y era alargada sin misericordia (para el espectador) hasta llenar un largometraje. Me van a disculpar si me equivoco con los títulos de la Trilogía de la Maldad, pero es que son películas tan memorables que los detalles se me escapan.

La Niña en la Piedra es como un episodio de Lo que Callamos las Mujeres realizado con la técnica inventada por el "nuevo cine mexicano": imágenes borrosas, mal encuadradas, editadas con engrudo y unas tijeras para cortar pollo; pésimo audio, diseñado especialmente para que el sonido ambiente tape las voces de los actores, con maullidos de gato que retumban como explosiones y una parlanchina muñeca fea; un elenco donde los jovencitos le roban cuadro a los veteranos e insufribles Arcelia Ramírez y Silverio Palacios, con este último rindiendo homenaje al Indio Maclovio; suspenso malogrado por una puesta en escena de principiante, cualquier alumno de segundo año del CUEC lo habría hecho mejor. En resumidas cuentas: miserabilismo de exportación antes que la menor propuesta estética.

Los defensores a muerte del cine mexicano contemporáneo van a reclamar "¡No puedes comparar una película de bajo presupuesto que habla de nuestra problemática social de nosotros con una exhibición de efectos especiales tipo Transformers!" No, pero sí puedo cotejar La Niña en la Piedra con otras producciones extranjeras de temática similar y que tampoco son blockbusters hollywoodenses. A los Trece, por ejemplo, donde la actriz adolescente Nikki Reed y la directora primeriza Catherine Hardwicke lograron un sólido drama sobre la problemática de la juventud gringa. El estilo "documental" de esa cinta no es de mis favoritos y sin embargo está a años luz de la torpeza formal de La Niña en la Piedra. Si nos vamos a los ejemplos latinoamericanos la cosa se pone peor. La reciente Madeinusa, de la también debutante Claudia Llosa, podría darle una cátedra de creatividad y oficio cinematográfico al dúo Sistach-Buil, con todo y sus veinte años de experiencia tras las cámaras.


Ricardo Polanco, Gabino Rodríguez e Iyantú Fonseca

¿Cómo se reconcilia la frustración, ese patético "quiero y no puedo", que genera la abismal diferencia entre las ambiciones ("dramática crónica acerca de la violencia"; sí, cómo no) y el desolador resultado en pantalla? Con la principal, de hecho única, aportación mexicana al lenguaje cinematográfico: el esqueísmo. Italia contribuyó con el neorrealismo, Francia con la nouvelle vague, el denostado cine gringo con más elementos de los que puedo nombrar en un texto tan corto. México, por su parte, puede vanagloriarse de haber colaborado al desarrollo del séptimo arte con el esqueísmo, tendencia fílmica de gran utilidad para los directores independientes y que puede resumirse en los siguientes ejemplos:
- "Es que no tuve tiempo de revisar el guión..."
- "Es que en el laboratorio echaron a perder dos rollos..."
- "Es que mi perro se comió el storyboard..."
- "Es que no me tienen paciencia..."
Así, acumulando pretextos, se puede explicar por qué el argumento que -según el guionista- iba a revolucionar la cultura del siglo XXI terminó en un mazacote de escenas que se enciman hasta el sinsentido, de nulo contenido artístico e inexistente crítica social. Maryse Sistach y José Buil son dos esqueístas consumados.

Tras todas estas excusas se oculta un reproche, el argumento favorito de los cineastas mexicanos para esquivar la crítica: "La gente debería ver mi película porque me costó mucho trabajo levantar el proyecto". ¿Y qué? La caca que me eché hoy en la mañana también me costó mucho trabajo y no le exigí a nadie que la viera. En este reiterado reclamo de comprensión encuentro una ponzoñosa falacia sobre el arte y el sufrimiento, un sofisma que venimos arrastrando desde el siglo XIX y que los directores como José Buil y Maryse Sistach aplican de la siguiente forma:
1. Los grandes artistas siempre han sufrido para crear su obra.
2. No sabes el trabajo que nos costó filmar la Trilogía de la Maldad.
3. Por lo tanto, la Trilogía de la Maldad es una obra de arte.
Lo cual es falso porque se basa en una generalización (en realidad no todos los artistas han sufrido para crear su obra). Para afirmar o negar la calidad artística de una obra hay que tomar en cuenta las características de la obra, no del creador.

Esto parece obvio, pero en su blog, José Buil incluye un poema sobre su vida como cineasta donde se puede leer lo siguiente:
"Gente en contra siempre habrá
Pero tienes que hacer otra
Porque es tu destino a eso viniste
Al cine, a hacer esta película
Y si no comprometes todo
Dedícate a otra cosa"
Es decir, el compromiso con el arte entendido como coraza contra la incomprensión del mundo, en lugar de ser un esfuerzo continuo por mejorar su propio oficio, un examen de conciencia que alcanza una expresión material en imágenes y sonidos.

De ahí una película con valiosas actuaciones de jóvenes que uno quisiera ver en mejores circunstancias, con apuntes encomiables sobre la camaradería masculina o las dificultades de la vida rural en México, que se pierden entre el marasmo narrativo y la apuesta por un feísmo visual de pretendida autenticidad.

Sitio Oficial:
www.laninaenlapiedra.com/