Site menu:

Suscríbete:
¿Qué es RSS?



eXTReMe Tracker

Sitios Recomendados: 1000 Misspent Hours and Counting
And You Call Yourself a Scientist!
Blog de Cine
Cine Azteca
Cinema de Merde
Cinema de Perra Gorda
CineVertigo
David Bordwell
The Devil's Reviews
Eiga go go!
Fangoria
The Filthy Critic
Flick Filosopher
Midnight Eye
Miradas de Cine
Paxton at the Movies
El Perro Café
Poffy's Movie Mania
Teleport City
Tren de Sombras
Revista Cinefagia
Video WatchBlog

El Violín
EL VIOLÍN
Dirección
:
Francisco Vargas Quevedo
Guión:
Francisco Vargas Quevedo
Producción:
Francisco Vargas Quevedo
Fotografía:
Martín Boege Paré
Música:
Cuauhtémoc Tavira, Armando Rosas
Edición:
Francisco Vargas Quevedo, Ricardo Garfias Méndez
Con:
Ángel Tavira (Don Plutarco), Dagoberto Gama (Capitán), Gerardo Taracena (Genaro), Mario Garibaldi (Lucio), Fermín Martínez (Teniente), Silverio Palacios (jefe revoltoso), Justo Martínez (acreedor de Plutarco)
México, 2005, Cámara Carnal Films / FIDECINE / Centro de Capacitación Cinematográfica, 95 min.

Otras opiniones:

Cine Mexicano

El Violín

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(diciembre 18, 2007)

Llevaba meses oyendo que El Violín era un clásico instantáneo del cine mexicano. Tan ditirámbicos eran los elogios que se me quitaron las ganas de verla. Normalmente cuando una película que toca un tema "delicado" recibe tantas alabanzas es porque no hace sino repetir ese fondo común de ideas predigeridas que constituye la precaria formación política de los críticos profesionales. De la misma forma en que Niños del Hombre fue bendecida como obra maestra gracias a su simplona moraleja (hippies=buenos, gobierno=malo) ahora El Violín cosecha halagos similares al practicar el mismo maniqueísmo (en este caso: guerrilleros=buenos, ejército=malo).


Trailer de El Violín

Se trata de una película dotada de una realización correcta y actuaciones excelentes pero aquejada de una pobreza de ideas por desgracia normal en el discurso progresista mexicano. Dudo que en países como Perú o Colombia, donde la guerrilla dejó miles de víctimas inocentes, alguien podría escribir que el ejército "siempre es símbolo del ejercicio del poder en su forma más pusilánime y abusiva". ¿Más que Abimael Guzmán o Manuel Marulanda? Para los mexicanos que se preguntan quiénes son esos señores les aclaro que se trata de los líderes de Sendero Luminoso y las FARC, respectivamente. Los peruanos no olvidan que Guzmán ordenó la muerte de 35,000 personas. Los colombianos, por su parte, tampoco admiran a Marulanda, quien obtiene el financiamiento para su organización a través del narcotráfico, la extorsión y el secuestro. Por si fuera poco, las adolescentes que son enroladas en las FARC son frecuentes víctimas de abusos sexuales y a los guerrilleros que intentan desertar los torturan antes de matarlos pour encourager les autres.

Claro que en México es más fácil pensar que los guerrilleros son héroes populares. Su ineptitud impide considerarlos una amenaza. Desde el EPR, desarticulado tras el ataque a Las Crucecitas en 1997 y más precupado desde entonces por sus luchas intestinas, hasta el EZLN, salvado por Carlos Salinas cuando estaba a punto de ser aplastado por el ejército, no hay en México un grupo armado rebelde que inspire respeto, ya no digamos miedo. Una muestra de la ignorancia de estos "insurgentes" la dio Flavio Sosa, antiguo líder de la APPO, al decir que estaba dispuesto a que lo encerraran en Lecumberri por sus ideales. Ahora que está tras las rejas tal vez Sosa tenga tiempo de aprender que el Palacio de Lecumberri dejó de funcionar como cárcel en 1976. Desde hace más treinta años ese edificio es la sede del Archivo General de la Nación.

Por supuesto que este tipo de detalles no aparecen por ningún lado en El Violín. A pesar de que el director Francisco Vargas inició su carrera con un documental sobre la música tradicional de Guerrero, su guión está construido a base de candorosos arquetipos, tan falto de sustancia como los panfletos "contestatarios" que defecan los activistas fashion de Coyoacán. Por eso la primera escena nos muestra a unos torvos soldados golpeando y violando a unos guerrilleros indefensos, porque así la película se evita la molestia de explicar por qué el público tendría que apoyar a los rebeldes y no a los federales. Después de todo, es difícil echarle porras a unos subversivos que deben reconsiderar una ofensiva sólo porque perdieron unas cuantas balas. ¿Así piensan derrotar a un ejército profesional? En cuanto a la ideología de este grupo insurgente, lo único que ofrece el guión de Vargas es la siguiente fábula infantil:


Ideario político de El Violín

La mayoría de los comentarios sobre El Violín mencionan la valentía de Francisco Vargas por filmar algo semejante. ¿Valiente una cinta que no hace sino reforzar los prejuicios de cierto segmento del público? Dicen que es una denuncia de la dictadura y el fascismo que se vive en México. ¿Sabrán estos ingenuos lo que significan esas palabras? Deberían informarse sobre lo que sucedió en Chile bajo Pinochet o en la Argentina de la Junta Militar antes de quejarse de cómo el gobierno actual los está "reprimiendo". Muchos incluso han mencionado que El Violín cuenta una historia universal, que podría suceder en cualquier país latinoamericano y en cualquier época. Yo creo que pasa exactamente lo contrario. Sólo en México, donde la guerrilla siempre ha sido más inofensiva que una mariposa, podría lanzarse una película con un discurso tan vacío, con una puesta en escena tan convencional, y recibir carretadas de aplausos. Es una de las virtudes de la violencia revolucionaria: tiene buen lejos.

Sitio Oficial:
www.elviolinthemovie.com