Cine Mexicano
Morirse en Domingo
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(enero 31, 2008)
Cuando Daniel Gruener estrenó su primer largometraje, allá por 1997, los seudocríticos entonces en boga (Nelson Carro, Tomás Pérez Turrent) de inmediato le reclamaron que había cuidado demasiado la calidad de la imagen. Por extraño que parezca, entonces se pensaba que la fealdad era un rasgo distintivo del cine mexicano, o al menos ese era el pretexto que usaban para alabar las porquerías de Ripstein y Cazals. Sobrenatural estaba muy lejos de ser una obra perfecta, un guión chapucero y una insoportable actriz principal le impidieron a Gruener hacer gran cosa en su presentación en sociedad, pero si algo se le podía reconocer a aquella cinta era su acabado formal. Diez años después la fotografía recargada ya no se considera un defecto y sin embargo Morirse en Domingo tampoco satisface.

Fernando Becerril y Humberto Busto en Morirse en Domingo
La discusión sobre la trama, actuaciones o edición de Morirse en Domingo debe postergarse ante la apremiante necesidad de reconocer el trabajo de Guillermo Granillo tras la lente. Cada imagen de la película merece enmarcarse y colgarse en una galería. Está de más señalar que en el aspecto más importante del cine es el visual, fotograma por fotograma Morirse en Domingo puede disfrutarse con la tranquilidad que permite el DVD, congelando o repitiendo escenas para apreciar la simetría, el claroscuro, la combinación de colores o el contraste de la fotografía, donde cada instante es vibrante, poético, radiante. Nada más por eso vale la pena añadir la película a la colección personal. Pero en la película también hay diálogos, un argumento, actores, y por eso decía al principio que se repite el caso de Sobrenatural.
Tan deslumbrante es la fotografía que para estar a la altura Morirse en Domingo requería una puesta en escena igual de elaborada. Por desgracia Daniel Gruener no tiene la creatividad de Jean-Pierre Jeunet ni la disciplina de Peter Greenaway, para darle interés a algunas escenas lo único que se le ocurre es colocar un objeto desenfocado en primer plano, por lo que la responsabilidad recae en el guión de Antonio Armonía. Sin duda el argumento está mejor concebido y es más interesante que el de Sobrenatural, sólo que coquetea con varios géneros sin comprometerse con ninguno. Al no decidirse entre el drama y el humor negro la película no puede tomarse en serio cuando opta por la tragedia ni resulta divertida cuando intenta ser más cínica. Por un lado la película cae en los tópicos de la falta de comunicación entre las familias y por el otro le falta agilidad para equipararse con clásicos del humor negro como El Esqueleto de la Señora Morales o Justino, un Asesino de la Tercera Edad. Hasta una cinta tan modesta como Chuecatown la supera en este rubro.
Al guión le sobran digresiones y le falta una crítica social más punzante para unir el drama y el humor. Fuera de algunos apuntes sobre la supuesta corrupción congénita de los mexicanos es muy poco lo que Morirse en Domingo tiene que decir sobre la realidad que retrata. Además los diálogos son planos y contribuyen a que los personajes desaparezcan tras el esplendor de la fotografía. Para coincidir con la apuesta visual de la cinta las discusiones entre Carlos, Joaquín y Ana
tendrían que ser más rebuscadas. Si el barroquismo de la imagen impide aceptar a Morirse en Domingo como una cinta realista, ¿por qué no dejar que los personajes hablen de una forma más ocurrente? En lugar de eso tenemos diálogos como el siguiente:
Carlos: ¿Qué se sentirá estar muerto?
Ana: Nada, no se siente nada. Es lo bueno de estar muerto.

Maya Zapata en Morirse en Domingo
Total, si nos van a pedir que creamos que Ana nunca ha tenido novio ni tiene amigos sólo porque su papá maneja una funeraria entonces la credibilidad es lo de menos. Igual podrían olvidarse del drama o la denuncia y entrarle con entusiasmo al humor absurdo. Al insistir en que esta parte de la película era seria no lograron crear un personaje convincente y dejaron en manos de las maquillistas la tarea imposible de afear a Maya Zapata, proeza que por supuesto no consiguieron. Creo que lo mejor de Morirse en Domingo es que señala la que probablemente sería la mejor opción para los futuros trabajos de Daniel Gruener. En lugar de cine de entretenimiento, lo cual requiere cierta solvencia narrativa, Gruener debería dedicarse a hacer películas de arte. Al fin que para triunfar en los festivales internacionales no se requiere de una idea sólida ni un enfoque novedoso, con hacer tomas largas y ponerles música clásica de fondo es suficiente, y si esto lo firmara Daniel Gruener el espectador al menos tendría la opción de entretenerse con una fotografía profesional, lo que no sucede con la "obra" de Reygadas. Sería lo ideal para un director que ya de por sí se preocupa más por la forma que por el contenido.
Sitio Oficial:
www.morirseendomingo.com
