Site menu:

Suscríbete:
¿Qué es RSS?


Sitios Recomendados: 1000 Misspent Hours and Counting
And You Call Yourself a Scientist!
Blog de Cine
Cine Azteca
Cinema de Merde
Cinema de Perra Gorda
CineVertigo
David Bordwell
The Devil's Reviews
Eiga go go!
Fangoria
The Filthy Critic
Flick Filosopher
Midnight Eye
Miradas de Cine
Paxton at the Movies
El Perro Café
Poffy's Movie Mania
Teleport City
Tren de Sombras
Revista Cinefagia
Video WatchBlog



eXTReMe Tracker
Intrépidos Punks
INTRÉPIDOS PUNKS
Dirección
:
Francisco Guerrero
Guión:

Producción: Ernesto Fuentes

Fotografía: Alfredo Uribe

Música:
Three Souls In My Mind
Edición:
Jorge Peña
Con:
Juan Valentín, Juan Gallardo, Ana Luisa Peluffo, El Fantasma, Princesa Lea, Martha Elena Cervantes, Alfredo Gutiérrez, Guillermo Lagunes, Olga Ríos, Laura Tovar, Andrea Aguirre, Rosita Bouchot, Ricardo Obregón, Ramón Blanco, Enrique Bermudez
México, 1980, 88 min.

Cine Mexicano

Intrépidos Punks

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(marzo 15, 2008)

Junto con Mercenarios de la Muerte una de las obras cumbre del cine psicotrónico nacional. Toda una leyenda para los que pasamos buena parte de los 80 descifrando las roñosas copias en VHS que por aquellos años eran la única forma de acercarse al cine de culto, foráneo y autóctono. Por desgracia México sigue siendo un país subdesarrollado en cuestiones de DVD y la única forma de asombrarse con las travesuras de estos Intrépidos Punks es rastreando una de esos vetustos videocassettes. En cualquier otro país esta joya merecería una edición especial de superlujo, tal vez con un documental donde el equipo creativo explique qué estaban fumando cuando la hicieron.


"Qué milagro, preciosa fierecita.
¿Vienes en busca de placeres sexuales?"

Aquí es donde debería ofrecer un breve resumen del argumento, pero ¿cuál argumento? Hay un esbozo de trama en el que un par de agentes federales, interpretados por Juan Valentín y Juan Gallardo, deben seguirle la pista a una violenta pandilla juvenil, los intrépidos punks en cuestión, pero esto no le importa al director, ni a los actores, ni al productor, ni a nadie. Al principio hay una escena donde cuatro intrépidas punks asaltan un banco ¡disfrazadas de monjitas! y usan el botín para comprarle un arsenal a un siniestro traficante tuerto. Más adelante los dos policías capturan a este mismo criminal tras una balacera sin ton ni son (con uno de los agentes tirado en el suelo, como tortuga boca arriba, sin que ningún maloso pueda atinarle) y cuando uno está esperando que esto sea la clave para dar con los punks la película se olvida del personaje y pasamos a otra cosa. Eso es lo más parecido que tiene la película a un argumento convencional.

La inevitable confrontación entre los dos superagentes y los intrépidos punks, en los últimos diez minutos, se produce sólo porque la historia forzosamente debía concluir con el bien triunfando sobre el mal. De esta forma los héroes nominales se convierten en personajes secundarios, con apariciones esporádicas que no aportan nada a la trama principal. Es lo de menos porque las fechorías de los intrépidos punks son mucho más entretenidas de lo que cualquier investigación policiaca podría ser. Lejos de ser chavos aficionados al rock estrindente, estos punks son delincuentes treintañeros que recorren las carreteras de Morelos practicando sus pasatiempos favoritos: el homicidio, la violación tumultuaria y el asalto a mano armada. Igual que los de Siete en la Mira, los punks de esta película son habitantes de una versión tercermundista de Mad Max más que una tribu urbana con gustos musicales definidos y una vaga idea de rebelión.

Basta con echarle un vistazo a los líderes de la banda, un luchador profesional y una vedette, para entender que los responsables de la cinta no tenían ni idea de qué era el movimiento punk. Aunque los punketos auténticos tengan razón en molestarse por la forma en que los ha retratado el cine, hay que decir que en este caso es una suerte que la ignorancia se haya juntado con el peyote, o cualquiera que haya sido la sustancia activa que condujo a la creación de los Intrépidos Punks. De otra forma no podríamos deleitarnos con sus escenas de superlativo humor involuntario, como aquella donde un cuarteto de respetables señoras de clase media está jugando canasta mientras confiesan sus deseos ocultos ("Ha de ser bien bonita una orgía, ¿verdad, muchachas?") y en eso llegan los intrépidos punks para darles violín. Y como a los intrépidos punks les gusta escuchar música cuando están cogiendo pues contratan al Three Souls In My Mind para amenizar la orgifiesta, con amplificadores, bataca y toda la cosa.


El Fantasma y Princesa Lea en Intrépidos Punks

La inolvidable canción tema ("Intrépidos punks, intrépidos punks, en las carreteras, y ciudades también, robando al que sea, rompen siempre la ley..."), los créditos graffiteados en las paredes y la presencia del Three Souls In My Mind, en la banda sonora y también como actores improvisados, son los únicos elementos de la película que tienen alguna relación con los punks de verdad. La estrambótica indumentaria de los Intrépidos Punks no podía ser más alucinante. Más que una pandilla juvenil parecen los sobrevivientes de una explosión en una fábrica de pinturas, y eso, combinado con la máscara y los mallones de su líder, convierten sus eternos recorridos por la carretera en un desfile de orgullo gay adelantado a su época.

La historia es apenas un pretexto para mostrar las perversiones de estos punks (duelos motorizados para ganar los favores sexuales de las hembras, juegos de ruleta rusa como prueba de lealtad) y esto la hace brutalmente divertida. Hay escenas de supuesta crueldad que se vuelven cómicas por los efectos especiales (la estrella ninja) o por la indiferencia del director Francisco Guerrero (el ataque a la gasolinera), factores adicionales para que todo fanático del cine chatarra hecho en México haga hasta lo imposible por obtener una copia de Intrépidos Punks. Ojalá alguien se anima a sacarla en DVD.

Escena de Intrépidos Punks: