Cine Mexicano
La Zona
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 1, 2008)
Los cineminutos contra la corrupción eran unos patéticos cortometrajes que pretendían darnos clases de civismo en apenas sesenta segundos. Son de esos proyectos que sirven sólo para dejar bien paradas a las instituciones que los fomentan, ya que su impacto social es nulo. La Zona es un inepto drama urbano con toques de thriller que puede definirse como un cinehoraymedia contra los linchamientos. La misma falta de contexto que busca suplirse con chantaje emocional, la misma imposibilidad de crear personajes sólidos, el mismo afán de regañar al espectador, el mismo aire autocelebratorio.

Alan Chávez en La Zona
La Zona es una cinta cuyo director, el uruguayo Rodrigo Plá, quisiera convertir en un alegato sobre la injusticia social y el efecto corrosivo de la violencia en una comunidad. Son conceptos que le quedan grandes. Plá y su coguionista, Laura Santullo, descubren el hilo negro de la desigualdad y se entusiasman tanto con su premisa que olvidan desarrollarla, explorar sus aspectos sociales o arroparla con personajes creíbles. El maniqueísmo de La Zona impide tomarla en serio como estudio sociológico. Es el viejo truco de justificar el crimen señalando como "inmoral" la diferencia entre los niveles de vida de las distintas personas, aunque los pobres también sean víctimas de la delincuencia. El discurso de La Zona es un compilado de lugares comunes sobre la corrupción y la doble moral, con alguna referencia en clave al régimen en turno (se habla de un "senador Cevallos") como en los tiempos del PRI, cuando sí había censura en México.
Me pregunto si el terrible miscast de Marina de Tavira como una figura autoritaria no corresponderá a un pueril ajuste de cuentas con Gabriela Cuevas. Es imposible saberlo cuando la creación de personajes es tan mediocre. En ese sentido el guión de La Zona está lleno de errores de principiante. Los rateros que se meten a robar a una casa rica son esquemáticos. Rodrigo Plá y Laura Santullo nos piden que tomemos en cuenta su pobreza y no nos fijemos demasiado en la señora que terminan asesinando. Incluso el ladrón que escapa y tiene la oportunidad de contarle sus penas a otro personaje no tiene nada interesante qué decir, queda tan indefinido como los que cayeron baleados en la primera escena. Otra pifia de novato: hay un judicial corrupto (Mario Zaragoza) que de pronto se vuelve justiciero, sin que los escritores se molesten en explicar por qué.
La incapacidad de los guionistas se extiende a los diálogos. Para dar a entender que el judicial vengador tiene un pasado turbio sale Fernando Becerril, interpretando a su oficial superior, diciendo cosas como "la brutalidad policiaca es un delito grave", y uno recuerda las películas ochenteras de Mario Almada. Para explicar las dudas que un bienintencionado padre de familia siente por las medidas de seguridad de la zona el tipo aparece preguntándose "¿cómo voy a explicarle a mi hijo por qué vivimos detrás de un muro?". También hay una parte donde Daniel Giménez Cacho le explica a su hijo lo que el público ya lleva rato pensando: en una ciudad tan insegura como el Distrito Federal, donde los asaltos y los secuestros son el pan nuestro de cada día y no sólo una campaña para desprestigiar al gobierno local, existen razones legítimas para establecer una comunidad más tranquila. Pero el guión de La Zona nunca permite un debate entre sus propios personajes, sólo acumula anécdotas hasta llegar a una última imagen que equipara la toma de conciencia con la salmonelosis.

Qué Matrix ni que nada: escena de acción de La Zona
Si en su faceta reivindicativa La Zona es tan risible como el periodiquito del Peje, ¿qué decir de su calidad como thriller? Pues que está a la altura de sus pretensiones sociológicas. En La Zona no hay suspenso posible porque no hay progresión dramática, hay demasiadas escenas que repiten más o menos lo mismo. Hay varias instancias de violencia, pero están tan mal filmadas que pierden su efecto. La que debería ser la secuencia más impactante de la película, la balacera que deja varios muertos y un fugitivo dentro de la zona residencial, se diluye porque se parte en dos: al principio vemos sólo las secuelas y más tarde un flashback que aporta datos sobre un hecho previo pero no sobre el tiroteo.
Hay pocas emociones y muchas tonterías: la forma en que los villanos suponen que hay un delator dentro de la comunidad o la manera tan estúpida en que se deshacen de los cadáveres. Un thriller exige una lógica rigurosa, una cadena de consecuencias que se derive de las acciones tempranas de los protagonistas, de manera que la tensión crezca a medida que el azar disminuya, pero en un argumento tan descabellado como el de La Zona, donde cualquier cosa puede pasar, el suspenso es sólo teórico. Los problemas que tiene La Zona para ejercer la crítica social se magnifican en las tareas en apariencia más sencillas, las funciones narrativas que Hollywood domina a la perfección: hacer que el espectador se preocupe por la suerte de los personajes, hilar situaciones hasta llegar a un desenlace satisfactorio, eliminar lo superfluo y quedarse con lo esencial. Aquí, como sucede en otras películas mexicanas, uno nunca tiene un motivo para involucrarse con los personajes, ni siente que la historia avance, ni merece aburrirse con tantas escenas inútiles.
Trailer de La Zona:
