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Juegos Mentales
JUEGOS MENTALES
(Five Fingers)
Director
:
Laurence Malkin
Guión:
Laurence Malkin, Chad Thurman
Productor:
Laurence Malkin, Laurence Fishburne, Dolly Hall, Josh Kesselman, Stavros Merjos, J. Malcolm Petal, Kelley Reynolds, Adam Rosenfelt, Helen Sugland
Fotografía:
Alexander Gruszynski
Música:
Vernon Reid, Noah Agruss
Edición:
Herman P. Koerts, Maureen Meulen
Elenco:
Laurence Fishburne (Ahmat), Ryan Philippe (Martijn), Gina Torres (Aicha), Touriya Haoud (Saadia), Said Tahmaoui (Youseff), Colm Meaney (Gavin)
EE.UU., 2006, Element Films, 86 min.

Otras opiniones:


Hollywood

Juegos Mentales

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(marzo 12, 2007)

Hace algunas semanas la noticia de que Al Qaida tenía en la mira a los países productores de petróleo generó no sólo la predecible histeria de los medios de comunicación en México sino el anuncio por parte de las autoridades de que se reforzaría la vigilancia en las instalaciones de Pemex. Uno pensaría que un Estado que depende tanto de sus ingresos petroleros extremaría las precauciones en esta industria estratégica antes de que un grupo terrorista la señalara como un objetivo legítimo, pero por algo somos Tercer Mundo. De hecho, mientras el terrorismo y las operaciones de inteligencia de los gabachos nos siguen pareciendo distantes, las habilidades publicitarias de Al Qaida tal vez tengan el efecto inesperado de llamar la atención sobre Juegos Mentales, segunda y modesta cinta de Laurence Malkin que trata precisamente sobre guerra asimétrica, black ops, interrogatorios sadeanos y otras lindezas que, pensamos, no nos atañen.


Laurence Fishburne en Juegos Mentales

Con sólo una locación y seis actores, uno de los cuales aparece apenas en el prólogo y en breves flashbacks, Juegos Mentales funcionaría perfectamente como una obra de teatro, y de las baratas, las que le encantan a los productores. La cinta inicia con el holandés Martijn (Ryan Philippe) despidiéndose de su novia marroquí antes de partir justamente a Marruecos, donde piensa implementar un programa de asistencia social, distribuyendo comida entre las comunidades más necesitadas del norte de Africa. Acompañado del británico Gavin (Colm Meaney), antiguo empleado de una empresa química y conocedor de la región, Martjin se dispone a viajar a lo que será su centro de operaciones cuando es sometido y narcotizado por un grupo de musulmanes.

Al despertar, Martijn está encadenado a una silla y tiene los ojos vendados. Le acompaña Gavin, en las mismas condiciones, pero no por mucho tiempo, ya que es asesinado por Ahmat (Laurence Fishburne), el líder de los terroristas, ante la mirada incrédula de Martijn. Mientras el holandés asegura que los terroristas se equivocaron de persona, que él sólo quiere ayudar al pueblo marroquí, está claro que sus captores lo consideran peligroso e insisten en que les proporcione los nombres de sus compañeros, así como información sobre el financiamiento de su proyecto humanitario. A partir de ese momento, las conversaciones entre Martijn y sus celadores consisten, como menciona el obvio título en español, de juegos mentales donde el castigo para el holandés, ex-empleado bancario y aspirante a pianista, es perder alguno de los cinco dedos del título original.

En teoría una película que se ajusta a las unidades aristotélicas -de tiempo, lugar y acción- suena interesante... hasta que llega el momento de verla. El correcto funcionamiento de algo semejante depende más de la calidad de sus actuaciones y de la inventiva de los guionistas que de los encuadres, que por rebuscados que sean no pueden añadirle mucho a una historia que necesariamente tiende a la claustrofobia y a la machacante repetición del interrogatorio. Como es de esperarse, la parte interpretativa es ampliamente dominada por un Laurence Fishburne en plenitud de facultades, quien había demostrado su valía desde varios años antes de encarnar a Morpheus en Matrix Retarded, protagonizando thrillers tan sobresalientes e injustamente olvidados como Deep Cover, que data de 1992. Fishburne está bien apoyado por una Gina Torres con amplia experiencia en series de televisión como CSI o Alias.


Gina Torres y Ryan Phillippe en Juegos Mentales

Lo más sorprendente del elenco es la interpretación de Ryan Phillippe, quien además de ser el esposo de Renee Witherspoon es considerado por muchos como uno de los peores galanes jóvenes del Hollywood contemporáneo. Si tuvieron la desgracia de verlo en Estudio 54 seguramente comprenderán a qué se debe la mala fama de Phillippe. Pues bien, en Juegos Mentales este actor demuestra que algo se le ha pegado después de trabajar tanto tiempo en la industria y aunque su papel le exige mostrar confusión más que otra cosa (lo cual le resulta fácil a los actores mediocres, y si no es cierto que proteste Keanu Reeves) también requiere de matices que en Ryan Phillippe son inéditos. Lo que se le puede criticar es que por momentos se le olvida el acento holandés y dado que a su personaje se le acusa de ser un agente de la CIA oírlo hablar con acento americano resulta confuso, uno no sabe si eso es un rasgo de Martijn o de Ryan Phillippe.

Es evidente que no puedo mencionar el otro mérito de Juegos Mentales, la creatividad de sus guionistas para proveer a la trama de giros (más o menos) inesperados, sin echarle a perder la película a quienes no la hayan visto. Hay que señalar que no todos los flashbacks aportan algo a la narración, sin llegar a ser un defecto grave. De cualquier manera, se puede decir que esta segunda obra de Laurence Malkin retoma en menor escala varios de los temas de esa obra maestra llamada Syriana, como son la ambigüedad moral de todas las facciones involucradas en lo que ahora se llama guerra asimétrica y que los amigos de la simplificación siguen llamando terrorismo, dándole un sentido moral a lo que no es sino una táctica.

Trailer de Juegos Mentales: