Hollywood
Los Infiltrados
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(marzo 26, 2007)
Acúsome, padre, de no haber visto Infernal Affairs, la cinta hongkonesa en que se basa Los Infiltrados. Prefiero tener siempre la referencia del original para comparar los diferentes enfoques de edición, fotografía y puesta en escena empleados en cada versión, aspectos que sinceramente me interesan más que la historia y los personajes. He oído muy buenas cosas sobre lo que hizo Andy Lau con un argumento similar pero por ahora no tengo más remedio que enfrentarme a Los Infiltrados con las mismas armas que los ignaros. La situación básica es lo que en Hollywood se llama high concept, un concepto atractivo y fácil de entender. El trailer lo resume así:

Leonardo DiCaprio en Los Infiltrados
Lo que se ve en pantalla es una mezcla incierta entre un thriller de serie B, con personajes al servicio de un argumento construido con giros de una abstracción casi matemática, algo que no es el fuerte de Scorsese, y por otro lado una meditación sobre el pecado y la culpa en una cultura marcada por el catolicismo, algo que Scorsese ya tiene muy hecho. No debería funcionar tan bien como lo hace. Con frecuencia la cinta se enfila en direcciones opuestas, el suspenso es tan esporádico que pierde efectividad, hay una subtrama que aporta poco más que un breve homenaje a El Tercer Hombre y sin embargo la experiencia del director con su habitual equipo de trabajo saca adelante algo que se asemeja a obras como Goodfellas o Casino, sin llegar al nivel de esas cintas.
Cuando digo que la película funciona me refiero a que es lo que se espera de Scorsese filmando gangsters: policías contra ladrones sin que podamos explicar de forma convincente por qué unos son buenos y otros malos, explosiones de violencia que siegan a la mitad del elenco con la furia de Jehová, personajes hundidos por el peso de la lealtad. Todo encadenado con la edición metanfetamínica de Thelma Schoonmaker, que podría describirse como videoclipera si no fuera porque al parecer ese vocablo sólo debe aplicársele a los director jóvenes que incursionan en el cine de género. Pugilato de dimes y diretes como en las comedias screwball de Howard Hawks, asesinatos tan abruptos que a veces uno no sabe quién acaba de morir, elipsis que dejan colgada de la brocha a la intuición del espectador. El guión de William Monahan es efectista como pocos, lo que lo salva del exhibicionismo tarantinesco es la naturalidad con la que Scorsese implementa esos golpes teatrales.
Ese nerviosismo apenas controlado se expresa con planos de detalle que hacen las veces de establishing shot. El plano general que ubicaría a los personajes dentro del espacio profílmico se descompone en manos que encienden cigarros, pistolas que esperan ser desenfundadas, puertas que se abren. Esta descomposición impresionista se perpetúa, de manera un tanto mecánica, en un desorbitado campo-contracampo que da cuenta de las conversaciones que sostienen los personajes. Cada actor dispone de unos cuantos segundos antes de que la cámara regrese a su interlocutor, aun cuando no es del todo necesario. Un poco de cámara lenta, o simplemente bajarle el ritmo al montaje, le daría mayor realce a ciertas secuencias demasiado revolucionadas.

Jack Nicholson y Matt Damon en Los Infiltrados
La atención de casi todo el mundo se ha centrado en Damon, DiCaprio y Nicholson, por supuesto, pero las actuaciones realmente memorables son las de los personajes periféricos. Alec Baldwin y Martin Sheen del lado de la ley, Ray Winstone y David O'Hara por parte del hampa, habitan los márgenes de la película sin llamar la atención. La excepción es Mark Wahlberg, con un papel vistoso pero con poca sustancia. Hay dos personajes femeninos, la concubina del capo Frank Costello, apenas esbozada, y una psiquiatra bien interpretada por Vera Farmiga pero que aporta muy poco a la historia, a pesar de que el guión le dedique mucho metraje. Paradójicamente los personajes que más salen a cuadro no están mejor desarrollados que los secundarios. Ni el criminal que es a la vez un eficiente policía ni el detective condenado a fingirse criminal adquieren la solidez que quiere darles Scorsese, pese a los encomiables esfuerzos de Matt Damon y Leonardo DiCaprio. Jack Nicholson interpreta, una vez más, a Jack Nicholson, y está a nada de hundir la película. Si no lo consigue es principalmente porque Los Infiltrados retiene lo suficiente de sus raíces melodramáticas para vendernos la idea de un jefe de la mafia que se viste como padrote de baja estofa y que se pasea frente a sus subordinados en mangas de camisa y con las manos tintas en sangre, tan quitado de la pena como si estuviera pintando la cocina y no matando a un cristiano.
Hay otra cosa que no me acaba de convencer de Los Infiltrados y que Scorsese por lo general domina. La música de fondo en sus películas siempre está perfectamente seleccionada para darle una dimensión adicional a la acción, no como simple comparsa. El problema que yo tengo con el soundtrack en esta película es que algunas de las canciones complementan el aspecto visual, como la combinación de punk y música tradicional irlandesa de los Dropkick Murphys, mientras que otras parecen ya los tics de un director que mete "Gimme Shelter" de los Rolin en alguna escena de todas sus películas, como acto reflejo. Tal vez sea que mi tolerancia hacia el Rock Clásico de los 60 está llegando a su límite, el caso es que en varias ocasiones la selección musical de Scorsese me pareció poco afortunada.
Trailer de Los Infiltrados:

