Hollywood
Una Noche en el Museo
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 2, 2007)
Ben Stiller en un museo encantado. Este es exactamente el tipo de película que según los imbéciles no se debe criticar porque es puro entretenimiento y con eso basta. Eso es como decir que cuando vas a un restaurante no tienes derecho a quejarte del servicio si lo que te sirven te llena la panza, aunque naden moscas en la sopa y la carne esté dura como suela de zapato. Claro que sería infantil acusar a Una Noche en el Museo de ser poco profunda o de tener una postura ideológica no muy clara, la razón por la que este bodrio es tan nefasto es que teniendo una premisa original -algo que en el cine no se ve todos los días- los realizadores la rellenaron con el argumento más trillado que sus mentes sifilíticas pudieron concebir.

Ben Stiller en Una Noche en el Museo
Lo que el trailer no muestra es que una buena parte del metraje se desperdicia con los problemas familiares de Larry Daley, el personaje que interpreta Stiller y que es igualito a los acomplejados neuróticos que este actor casi siempre nos receta. De esta forma nos enteramos que Larry Daley está divorciado y tiene un hijo que es su adoración. A diferencia del nuevo esposo de su ex-, un exitoso corredor de bolsa, Larry nunca ha pasado de perico perro: lleva años intentando levantar proyectos que no llegan a nada y es únicamente la desesperación por ganarse el respeto de su hijo lo que lo lleva a presentarse en el museo de historia natural de Nueva York con solicitud elaborada...
El resto de la trama es igualmente idiota y predecible. ¿Alguien duda que al final de la película Larry Daley aprende a ser responsable y se gana el respeto de su hijo? Nadie, pero eso a los guionistas no les importa, se trata solamente de cascajo para rellenar los baches de un libreto demasiado largo. ¿Es realmente necesario sacarse de la manga a un trío de villanos cuando el museo ya incluye a rudos rudísimos de la talla Atila o al no menos aborrecible Teddy Roosevelt? Menos, aunque dado el nivel cultural del espectador promedio cualquier referencia a los grandes villanos de la Historia Universal sería tan insondable como los misterios eleusinos. ¿No sería mejor contar por qué el museo cobra vida cada noche? Esto es lo más raro de todo, porque en la película sí se menciona la causa de todo el borlote, pero se hace de forma apresurada, como no queriendo perder el tiempo con nimiedades cuando podemos ver a Ben Stiller cacheteando a un mico.
Menos mal que los efectos especiales cumplen adecuadamente su función ya que de otra manera Una Noche en el Museo sería insoportable. Eso y la fotografía de Guillermo Navarro rescatan a la película de la memez de sus escritores. Hay una imagen casi al principio, donde aparece Nueva York al atardecer, que es como para colgarla en una galería. En cuanto a los efectos, con excepción de unos leones demasiado artificiales, todo está muy bien logrado. Los responsables de éstos incluso consiguieron darle personalidad a un esqueleto de T. Rex y la interacción tipo Gulliver de Ben Stiller con romanos y vaqueros de diorama es convincente aunque poco original.

Ben Stiller y Robin Williams en Una Noche en el Museo
Parece contradictorio, pero una fantasía siempre debe tener reglas claras. Si uno no entiende por qué pasa algo, aunque la historia esté llena de magos y dragones, no hay forma de involucrarse con lo que aparece en la pantalla. Dentro de sus muchos defectos de guión, Una Noche en el Museo no deja escapar la oportunidad de cometer también éste. En cierto momento de la cinta descubrimos que el Teddy Roosevelt que anda de un lado a otro no es el otrora presidente de Estados Unidos sino un muñeco de cera que lo representa. Sin embargo, unos cuantos minutos más tarde uno de los personajes se pone muy contento porque podrá conversar con una figura histórica y así obtener la información necesaria para completar su tesis de doctorado. Por fin, ¿los inquilinos del museo son personas de verdad vueltas a la vida o solamente sus efigies? No es un dilema que me quite el sueño, solamente un ejemplo de la flojera con la que fue hecha la película.
Flojera que comparte el elenco. Me imagino que Ben Stiller debe estar a punto de imitar a Jim Carrey y aceptar un guión donde salga de violador, drogadicto o pederasta, cualquier cosa con tal de que la gente deje de verlo solamente como el cómico eternamente condenado a repetir su papel de Loco por Mary. Se supone que esto es un all-star cast de la comedia, al menos para los que consideran a Robin Williams y Mickey Rooney como genios de la hilaridad, pero eso tampoco es garantía de calidad, si lo fuera cintas como Rat Race serían auténticos clásicos. Es como el futbol: no por amontonar delanteros vas a meter más goles.
Por cierto, lo mejor de la película es Carla Gugino, a quien seguramente muchos le dedicaron varias alabanzas al salir encuerada en Sin City, ahora interpretando a una historiadora. Para ser honesto, que una mujer así se dedique a la historia me parece lo más fantasioso de la película. Al menos no recuerdo haber visto nada semejante en la facultad. Eso me saco por estudiar en la UNAM.
Trailer de Una Noche en el Museo:

