Site menu:

Suscríbete:
¿Qué es RSS?





Sitios Recomendados: 1000 Misspent Hours and Counting
And You Call Yourself a Scientist!
Blog de Cine
Cine Azteca
Cinema de Merde
Cinema de Perra Gorda
CineVertigo
David Bordwell
The Devil's Reviews
Eiga go go!
Fangoria
The Filthy Critic
Flick Filosopher
Midnight Eye
Miradas de Cine
Paxton at the Movies
El Perro Café
Poffy's Movie Mania
Teleport City
Tren de Sombras
Revista Cinefagia
Video WatchBlog

Una Historia de Navidad
UNA HISTORIA DE NAVIDAD
(A Christmas Story)
Dirección
:
Bob Clark
Guión:
Jean Shepherd, Leigh Brown, Bob Clark, basado en el libro In God We Trust, All Others Pay Cash de Jean Shepherd
Producción:
Bob Clark, Rene Dupont
Fotografía:
Reginald Morris
Música:
Paul Zaza, Carl Ziffrer
Edición:
Stan Cole
Elenco:
Melinda Dillon (madre), Darren McGavin (padre), Peter Billingsley (Ralphie), Ian Petrella (Randy), Scott Schwartz (Flick), R.D. Robb (Schwartz), Tedde Moore (Miss Shields), Zack Ward (Scut Farkus), Yayo Anaya (Grover Dill)
Canadá-EE.UU., 1983, MGM, 95 min.

Otras opiniones:


Hollywood

Una Historia de Navidad

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 10, 2007)

¿Navidad en abril? No estoy loco. La razón para comentar esta película es que su director, Bob Clark, falleció hace algunos días en un accidente automovilístico y creo que vale la pena darle un repaso a su obra. Clark es particularmente admirado por los fanáticos del cine de horror, debido a que durante los 70 filmó varias cintas de bajo presupuesto que fueron pioneras en varios subgéneros: de zombies con Children Shouldn't Play With Dead Things, de asesinos seriales con Deranged (donde contaba la historia de Ed Gein) y hasta tuvo el dudoso honor de ser uno de los primeros en hacer un slasher con Black Christmas, varios años antes de Halloween.

Para el público mainstream el nombre de Bob Clark es conocido a través de sus dos películas más famosas. De ahí la extemporánea reseña de una película navideña, con una modesta respuesta en su corrida comercial y con una aceptación en video y televisión por cable que la fue elevando gradualmente al rango de clásico. El otro éxito masivo de Bob Clark es, por extraño que parezca, Porky's.

El guión, que adapta un libro de cuentos autobiográficos de Jean Shepherd y que Bob Clark preparó con el autor a lo largo de diez años, es una serie de anécdotas sobre la época navideña en una familia normal de Minnesota en los años 40. El hilo conductor es el deseo de Ralphie por poseer un rifle de perdigones (en el gabacho los entrenan desde chiquitos) y los ingenuos métodos que utiliza para obtenerlo, como son meter un anuncio del mismo en la revista favorita de su mamá o escribir como tarea escolar un elocuente ensayo explicando por qué el rifle es superior a los otros regalos navideños.

Una película así corre el riesgo de ser horriblemente cursi, fervorosamente reaccionaria y tan antiséptica como la acostumbrada basura de Disney. Por suerte la desmadrosa sensibilidad de Clark, conjugada con la gentil ironía de Shepherd, le dieron a Una Historia de Navidad la irreverencia suficiente para satisfacer incluso a los espectadores, como su servilleta, a quienes la Navidad les resulta completamente prescindible. Más ahora que todas las películas made in Hollywood quieren redimirse de su condición de entretenimiento con el inevitable discurso donde el personaje principal admite sus errores sin esperar el perdón o se sobrepone a su timidez para increpar a las autoridades y evitar así la clausura de la universidad patito / secta satánica / bar travesti que le da sentido a su vida. Un ejemplo particularmente irritante de esto último lo pueden ver en Accepted, que es como la versión esterilizada de Porky's.

Otro atolladero que sortean Clark y Shepherd es el de la nostalgia militante. Una película que narra amorosamente las peripecias de un niño ultra-ario en los días previos al natalicio del Mesías circa la Segunda Guerra Mundial es a primera vista una receta de propaganda reaganiana. Es el tipo de historia que desagradaría a Norman Rockwell por patriotera y empalagosa. No lo es porque evita idealizar a la familia que retrata. La obsesión del papá con el calentador, la pedagogía improvisada de la mamá, las frustraciones de Ralphie y la torpeza de Randy no son experiencias universales pero la relación no siempre armoniosa de estas personas es una descripción más honesta de la mecánica familiar que los Stepford households de películas como Más Barato por Docena.

Recién leía un comentario en Letras Libres a propósito del bodrio 300 donde su autor hace referencia al "conservadurismo congénito de los cineastas de Hollywood". A esto sólo se puede responder con un incrédulo "bitch, are you for real?". Decir que Hollywood es conservador es como acusar a Provida de progresista. Por favor, cualquier persona medianamente informada de la realidad de Estados Unidos (¿y en esta época de conexión instantánea al conocimiento mundial, como no estarlo?) sabe que en el espectro político de nuestros vecinos norteños Hollywood le coquetea a la izquierda. No por nada los opinadores de extrema derecha siempre deslizan en sus peroratas alguna crítica a los liberales de California, como el célebre Delenda est Carthago! de Catón. Basta con leer a Michael Medved para hacerse una idea de por qué los gringos conservadores ven a los emporios cinematográficos como el enemigo a vencer en lo que ellos llaman guerras culturales.

Sí, cuando se habla en México de los reaccionarios hollywoodenses se piensa en Top Gun, Chuck Norris y la desopilante Red Dawn de John Milius. En una industria cinematográfica tan prolífica como la norteamericana tiene que haber por fuerza ejemplos de lo que en otras épocas más dadas al maniqueísmo se denominaba "imperialismo cultural". Pero de ahí a afirmar que todo Hollywood es reaccionario hay un buen trecho. Los que así opinan olvidan que el cine norteamericano ha sido sin duda uno de los más contestatarios del mundo. Ya quisiéramos tener en México una industria fílmica con los tamaños para abordar directamente temas de interés nacional desde una óptica no precisamente tradicional. ¿"Hollywood conservador"? Como diría Richard Pryor: nigga, is you crazy? Hollywood es, ante todo, una máquina de hacer dinero. Las consideraciones personales de sus ejecutivos (en su mayoría izquierdosos) se desvanecen ante las realidades económicas de sus productos, como explica de manera fabulosa John Rogers en su blog y aun así han producido más películas sobre temas incómodos en diez años que el cine mexicano en toda su historia.

No hay en A Christmas Story ni la sombra de la crítica social que según algunos es lo único valioso del cine. Ni falta que hace, con las anécdotas más o menos ciertas que nos cuentan Bob Clark y Jean Shepherd es suficiente para elaborar una película divertida, sincera y que ha resistido el paso del tiempo como pocas. Como no hay escenas de racismo impune o de obreros martirizados por rompehuelgas no faltará el idiota que confunda esto con propaganda capitalista. Si la realidad que presenta A Christmas Story nos parece demasiado materialista o indiferente ante la miseria de los chinitos hambrientos (eso se menciona en la película sólo para que los niños dejen de jugar con la comida) el único culpable es el destino por hacer que Jean Shepherd naciera en una familia de clase media de primer mundo y que años más tarde Bob Clark le ayudara a llevar sus memorias a la pantalla.

Me desvié del tema, no hablé sobre las frecuentes fantasías de Ralphie, las inofensivas majaderías de su papá, la lámpara-objet d'art (¡quiero una!) o el antecesor de Bad Santa interpretado en la película nada menos que por el co-director de Deranged (título alternativo: Confessions of a Necrophile). Lo mejor que puedo decir de A Christmas Story es que más que una buena película navideña es una buena comedia con ambiente navideño, que se parece pero no es lo mismo. Y eso es más interesante que los mensajes ideológicos que los críticos que practican la metonimia como una religión puedan encontrarle.