Hollywood
La Última Carta
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 16, 2007)
Otra película sólo para hombres y no porque muestre nalgonas en paños menores. Se supone que eso es lo único en que pensamos, al menos según las comedias románticas, pero esa es una calumnia: también nos gusta la violencia. Ahora bien, eso no significa que nos sintamos satisfechos con cualquier exhibición de balazos y sangre. De la misma manera en que no es suficiente con un par de pinches nalgas, sino que éstas deben tener la forma y el volumen apropiado, una cinta de acción debe cumplir con ciertos requisitos para saciar el sadismo del espectador. Lástima que al director de La Última Carta se le olvidaron algunos.
Joe Carnahan no es un estandarte del cine de acción pero tampoco es un novato. Su primer guión producido es de 1995, su primer trabajo como director es de 1998 y el concepto que se le ocurrió para Smokin' Aces era bueno. Una mezcla de humor negro y violencia a la Tarantino (o más bien en el estilo de todos los cineastas que Tarantino se fusiló) con los recursos de una productora grande y un elenco que abarca desde actores ya veteranos como Ray Liotta hasta cantantes haciendo sus pininos en esto de la actuada, como la suculenta Alicia Keys (¡merezco!).
Trailer hiperactivo de La Última Carta
Con tantos elementos a su favor, ¿cómo podría Carnahan equivocarse? Pues dosificando en exceso la violencia, enredando de más la trama y escatimando el humor cruel. En términos generales me parece que no pudo abandonar del todo la idea de que Smokin' Aces debía ser en el fondo -pero muy en el fondo- una película que abordara temas como el sacrificio y la lealtad. Es cierto que John Woo sabía combinar las balaceras espectaculares con el sentimentalismo de sus héroes, al menos antes de llegar a Hollywood y ponerse en veinte uñas, pero Joe Carnahan no es John Woo, lo que provoca que Smokin' Aces se mueva en direcciones opuestas.
Al principio parece que nuestra sed de sangre quedará saciada tras la proyección de la película. Se presenta a cada uno de los personajes que intentarán asesinar a Buddy Israel y uno se frota las manos cuando se nos dice, por ejemplo, que Pasquale Elmore alias "La Plaga" es famoso por haber inventado nuevas formas de torturar a sus víctimas. Otro caso notable es el de los Tremors, un trío de hermanos psicópatas que atacan de forma suicida: no les importa ser heridos al momento de hacer un trabajo, sólo les preocupa matar a sus presas. Así, cada uno de los criminales y policías que acabarán enfrentándose disponen de una introducción pero pasan los minutos, el baño de sangre que uno anticipa se va postergando y aunque al final Smokin' Aces contiene una secuencia sumamente violenta, donde al menos una docena de personas muerde el polvo, la sensación final es de insatisfacción, como una sexoservidora que cobra una suma respetable, se tarda demasiado en quitarse la ropa y ya estando en el colchón no se mueve.
Creyendo que su argumento tiene resonancias míticas Carnahan incluye una subtrama que apunta a un legendario agente secreto del FBI que logró infiltrarse en la Cosa Nostra como nadie jamás lo había hecho. Esto le sirve al guionista para meter una vuelta de tuerca casi al final que en teoría es muy sorprendente y en la práctica se veía venir desde media hora antes. Peor, Carnahan remata con otra sorpresa en la última escena, algo que supongo tenía la intención de ser conmovedor y trágico, contando para ello con una inesperadamente buena actuación de Ryan Reynolds (tal vez lo recuerden de churritos como Blade 3 y The Amityville Horror). No le sale porque uno tiene la incómoda impresión de que le hicieron trampa. A decir verdad esta última jugarreta de Carnahan no es tan obvia o ilógica como las que le dieron fama y fortuna a M. Night Shyamalan, sólo que después de ver tantos finales que le dan la vuelta a la tortilla en el último minuto esperaba algo mejor. Cuantimás porque a la cinta le sobran como veinte minutos y con eliminar ese final-final sería menos pesada.
Escena y spot de La Última Carta
Mel Brooks explicaba así la diferencia entre tragedia y comedia: tragedia es cuando me lastimo un dedo, comedia es cuando te caes a un barranco y te mueres. No por nada el trauma testicular es uno de las bases del cine cómico. Nada hay más hilarante que el sufrimiento ajeno y esa es otra cosa que le faltó a Smokin' Aces para funcionar mejor. El abogado pasotas interpretado por Jason Bateman y los neonazis kamikaze tienen su gracia. La molestia de Buddy Israel al despertar de una peda épica y encontrar su ropa favorita impregnada con semen que no es suyo también es divertida. Hay frases que se acercan al cinismo necesario para ofrecer la dosis de sano esparcimiento por el que uno paga su boleto, como cuando Georgia y Sharice (Taraji Henson, tal vez la recuerden en la extraordinaria Hustle and Flow) explican que su plan para matar a Israel se puede explicar con una sola palabra: panocha. O como ellas lo dicen: "Pussy. Israel likes pussy. And we like that he likes pussy." Si esta desfachatez se extendiera al resto de los parlamentos Smokin' Aces sería más entretenida, por desgracia Carnahan sólo la incluye para aligerar un poco su espeso dramatis personae. Y que alguien me explique por favor qué tiene que ver el niño hiperactivo con el resto de la historia.
Al menos en su aspecto visual Smokin' Aces es un espectáculo digno, con subtítulos, filtros locos, inusuales ángulos de cámara, edición intoxicada, etc. Todos los trucos que un cineasta como Tony Scott emplea habitualmente. Eso y la fotografía de Mauro Fiore pueden hacer que valga la pena para un rato de flojera pero incluso para el poco exigente subgénero de las grandes armas y las grandes tetas la película de Carnahan sabe a poco. Como mencioné al recomendar Crank este es justamente el tipo de cine que me gusta, el trailer me hacía esperar algo memorable y cuando llegó el momento de verla no pude evitar la decepción, como cuando la puta se quita el chichero y resulta que era wonderbra.

