Hollywood
Colorín Colorado
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 22, 2007)
"¡Del productor de Shrek!" gritan los anuncios. Sudo frío al recordar ese par de espantosas parodias de los cuentos de hadas que cayeron en las garras de Walt Disney y me pregunto si Colorín Colorado es tan mala como el modelo al que tan descaradamente quiere imitar. Ya de por sí es deprimente que el cine de animación, el que mayores posibilidades tiene al no estar limitado por escenarios y actores reales, haya caído en un ciclo de repetición automática de los dos o tres títulos que tuvieron éxito en taquilla, gracias a los escuincles que llevan arrastrando a sus progenitores al cine a presenciar treinta veces el mismo espectáculo... y que la volverán a ver otras cincuenta en DVD.
Podría aprovechar la ocasión para enumerar todas las razones por las que considero a Shrek y en particular a su secuela como dos de las peores películas que haya soportado hasta la fecha. Colorín Colorado se apega tanto a la fórmula dizque ingeniosa del ogro verde y su borrico que bastaría con eso para describirla y al mismo tiempo evitarme el suplicio de la inminente tercera parte de la que será seguramente la trilogía menos divertida en la historia del cine. El problema es que si hiciera eso perdería la oportunidad de confirmar las sospechas de mis detractores diciendo que Colorín Colorado no me pareció tan mala y que la prefiero a Shrek.
Como se puede ver en el trailer no hay absolutamente nada nuevo aquí. La intención de poner de cabeza los cuentos de hadas que Disney homogeneizó se promete pero no se cumple (¡como en Shrek!), no hay un solo chiste que no haya sido utilizado ya en películas, series de televisión y hasta comerciales (¡como en Shrek!), los actores que le ponen voz a los monigotes animados no hacen el menor intento por despojarse de su personalidad para construir un personaje (¡como en Shrek!), hay referencias a la cultura popular actual que ya eran obsoletas cuando los dibujantes pusieron manos a la obra (no tantas como en Shrek) y el guión es tan predecible que desde la primera escena ya se sabe en qué va a terminar la historia (en eso no se parece a Shrek, que ni siquiera tenía una historia).
Para devolverle a los cuentos infantiles su crueldad original sólo había que tirar a la basura la insípida benevolencia de Disney y poner en su lugar la violencia de las versiones recopiladas por los hermanos Grimm, dejar por ejemplo que las hermanastras de Cenicienta se corten los dedos de los pies para tratar de calzarse la zapatilla de cristal o que el lobo feroz obligue a Caperucita a quitarse toda la ropa antes de ser devorada. Impensable en nuestros políticamente correctos e inexorablemente asépticos días que en una película infantil se incluya algo que no haya sido antes analizado por un batallón de especialistas para asegurarse de que no contenga nada que pueda perturbar las tiernas mentes de los chiquitines, como si los niños no fueran crueles por naturaleza y necesitaran aprender esto de las caricaturas.
Colorín Colorado apenas deja entrever la posibilidad de que los cuentos puedan tener un desenlace distinto al acostumbrado y llega incluso a coquetear con la idea de que alterar el status quo podría beneficiar a algunos personajes que en las versiones "correctas" aparecen sólo como extras. Prefiero esto a las pullas en contra de un rival de negocios que hicieron a Shrek tan insoportable y que muchos confundieron con una sátira inteligente. Colorín Colorado abre la puerta a la posibilidad de hacer una verdadera desconstrucción del género e inmediatamente se arrepiente, optando por marchar por el trillado sendero del humilde muchacho que toma en sus manos el destino del reino y de paso convence a la heroína que él es un mejor partido que el príncipe del cuento. Es sólo una fórmula pero al menos no se pavonea con ínfulas de reinventar un género.
Si los chistes de Colorín Colorado son tan antiguos como los de Jorge Ortiz de Pinedo al menos tienen la virtud de mantener las referencias a canciones y películas de moda al mínimo. Fuera de alguna secuencia donde los personajes adoptan el caló afroamericano son pocos los momentos en que se invoca algún elemento cultural ajeno a los cuentos de hadas para vestir a la cinta con un ropaje "innovador". Lo que queda entonces es una comedia del montón, con personajes que se desvanecen de la memoria del espectador al terminar la película y nada más. Lo prefiero a las pretensiones postmodernas que suponían que citar a Matrix en un contexto vagamente medieval era la cúspide de la creatividad. Otra ventaja de Colorín Colorado es que su moraleja es tan difusa que no alcanza la obviedad hipócrita de su modelo ("la belleza interna es lo que importa"), solamente tiene un ligero tufo clasista ("si el príncipe ricachón no te pela, asume tus limitaciones y confórmate con el mozo jodido pero guapetón que se ajusta a tu presupuesto"). Es mejor enseñarle a los niños a ser realistas para que no sufran decepciones más adelante, que aprendan a divertirse con un caballito de madera en lugar de añorar un Xbox. Así podrán aceptar más fácilmente que su esposa nunca se parecerá a las sabrosonas amas de casa de los anuncios y que su hogar jamás será tan grande y lujoso como en las telenovelas.
Técnicamante Colorín Colorado presenta descuidos en su animación y en el trabajo de los actores. Hasta la producción animada más modesta incluye alguna secuencia realmente espectacular (p.ej: el rompimiento de la presa en Open Season) y eso no aparece por ningún lado en Colorín Colorado. Recuerdo demasiado bien la "animación" de Hanna-Barbera y las primeras adaptaciones de Hulk y el Hombre de Hierro como para decir que esta película es fea. Los avances técnicos de unas cuantas décadas le proporcionan a la animación más barata un acabado que en otros tiempos menos afortunados no podíamos ni imaginar. Nadie va a confundir a esta cinta con una superproducción de vanguardia y el diseño de los personajes es poco inspirado (quitando a la madrastra malvada, que por alguna razón tiene las curvas de Jessica Rabbit), pero tiene el colorido suficiente para distraer a un espectador poco exigente.
Aclaro que nunca pensé en ver la versión doblada al chilango de Colorín Colorado. Para este comentario me baso en la versión hablada en inglés. Soy alérgico al doblaje, me salen ronchas cada vez que oigo a un actor de quinta queriendo sustituir a los originales y por eso tuve que hacerlo. Espero lo comprendan. Fuera de Sigourney Weaver, que interpreta a la madrastra de Cenicienta con malévola enjundia, el resto del elenco apenas cumple. Sarah Michelle Gellar y Freddie Prinze Jr. son particularmente malos en los papeles principales. Es como si el productor hubiera viajado a Cancún para sorprender a cualquier parejita de springbreakers y los pusiera, todavía borrachos, frente a un micrófono para que grabaran las voces de Ella y Rick. Su acento de adolescente gringo es tan pronunciado que uno nunca termina de aceptar que está oyendo a la Cenicienta y al humilde siervo que le lustra las botas al vacuo príncipe con el que Patrick Warburton repite su eterno papel de fortachón descerebrado.
Sólo me falta mencionar la principal razón por la que Colorín Colorado es superior a Shrek: ¡no hay canciones de Smash Mouth ni de Counting Crows!
Sitio Oficial:
www.happilyneverafterthefilm.com
