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Un Juego contra el
Destino
UN JUEGO CONTRA EL DESTINO
(Gridiron Gang)
Dirección
:
Phil Joanou
Guión:
Jeff Maguire, basado en el documental de Lee Stanley
Producción:
Neal H. Moritz, Lee Stanley
Fotografía:
Jeff Cutter
Música:
Trevor Rabin
Edición:
Joel Negron
Elenco:
Dwayne "The Rock" Johnson (Sean Porter), Jade Yorker (Willie Weathers), Xzibit (Malcolm Moore), Leon Rippy (Paul Higa), Kevin Dunn (Dexter), David Thomas (Calvin Owens), Trevor O'Brien (Kenny Bates), Setu Taase (Junior Palaita), Brandon Mychal Smith (Bug), Jurnee Smollett (Danyelle)
EE.UU., 2006, Columbia Pictures / Original Film / Relativity Media / Visual Arts Entertainment, 126 min.

Sitio Oficial

Otras opiniones:


Hollywood

Un Juego contra el Destino

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(mayo 1, 2007)

Una fórmula que no había mencionado hasta ahora es la del maestro idealista que inspira a una runfla de vagos para dejar atrás sus malos hábitos, adquirir confianza en sí mismos y aprender a trabajar en equipo para ganar el juego más importante de la temporada / el concurso de talento local / el premio Nobel. Como todas las fórmulas que se repiten hasta la saciedad en el cine, su existencia no se debe a la falta de creatividad de los guionistas de Hollywood -explicación favorita de los villamelones- sino al simple hecho de que los ejecutivos de los grandes estudios no son hermanas de la caridad, deben responder a las expectativas de los accionistas con películas que generen ganancias y no con chaquetas mentales que sólo sirven para alimentar el ego de sus creadores. Por eso Un Juego contra el Destino debe considerarse una buena película.

Tampoco se puede repetir la fórmula sin más ni más. Debe incluirse algún elemento que la distinga, sin rebasar los límites preestablecidos, ya sea llevándola hacia la comedia o con elementos dramáticos, tal vez tomados de la vida real. Escuela de Rock es un ejemplo de lo primero y Un Juego contra el Destino de la vertiente dramática. El productor de Gridiron Gang es el mismo responsable de filmar un documental en 1993 que trataba el caso de Sean Porter, empleado de una prisión juvenil en California quien desesperado por las altas tasas de reincidencia y mortalidad en los jóvenes supuestamente "rehabilitados" tuvo la idea de crear un equipo de futbol americano para inculcarles disciplina, respeto por sus compañeros y un sentido de responsabilidad erosionado por su pertenencia a diversas pandillas criminales.

Si sospechan que una historia así es demasiado perfecta tienen razón. En la vida real el equipo de americano fue un subproducto de un proyecto anterior por crear algo similar alrededor del basketball. Además, hubo un primer intento por motivar a los internos con el futbol americano pero se trataba de un equipo más pequeño que nunca llegó a enfrentar a escuelas locales. Otras cosas fueron evidentemente producto de la imaginación del guionista, como la desconfianza entre dos integrantes de pandillas rivales que se convierte en amistad. Por si alguien no entendió la moraleja uno de los jugadores tiene el jersey núero 13 y su contrincante el 31. En la película tampoco se incluyen detalles menos positivos, como las tentativas de escapatoria de algunos miembros del equipo aprovechando que los Mustangs debían jugar siempre como visitantes a falta de un estadio propio.

Algo que parece inventado pero se apega a los hechos es la relación del coach Porter con su madre, quien sufría una enfermedad terminal y murió a la mitad de la primera temporada formal de los Mustangs. De esta forma lo que parece el típico sentimentalismo hollywoodense está anclado en la realidad, contribuyendo a la eficacia de la cinta. Se incluyen también escenas de violencia en las calles de la ciudad, donde las venganzas entre pandillas y la falta de oportunidades llevan a muchos adolescentes a la cárcel. En muchas películas con temática similar los realizadores prefieren quitarle importancia a los crímenes de los personajes. De ahí que Un Juego contra el Destino sorprenda por la crudeza de ciertas escenas, dirigiéndose con respeto hacia sus protagonistas pero sin olvidar que están en la cárcel porque cometieron robos y asesinatos. Lejos de la demagogia redentorista que siempre le echa la culpa del delito a la pobreza, como si los pobres no tuvieran capacidad de decisión y estuvieran todos condenados a perjudicarse mutuamente (y en menor medida a los ricos), en esta película se nos dice, por ejemplo, que el aguador del equipo, un niño sonriente y dicharachero, está en prisión porque apuñaló a una viejecita para robarle.

Otra cosa que parece inventada son los discursos con los que el coach motiva a sus jugadores. Están llenos de frases que a los guionistas de Hollywood les encanta meter en sus parlamentos, provocando en la mayoría de los casos pena ajena, pero aquí funcionan porque son exactamente el tipo de sermones que los entrenadores usan en la vida real. Durante los créditos finales aparecen escenas del documental de 1993 donde vemos al auténtico Sean Porter repetir cada palabra de lo que le escuchamos antes a The Rock. Decir que esta es la mejor actuación hasta la fecha de Dwayne Johnson parece ironía pero quien lo haya visto antes en películas como The Scorpion King o The Rundown ya sabe que el ex-luchador tiene, además de presencia, cierta facilidad para el humor que le permite representar adecuadamente a personajes como Sean Porter. El hecho de que Johnson haya jugado futbol americano a nivel colegial también ayuda. En su paso por el emparrillado debe haber escuchado muchos discursos como el del coach Porter en Gridiron Gang.

El problema con llevar el futbol americano a la pantalla es que una gran parte de este deporte consiste en jugadas de corto yardaje que sirven para obtener una mejor posición en el terreno de juego o para consumir minutos en el reloj. Además, existen tantas variantes que es imposible transmitir la complejidad de cada táctica y al mismo tiempo contar una historia. Por eso en las películas de americano, y Gridiron Gang no es la excepción, parece que cada jugada produce un balón suelto, un touchdown o al menos una fractura expuesta. Cuando los Mustangs vuelven a enfrentar al equipo que los humilló al principio de la temporada (como era de esperarse) todo conduce a un momento dramático en el que un receptor abierto corre hacia las diagonales tras atrapar un pase profundo del quarterback, la cámara lenta (con sacudidas para darle mayor realismo) lo sigue de cerca mientras los esquineros le van cerrando el paso, hasta que... Como dije al principio, Un Juego contra el Destino es una película de fórmula, y aunque en la vida real hubo un juego similar cuando los Mustangs llegaron a la final, el equipo perdió en el último cuarto debido a errores y castigos. Sería más verídico que la película terminara así pero no creo que nadie se sintiera satisfecho si el desenlace se resolviera con quince yardas de castigo por un foul personal que sacaran a los Mustangs de la distancia para intentar un gol de campo con sólo un segundo en el reloj y ya sin tiempos fuera. Por algo existen las fórmulas.