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El Marine
EL MARINE
(The Marine)
Dirección
:
John Bonito
Guión:
Michell Gallagher, Alan B. McElroy
Producción:
Kathryn Sommer Parry, Joel Simon, Jonathan A. Winfrey
Fotografía:
David Eggby
Música:
Don Davis
Edición:
Dallas Puett
Elenco:
John Cena (John Triton), Robert Patrick (Rome), Kelly Carlson (Kate Triton), Anthony Ray Parker (Morgan), Abigail Bianca (Angela), Jerome Ehlers (Van Buren), Manu Bennett (Bennett), Damon Gibson (Vescera), Christina Lindley (tanga roja)
EE.UU., 2006, WWE Films, 91 min.

Otras opiniones:


Hollywood

El Marine

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(mayo 26, 2007)

Una película de acción que recuerda en mucho a títulos ochenteros de la talla de Cobra y Commando. O lo que es lo mismo: muchas explosiones, muchos balazos, poco seso. Segundo subproducto de la WWE Films, El Marine comparte las características esenciales que le han dado al estilo de lucha libre promovido por Vince McMahon una gran popularidad entre el público de todo el mundo. Es una babosada que no engaña ni a un recién nacido, pero no por eso deja de de ser entretenida.

Al principio parece que El Marine será una muestra de patrioterismo desaforado en un momento en que el ejército gringo resiente el desgaste de la resistencia iraquí. Al Pentágono cada vez le cuesta más trabajo cumplir con su cuota de voluntarios y es lógico suponer que estamos ante una herramienta de reclutamiento apenas disfrazada de película de acción. Los primeros cinco minutos apuntan en esta dirección. Un letrero ubica las acciones en un campamento de Al Qaeda donde tres marines anónimos están a punto de ser degollados por unos diabólicos terroristas. El supersoldado John Triton (adivinen quién), desoyendo las órdenes de sus superiores, interrumpe las festividades masacrando a los extremistas, entre ellos uno que estaba armado sólo con la cámara de video para grabar la ejecución. En realidad, el episodio en Irak dura poco, lo que nos impide ver a Triton torturando prisioneros o violando niñas. Inmediatamente después entramos al terreno de la fantasía cuando el ejército norteamericano recompensa a Triton con una patada en el trasero, cuando en la vida real el Pentágono ha inventado toda clase de mentiras para convertir en héroes a Pat Tillman o a Jessica Lynch, en un claro intento por aminorar la desilusión de los gringos ante la guerra en Medio Oriente.

Una vez cumplida la ración de patrotismo, tal como entienden el concepto nuestros vecinos del Norte, pasamos a una historia de lo más convencional, donde una torpe banda de asaltantes roba un cargamento de diamantes, mata a varios policías y termina secuestrando nada menos que a la esposa de John Triton en su loca huida. Dado que el argumento es sólo un pretexto para incluir la mayor cantidad posible de hechos violentos es inútil fijarse en las incoherencias, como el hecho de que al robar los diamantes los malos dejan vivir al menos a una decena de testigos que podrán identificarlos sin problemas y más adelante asesinan al empleado de una gasolinera nomás porque sí. De cualquier manera, la lógica y las mismas leyes de la física tienen poco que ver en una película donde John Cena sobrevive a tres o cuatro explosiones sin un rasguño, aunque por lo que se puede apreciar en la pantalla parece que los edificios que estallan habían sido construidos con nitroglicerina. Para seguir con la exageración hay una escena donde Triton persigue a los malos en una patrulla, ellos lo reciben con cientos de balazos que dejan al vehículo como cedazo mientras que a nuestro héroe no le toca ni un rozón.

Al idear un protagonista invencible a los guionistas se les olvidó que era mucha pieza para un puñado de ladrones que además se matan entre ellos. Para rellenar la película tuvieron que meter con calzador a un par de contrabandistas que capturan a Cena, sucumben ante sus aptitudes luchísticas y desaparecen de la historia en la siguiente escena. Con un luchador profesional como protagonista, las peleas repiten el esquema de la WWE. Los contrincantes reciben sin chistar puñetazos que deberían fracturarles la mandíbula, aprovechan cualquier oportunidad para saltar por los aires y al final el malo se deja ganar. Sólo falta que a uno de ellos le rompan una silla en la cabeza. Como de costumbre en el cine gringo de acción, hay demasiados cortes que impiden ver con claridad los madrazos, aunque esto es una queja menor tomando en cuenta que el relato se mueve con buen ritmo, sin darle al público un respiro para notar que el argumento es más bien flojo.

John Cena tiene el aspecto y el talento histriónico de un gorila rasurado. Se desempeña aceptablemente en las secuencias de acción pero apenas y logra darle la réplica a los actores profesionales que lo rodean. Tampoco tiene el carisma de un compañero de profesión como The Rock por lo que su carrera cinematográfica, en caso de continuar, deberá transcurrir en modestas producciones para el mercado del video. A diferencia del cine de acción de los ochenta, aquí John Cena nunca desliza comentarios irónicos, al estilo de Bruce Willis o Schwarzenegger. En cambio, Robert Patrick compensa al inexpresivo Cena con una caricaturesca sobreactuación donde al menos ejercita su sentido del humor, dando pie además a una referencia a su papel en Terminator 2. Igual que en la WWE, donde hay lucha libre femenina como pretexto para exhibir mujeres exhuberantes, aquí hay un par de actrices cumpliendo la función de atractivo visual. Los que las prefieren rubias pueden disfrutar la presencia de Kelly Carlson, más conocida por la serie Nip/Tuck, mientras que la australiana Abigail Bianca le da gusto a los que favorecen a las morenas.

El director debutante John Bonito, con experiencia previa filmando comerciales, le imprime a cada escena una edición demencial. Esto ya es normal cuando hay balaceras o persecuciones a alta velocidad, pero el director lo emplea hasta en las conversaciones más sencillas, como cuando Triton discute con un amigo las ventajas de su nuevo empleo y cada frase va acompañada de un corte. El otro aspecto notable de la dirección es que nada queda a la interpretación del espectador. Hasta en las comedias más simples hay al menos un par de detalles que se sugieren mediante la edición o mostrando a un actor en un segundo plano. En El Marine no hay lugar para tales sutilezas. Tal vez temiendo que los aficionados a la lucha libre tendrían problemas para seguir una historia tan intrincada, nos encontramos con el extraño caso de una película donde no hay un sólo diálogo ni una sola imagen que exijan el menor esfuerzo por parte del público. Cuando parece que el director decidió confiar en la capacidad del espectador, mostrando en primer plano a Robert Patrick explicándole por teléfono a su socio que en ese momento está muy ocupado mientras en el fondo se observa a Abigail Bianca quitándose la ropa (sin mostrar nada indebido, El Marine es sana diversión para toda la familia), a continuación vemos las piernas de la mujer frente a la cámara y a Patrick en segundo término examinando lo que está a punto de merendarse. Por si alguien no lo había entendido.

Por esto mismo la película es ideal para esos momentos de flojera en que uno quiere presenciar un espectáculo primitivo, violento pero no demasiado caótico, con un par de bizcochitos y unos cuantos chistes bobos. No se puede negar que El Marine es un churro. Tampoco que hay peores formas de desperdiciar hora y media en un cine.

Sitio Oficial:
www.themarinemovie.com