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Déjà Vu
DEJA VU
Dirección
:
Tony Scott
Guión:
Bill Marsilii, Terry Rossio
Producción:
Jerry Bruckheimer, Missy Papageorge
Fotografía:
Paul Cameron
Música:
Harry Gregson-Williams
Edición:
Chris Lebenzon
Elenco:
Denzel Washington (Doug Carlin), Paula Patton (Claire Kuchever), Val Kilmer (Agente Pryzwarra), James Caviezel (Carroll Oerstadt), Adam Goldberg (Denny), Elden Henson (Gunnars), Erika Alexander (Shanti), Bruce Greenwood (Jack McCready)
EE.UU., 2006, Jerry Bruckheimer Films / Scott Free Productions / Touchstone Pictures, 126 min.

Otras opiniones:


Hollywood

Déjà Vu

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(mayo 30, 2007)

El típico thriller gringo con una embarradita de ciencia ficción. La anterior colaboración del director Tony Scott y el actor Denzel Washington, Hombre en Llamas, me gustó pese a que la trama era pan con lo mismo. Ahora vuelven a las andadas con una historia que muestra cierta ambición, que es muy entretenida, vistosa y todo lo que se espera de este tipo de producciones, pero que al final contiene demasiadas incoherencias, algo que por otra parte suele suceder con los relatos de viajes en el tiempo.

Nadie puede acusar a Déjà Vu de ser poco espectacular. La primera escena nos muestra un atentado contra un ferry de la Marina gringa en una Nueva Orleans que apenas se recupera tras Katrina y aquello es una orgía de explosiones, gritos, metal retorcido, cuerpos que caen al agua, niños güeritos que se chamuscan, fuerzas de rescate superadas por la magnitud de la tragedia. Es como una fantasía erótica de Osama Bin Laden. Acto seguido entra en escena el héroe de esta película, un agente federal de nombre Doug Carlin (interpretado obviamente por Denzel Washington) que espanta de tan eficiente, como lo puede constatar un agente del FBI (interpretado por lo que queda de Val Kilmer) que de inmediato lo recluta para un proyecto ultrasecreto que puede ser la clave para atrapar al que puso la bomba que mató a 500 personas.

Al principio a Carlin le dicen que el gobierno tiene satélites con la capacidad de grabar absolutamente todo lo que sucede en una locación determinada. Esto produce tanta información que es imposible almacenarla, por lo que deben examinar el video y el audio de lo que pasó en Nueva Orleans con cuatro días de retraso, sin la posibilidad de volver atrás y con la certeza de que el o los terroristas deben estar ya en vías de escapar a un sitio donde las agencias norteamericanas no puedan alcanzarlos. Una serie de sucesos extraños le hacen pensar a Carlin que la clave es el cadáver de una joven mujer, identificada como Claire Kuchever, que fue arrojada al río minutos antes de la explosión, con la intención evidente de borrar las huellas del asesinato. Carlin cree que si encuentran al homicida de la chica encontrarán también a los culpables del atentado.

Todo esto, que es un poco más complejo que el típico thriller hollywoodense, Tony Scott lo maneja con su habitual dominio del lenguaje videoclipero, que tiene la virtud de comunicar muchos datos en muy poco tiempo. Mientras otras películas de su género deben recurrir a diálogos donde los personajes se explican mutuamente cosas que ya saben, para que el espectador no se pierda, Scott sabe que se puede transmitir la misma información con una combinación adecuada de imágenes, sonidos y palabras, lo que además le confiere a la cinta un acabado más vistoso, un ritmo más acorde con las necesidades del thriller. Otra ventaja de este enfoque es que en una película con elementos de ciencia ficción es más fácil emplear la técnica del choro mareador para que el público no se percate de que las explicaciones son un poco bastante ilógicas.

Mientras la historia se enfoca en los esfuerzos para identificar y atrapar al culpable del atentado Déjà Vu funciona muy bien. Tony Scott le da rienda suelta a su fetichismo tecnológico, la secuencia de la investigación nos da una buena idea de cómo podría funcionar un aparato así, las pistas se acumulan mientras Carlin utiliza al máximo su capacidad de observación, hay una buena dosis de suspenso y hasta una persecución desfasada por las calles de Nueva Orleans. No obstante, falta una pieza que a medida que avanza la película va adquiriendo mayor importancia hasta provocar que todo el relato se aleje de la originalidad que había exhibido hasta el momento en favor de una fórmula ya muy vista.

Al principio se menciona que nuestro héroe, el superagente Doug Carlin, no tiene familiares, ni mascotas, ni amigos, ni nada que no sea su trabajo. No sería la primera vez que un detective cinematográfico está tan dedicado a su empleo que no tiene ni perro que le ladre. Pero aquí es diferente. Poco a poco nos damos cuenta de que esto es un recurso de los guionistas para justificar el aspecto más frágil del guión. En términos teóricos es lo que se conoce como abrir un hoyo para tapar otro. Esto no significa que Déjà Vu no sea entretenida, por supuesto. Si hablamos de cine palomero vale mucho la pena. Sólo que para hacer eso termina con una moraleja muy dudosa, convirtiendo a su héroe en un egoísta desgraciado que se interesa más por su bienestar que por el de 500 personas. Para explicar exactamente por qué tengo que mencionar algunos detalles de la trama que tal vez no quieran conocer antes de ver la película. Que conste.

Resulta que el superagente Doug Carlin, que es muy observador, se da cuenta que Claire Kuchever, la pista más importante que tienen en ese momento, a veces se comporta como si pudiera sentir que alguien la está observando. Al confrontar al resto del equipo, los técnicos admiten que la tecnología que están usando es una ventana al pasado, pueden observar lo que sucedió cuatro días antes en tiempo real. Cuando Carlin les pregunta si no podrían utilizar este aparato para alterar el pasado le responden que es demasiado arriesgado, que se necesitaría demasiada energía y que no se atreven porque son comparsas y no el héroe de la película. Total, que el superagente Doug Carlin, por sus purititas pistolas, hace un experimento para demostrar que se puede mandar un mensaje al pasado (sin importarle la posibilidad de arruinar el equipo, que debe ser carísimo). Por fin, los demás le hacen caso y logran mandar un recado con la idea de que sea el mismo Carlin quien lo lea. Con tan mala suerte que lo recibe quien no debe y acaba asesinado por el terrorista, aunque no queda claro si esta persona iba a morir de todos modos.

Es aquí donde los guionistas usan la soledad del superagente Doug Carlin para que la película se ajuste lo más posible a la fórmula hollywoodense. Es obvio que nuestro héroe se está enamorando de la difunta Claire Kuchever, que era una morenita muy guapa, y por eso cuando descubre que puede alterar el pasado piensa inmediatamente en salvarla. Yo sé que jalan más dos tetas que dos carretas, que todos hemos cometido tonterías con tal de impresionar a una mujer y que en una película de Hollywood tiene que haber romance a la de a fuerza. Pero esto no quita que el superagente Doug Carlin, "nuestro héroe", se preocupa exclusivamente por rescatar a Claire. En otras palabras, nunca piensa en salvarle la vida a las otras 500 personas que murieron en el atentado. Todos sus esfuerzos van dirigidos a impedir que Claire sea asesinada, los demás que se jodan. Quién sabe qué hubiera pasado si Claire Kuchever fuera gorda y fea.

Hay otras incongruencias, que se deben a la mezcla de fantasía y realidad que intenta Déjà Vu. En la historia se mencionan los estragos de Katrina en Nueva Orlenas, por lo que uno supone que el relato transcurre tras los atentados del 11 de septiembre y la invasión a Irak. El problema con esto es que el gobierno de Estados Unidos inmediatamente identificaría un atentando como el que ocurre en la primera escena como obra de extremistas musulmanes, un factor que la película ni siquiera menciona. Eso provocaría que el equipo a cargo de la ventana al pasado perdería el tiempo tratando de localizar sospechosos con aspecto árabe, cuando la verdad es más parecida a la bomba en Oklahoma, producto de terroristas domésticos. Tampoco se entiende por qué el atentado es un acto individual y no un esfuerzo colectivo, como sucedió justamente en Oklahoma, lo que además le daría más elementos a la trama sin necesidad de recurrir a las calenturas del superagente Doug Carlin. Sé que todas estas objeciones son inútiles desde el momento en que la película postula la existencia de un gobierno norteamericano tan eficiente que a escasos minutos del atentado ya tienen agentes especializados en el lugar del suceso, cuando en la vida real el Department of Homeland Security es todo lo contrario.

Claro que las otras películas de ciencia ficción que tratan de viajes en el tiempo han tenido que lidiar con los mismos problemas de lógica, desde Journey to the Center of Time hasta Donnie Darko, pasando por Terminator. Lo que no deja de sorprenderme es que hay una modesta película de serie B, filmada en 1994, que trata los mismos dilemas de Déjà Vu en una forma más inteligente. ¿Me creerán que es de Jean-Claude Van Damme?

Sitio Oficial:
dejavu.movies.go.com