Hollywood
El Descanso
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(junio 7, 2007)
La comedia romántica es un buen ejemplo de cómo el cine comercial debe mantener un equilibrio entre la realidad y la ficción. Este género consiste en cuentos de hadas donde se cumplen los sueños de sus protagonistas y al mismo tiempo deben estar anclados en una realidad reconocible para que el público pueda identificarse con ellos. Demasiado lujo hace que se pierda el encanto. Esto es exactamente lo que pasa con El Descanso, donde el narcisismo hollywoodense se despega del piso hasta perderse en la estratósfera del autohomenaje.
En los primeros cinco minutos, gracias sobre todo a Kate Winslet, parece que la película mantendrá cierto contacto con el mundo real. El personaje de Winslet, Iris, es columnista de un periódico londinense y durante los últimos dos años ha tratado sin éxito de superar su rompimiento con Jasper (Rufus "I have cruel parents" Sewell), el compañero de trabajo con el que mantiene una recelosa amistad que le impide olvidarlo. Cuando Jasper aprovecha la fiesta de fin de año de la oficina para anunciar su próximo casamiento con otra mujer, Iris se deprime al grado de considerar el suicidio, hasta que se le ocurre que un cambio de ambiente le haría bien. Con tal fin pone un anuncio en internet ofreciendo un canje temporal de residencia, su -improbablemente- pintoresca casa en Surrey a cambio de otro domicilio, entre más lejos mejor.
El otro lado de la ecuación, donde la película empieza a tambalearse, es Amanda (Cameron Diaz), una exitosa publicista de Los Angeles especializada en crear trailers para blockbusters con Lindsay Lohan y James Franco. La directora y guionista Meyers introduce al personaje en el momento en que corta con su novio (Edward Burns) por una presunta infidelidad. De entrada Meyers concibe al personaje como un manojo de neurosis, un caso clínico de megalomanía con la disposición y los modales de un dobermann hambreado. Para echarle limón a la herida, Amanda es interpretada por una Cameron Diaz más estridente y sobreactuada que nunca. En esas circunstancias es inverosímil que Edward Burns trate de convencer a Amanda de que no lo eche, cuando cualquier hombre normal le daría gracias a Dios por librarlo de semejante alimaña.
La película nunca se recupera del contraste entre Kate Winslet, que es simpática hasta en los momentos en que el guión le indica conductas estereotípicas, y Cameron Diaz, que aparte de fea y plana es una patada en los huevos. Incluso la parte que transcurre en Los Angeles tras el intercambio de casas, donde Iris hace amistad con un antiguo guionista (Eli Wallach) y empieza a enamorarse de un compositor de soundtracks de películas (Jack Black), flaquea por la necedad de Meyers de transformar un trillado mensaje de superación personal en una especie de panfleto a favor del Hollywood clásico. La premisa básica, con todo y que es poco original, podría funcionar si Meyers se enfocara en narrar la forma en que Iris adquiere seguridad en sí misma hasta mandar a Jasper a freír espárragos. Por desgracia, las más de dos horas de metraje le proporcionan a la guionista y directora amplias oportunidades de criticar el Hollywood contemporáneo.
Tan convencida está Meyers de su mensaje que no se da cuenta de que está cometiendo el equivalente cinematográfico de escupir para arriba. Al poner en boca de Eli Wallach la manera en que los guionistas de antaño crearon obras clásicas como Casablanca lo único que Meyers consigue es llamar la atención sobre las carencias de su propio libreto. Cada referencia a los diálogos de otras cintas enfatiza la pobreza de sus propios parlamentos, llenos de confesiones melodramáticas y chistes desprovistos de ingenio. Otro tanto sucede con la banda sonora. Hay que tener mucha confianza para citar a John Williams y a Ennio Morricone en una película. Hay que ser medio tonto para hacerlo en una cinta donde el soundtrack es una mezcla indigesta de villancicos, rock alternativo, jazz y melodías que rivalizan en cursilería con la obra de Amparo Rubín.
Y eso es la parte rescatable de The Holiday. Cada vez que la película nos transporta a Inglaterra para presenciar lo que pasa con Amanda el poco interés que genera el guión desaparece para permitirle a Cameron Diaz ejercer sus dudosas dotes de comediante y para que Jude Law demuestre lo buen actor que es besándola sin hacer gestos y sin escupir en el suelo (recordando la reacción de Pedro Infante cuando tuvo que besar a Sarita Montiel: "¡pinche vieja, cómo apesta!"). La incapacidad de Meyers para imaginar la vida de la gente ajena a Hollywood la acompaña hasta Inglaterra, donde Amanda tiene frecuentes ataques de ansiedad donde imagina su vida como un trailer, con narrador y todo. Este detalle amenaza con transformar a la película en un ejercicio de ironía metanarrativa, al estilo de Charlie Kaufman, con la diferencia de que Meyers no tiene idea de qué hacer con su hallazgo y las alucinaciones de Amanda no pasan de ser un ingrediente más de un platillo poco apetitoso.
Es obvio que Meyers le dedica más tiempo a las aventuras de Amanda porque se identifica más con una ejecutiva de Hollywood que con una periodista londinense. El problema es que al romance de Amanda y Graham le falta cohesión. Al principio Meyers opta la vía fácil de ridiculizar los problemas que tiene Amanda para adaptarse a las costumbres inglesas, con humor físico de baja estofa empeorado por la torpeza de Cameron Diaz. Más adelante Meyers trata de darle mayor profundidad al personaje con un historial de traumas infantiles poco convincente. De igual forma, el personaje de Jude Law es presentado como un soltero despreocupado y media hora más tarde revela un lado sensible que no encaja con lo que ya habíamos visto. Da la impresión que Nancy Meyers está más interesada en plasmar en celuloide sus fantasías que en crear personajes coherentes. Lo peor es que la pareja de Cameron Diaz y Jude Law, igual que la de Kate Winslet y Jack Black, carece de química. No pensé ni por un momento que existiera alguna atracción entre ellos.
Una comedia romántica debe ser irreal, porque de otra manera sería demasiado mundana, pero eso no la excusa de tener un guión disperso, con cambios de tono que van del drama a la farsa, con personajes esquemáticos y sin actores adecuados para remediar las limitaciones de la escritora. Como si eso no fuera suficiente el pobre espectador de El Descanso debe además soportar la ingrata presencia de Cameron Diaz, creyendo no sólo que es simpática y vulnerable sino una empresaria exitosa. Me cuesta trabajo creer que Cameron Diaz sea capaz de amarrarse las agujetas, no se diga dirigir una empresa, y ya he dicho suficiente para dar a entender que tampoco la considero atractiva. A decir verdad Kate Winslet tampoco es mi prototipo de belleza, pero no dudo que El Descanso sería mejor si se enfocara en Iris y se olvidara de Amanda. Claro que sería todavía mejor si Nancy Meyers se dedicara a algo más productivo, como limpiar escusados, y le dejara el cine a alguien que sí tenga talento.
Sitio Oficial:
www.sonypictures.com/movies/theholiday/index.html
