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En Busca de la 
Felicidad
EN BUSCA DE LA FELICIDAD
(The Pursuit of Happyness)
Dirección
:
Gabriele Muccino
Guión:
Steven Conrad
Producción:
Todd Black, Jason Blumenthal, James Lassiter, Will Smith, Steve Tisch
Fotografía:
Phedon Papamichael
Música:
Andrea Guerra
Edición:
Hughes Winborne
Elenco:
Will Smith (Chris Gardner), Thandie Newton (Linda Gardner), Jayden Christopher Syre Smith (Christopher Gardner), Brian Howe (Jay Twistle), James Karen (Martin Frohm), Dan Castellaneta (Alan Frakesh)
EE.UU., 2006, Columbia Pictures / Escape Artists / Overbrook Entertainment, 117 min.

Otras opiniones:


Hollywood

En Busca de la Felicidad

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(junio 18, 2007)

Inspirada en la historia real de Chris Gardner, un sujeto que pasó de mendigo a millonario durante el reinado de Ronald Reagan, esta es la típica producción diseñada para ganar Oscares (o ya de perdida, nominaciones) y que disfraza un mensaje retrógrada con las capas de chocolate de los "valores familiares". Como casi todas las producciones de su tipo, es un melodrama sensiblero, tramposo y chantajista. Además hay que considerar que en Hollywood "inspirado en una historia real" equivale a "inventamos casi todo".

En Busca de la Felicidad disimula sus malas intenciones con la habilidad de un tahúr. El director italiano Gabriele Muccino aporta un toque más realista a la historia, poniendo especial atención en un aspecto que a Hollywood normalmente le pasa de noche: el dinero. Es poco común que una producción hollywoodense mencione algo tan vulgar, por lo general sus personajes siempre disponen de autos y departamentos muy por encima de sus salarios, por lo que las constantes referencias a la forma en que el protagonista debe ahorrar hasta el último centavo, pensándolo dos veces antes de comprarle un dulce a su hijo o poniendo pretextos para no prestarle cinco dólares a su jefe para pagar el taxi, son sorprendentes por su franqueza, la principal razón por la que algunos críticos han alabado la película, incluso comparándola con el clásico neorrealista El Ladrón de Bicicletas.

Pero para que el público se conmueva con la difícil situación de Chris Gardner primero es necesario que ignore ciertos aspectos de su personalidad que le quitan el halo de santidad que el guión de Steven Conrad se esfuerza en concederle y que Will Smith casi logra construir con su carisma. El paso previo es hacer caso omiso de la situación política y económica que se vivía en Estados Unidos a principios de los 80. Esto no significa que la trama debería interrumpirse cada diez minutos para dar paso a un documental, simplemente admitir que el gobierno de Ronald Reagan benefició a las clases altas con la teoría de que la riqueza se filtraría hasta los desprotegidos (lo que se conoció en su momento como "trickle-down economics"). La única aparición de Reagan en la película es durante una breve escena en la que Chris Gardner lo mira advirtiendo a los ciudadanos que la cosa se iba a poner dura. Otra aportación de Reagan fue cerrar hospitales psiquiátricos y echar a los pacientes a la calle, dato que traigo a colación porque en la cinta sí aparece un loquito que confunde un aparato médico del protagonista con una máquina del tiempo.

Otra cosa que curiosamente se omite es el aspecto racial. El hecho de que Chris Gardner fuera un negro tratando de colarse en el blanco mundo de los corredores de bolsa no amerita la menor explicación por parte de la película. En las últimas décadas se han puesto en marcha varios intentos en Estados Unidos por apoyar a las minorías raciales mediante algo llamado "affirmative action", que son leyes que obligan a las empresas, escuelas e instituciones de gobierno a darle un trato preferencial a negros, latinos y asiáticos. Esto ha provocado la molestia de algunos güeros que ahora alegan que son víctima de una especie de "discriminación negativa" (¡pobrecitos!). Creo que dedicarle un par de minutos al tema, en una cinta que dura casi dos horas, difícilmente haría que la historia fuera aburrida o pesada, pero la elección de los realizadores es apegarse a la situación familiar de Chris Gardner para ahorrarse cualquier controversia. En consecuencia, la película acaba adoptando una postura política que el público más avispado puede leer entre líneas sin ningún problema: el remedio para disminuir la pobreza no radica en las acciones del Estado sino en la benevolencia de las grandes empresas, al fin que siempre habrá una iglesia caritativa con los recursos y la voluntad para aliviar la miseria extrema de algunos (y los demás que se jodan).

The Pursuit of Happyness está basada en el libro autobiográfico del mismo título, que como es de esperarse contiene detalles poco halagadores sobre la vida real de Chris Gardner. De esta forma, nos enteramos que "nuestro héroe" no tenía dinero para alimentar a su novia y a su hijo, situación que lo angustiaba tanto que el pobre hombre se drogaba con sus cuates "para calmarse". Leyendo el libro también podemos enterarnos de la promiscuidad de Gardner, de hecho el niño que aparece en la película fue procreado con su novia cuando él todavía estaba casado con su primera esposa, pequeño dato sin importancia que en la pantalla nunca aparece. No soy de la Vela Perpetua ni mucho menos pero en mi opinión estos datos abollan la reputación del héroe de la fotonovela.

A todo lo anterior me imagino que alguien responderá que el mensaje de la película es el sacrificio que un padre está dispuesto a hacer por su hijo. Supongo que también me dirán que esta moraleja es tan bonita y positiva que las libertades que el guionista se tomó con la historia real de Chris Gardner carecen de importancia. El problema es que incluso si hacemos de cuenta que todo es inventado el protagonista del bodrio no logra salir del pantano con el plumaje limpio.

Todos los problemas que agobian a Chris Gardner en la película se deben a su falta de previsión. El tipo invierte todos sus ahorros en unos aparatos médicos pensando revenderlos a los hospitales y clínicas de San Francisco sin tomar en cuento que los doctores no los necesitan. Su esposa es la que paga el pato, trabajando todo el día para mantener al holgazán de su marido y para costear la guardería del niño, que sólo para darle más patetismo a la cinta se ubica en el Barrio Chino, por lo que el escuincle no tiene ni siquiera con quién jugar ya que sus compañeritos sólo hablan cantonés (en la vida real los hijos de los inmigrantes casi siempre dominan el idioma de su nuevo país). Más adelante se entera de que hay una oportunidad para entrar como aprendiz en una correduría, llena la solicitud y acude a la entrevista... lo único que no toma en cuenta es que deberá trabajar ahí seis meses sin percibir un sueldo (en realidad a Gardner sí le pagaban, aunque la cantidad no era suficiente para solventar todos sus gastos). Cuando parece que sus apuros económicos ya son cosa del pasado recibe una carta informándole que el gobierno lo va a dejar al borde de la quieba cobrando los impuestos atrasados directamente de su cuenta de ahorros. Todos estos dilemas se deben a la irresponsabilidad de Chris Gardner y por más que la película quiera convencernos de que es inteligente y trabajador la verdad es que el personaje da la impresión de ser todo lo contrario.

Donde la película se pasa de veras es al exponer por qué motivo el protagonista debía cuidar de su hijo de cinco años al mismo tiempo que trabajaba gratis en la correduría. Hay una escena clave que revela la hipocresía de En Busca de la Felicidad. Es cuando Linda Gardner (Thandie Newton), harta de su matrimonio, le informa a Chris que se va a Nueva York a trabajar en el restaurante de su cuñado y le dice que quiere llevarse al niño con ella. Para esto Chris carece casi por completo de ingresos, está a punto de embarcarse en un trabajo de tiempo completo donde sólo existe una ligera posibilidad de que le paguen dentro de seis meses, sus acreedores lo persiguen... y sin embargo su primera reacción al oír los planes de Linda es negarse a que su hijo acompañe a su mamá.

Este sujeto, que la película nos presenta como si fuera un padre ejemplar, prefiere exponer a su hijo de cinco años a una colección de viñetas melodramáticas que recuerdan las que sufría Pedro Infante en Un Rincón Cerca del Cielo. Cuando Chris insiste en que su hijo debe quedarse con él diciéndole a Linda "no vas a poder cuidarlo" uno piensa automáticamente "¿y tú sí?". Para justificar esta decisión la esposa de Chris es representada como una auténtica harpía, una traidora que en lugar de compartir las aspiraciones de su maridito le hace la vida imposible con sus quejas sobre la perpetua falta de dinero que los mantiene al borde del abismo. No es una casualidad que la esposa desaparezca de la trama tras esta escena, aunque el personaje de Linda Gardner sin duda representa el mayor logro de En Busca de la Felicidad. Con tal de convertir a Linda en una vieja odiosa los realizadores se las ingeniaron para que Thandie Newton se vea fea y eso sí que es una hazaña.

Sitio Oficial:
www.sonypictures.com/movies/thepursuitofhappyness