Hollywood
Ahora son 13
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(julio 9, 2007)
Ocean's Thirteen es un ejemplo de cómo la tercera entrega de una serie puede servir para redimirse de una secuela decepcionante. En la segunda película Soderbergh, Clooney y compañía se creyeron eso de que el mayor atractivo de la original era la camaradería entre actores famosos. De ahí la pésima idea de hacer a un lado la planificación del robo para meter más escenas donde el elenco nos enseñaba cómo se divierten haciendo estas cintas. Aquello era como si algún maniático hubiera tomado los extras del DVD para insertarlos al azar en la película. Para esta tercera entrega Soderbergh recuperó la cordura y regresó al esquema original: otra vez Ocean y su pandilla deberán intentar un atraco imposible. Para fortuna de todos a Julia Roberts la dejaron encerrada en su sarcófago, probablemente bebiendo la sangre de un recién nacido.
Es una mejora con respecto al episodio previo sin alcanzar el nivel de la primera entrega. Con Ocean's Eleven Soderbergh encontró un ritmo que le permitía pasar de una ocurrencia a otra sin excesiva premura y sin ahogarse con detalles innecesarios. Ayudaba mucho un guión lleno de incidentes, personajes y vueltas de tuerca, con espacio suficiente para incluir todo lo que los cineastas pensaron que sería divertido y a la vez estrecho como culo de novicia, donde todas las piezas encajaban sin dejar un resquicio para un diálogo o un chiste de más. La segunda parte era todo lo contrario y ahora la tercera consiste en dos secciones claramente delimitadas, una para mostrar todos los preparativos para la estafa y la otra para enseñarnos el plan en acción. La primera es un tanto amorfa, aunque al final todas las líneas argumentales se amarran (al menos hasta cierto punto) en la apertura se resiente la misma falta de ritmo que aquejaba a Ocean's Twelve.
Además de irregular, esta presentación incluye varios chistes que nomás no funcionan. Uno es la participación de los gemelos Malloy en una fábrica mexicana donde se maquilan los dados que se usarán en el casino que la banda de Ocean planea desfalcar. Algunos comentaristas se han quejado de que esta secuencia tiene un semblante ligeramente racista, lo cual depende más de la sensibilidad de cada espectador que de la película misma. La reacción que se tenga ante la huelga instigada por los Malloy dependerá del nivel de conciencia social de cada uno. El mío es inexistente y por eso esta parte de la historia sólo me pareció un chiste fallido. Mucho más grave es lo que los actores de Hollywood le hacen al idioma español. ¿Qué les hizo el castellano para que lo traten así, méndigos? Aquí es Casey Affleck el que masacra nuestro idioma, sin que nadie haga nada para evitarlo. Además, sus frases en dizque español están traducidas literalmente del inglés, para entenderlas hay que traducir cada palabra a ese idioma y luego reconstruir el sentido original de la oración en el guión firmado por Brian Koppelman y David Levien.
Otro aspecto donde los guionistas hicieron lo que se les antojó fue el de los personajes. En esto repiten una tendencia que ya se había hecho presente desde Ocean's Twelve. A decir verdad era muy difícil compaginar la especialidad de cada personaje con un robo distinto al de la primera película, motivo por el cual el oficio de cada integrante de la banda se renueva con cada capítulo de la serie. Así, el que en Ocean's Eleven era el experto en explosivos más tarde se convirtió en francotirador y ahora no sólo es un actor consumado sino que sabe pilotar un helicóptero. En este sentido al que peor le va es al chinito. En la primera cinta tenía lógica emplear a un acróbata, en la segunda su papel se limitaba a contestar los diálogos de los demás en mandarín y ahora para no excluirlo de la fiesta se tuvo que meter una escena donde aparece maniobrando en el cubo de varios elevadores, escena de escasa trascendencia. Es incoherente pero la única forma de corregir eso sería dándole a alguno de los miembros de la banda el don de la clarividencia, con lo que podría explicarse cómo le hace Ocean para adivinar el momento exacto en que los malos estarán en cada lugar a cada momento. En eso Ocean's Thirteen se parece más a las ridiculeces de James Bond que a su episodio original.
La serie se ha caracterizado por presentar nuevos actores en cada entrega y ahora el turno es para Ellen Barkin, en un papel un tanto sexista de ejecutiva reprimida, y Al Pacino como el magnate Willie Banks (y sí, el nombre se presta para unos juegos de palabras que ni Eugenio Derbez se atrevería a decir), la víctima de Ocean y sus cuates. Ambos actores entienden que en el universo de Ocean el realismo es una mala palabra y exageran los rasgos de sus personajes sin llegar a caer en la caricatura. Para alcanzar este equilibrio Ellen Barkin se sirve de su experiencia. En el caso de Al Pacino es más difícil adivinar cómo se las ingenió Soderbergh para prevenir otro de sus penosos ataques de sobreactuación. ¿Tranquilizantes de caballo? Quién sabe, lo importante es que Pacino nos hace recordar, así sea fugazmente, al gran actor que alguna vez fue.
Además de controlar a Pacino, Soderbergh también logra someter sus impulsos autocelebratorios. Hay que agradecerle que las referencias a otras películas se mantengan en un nivel casi subliminal, el espectador puede captarlas o no sin que esto afecte el espectáculo. Su lenguaje visual también es más sobrio que en la cinta anterior. Hay unos cuantos ejemplos de sobreimpresión, pantalla dividida y tomas aéreas, pero ya sin citas directas del cine europeo de los 60. Creo que la clave para que Ocean's Thirteen restablezca un poco de la magia de la original es la modestia. Relativa, por supuesto, ya que los egos del equipo creativo de la serie tampoco son cosa de risa. Me refiero a la humildad necesaria para reconocer que Ocean's Eleven era entretenida porque tenía un guión sólido y no tanto por la fama de sus actores. En esta tercera parte el guión es desigual, hay personajes que ya son intercambiables y persiste una arrogancia que descompone algunos momentos de la cinta. Si la recomiendo, pese a todo lo anterior, es porque no me cuesta ningún trabajo imaginar cómo sería esta película si Soderbergh y compañía se hubieran empecinado en sus errores: una historia donde Danny Ocean se reúne con sus amigos ya no para robar sino sólo para recordar sus viejas aventuras, con Robert De Niro haciendo el papel de un mafioso de poca monta casualmente idéntico a Robert De Niro y la participación especial de Paris Hilton as herself.
Sitio Oficial:
oceans13.warnerbros.com
