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Besando a Charlie
BESANDO A CHARLIE
(Gray Matters)
Dirección
:
Sue Kramer
Guión:
Sue Kramer
Producción:
Sue Kramer, Jill Footlick, John Hermansen, Bob Yari
Fotografía:
John S. Bartley
Música:
Andrew Hollender
Edición:
Wendey Stanzler
Elenco:
Heather Graham (Gray), Tom Cavanagh (Sam), Bridget Moynahan (Charlie), Alan Cumming (Gordy), Molly Shannon (Carrie), Sissy Spacek (Dr. Sydney), Rachel Shelley (Julia Bartlett)
EE.UU., 2006, Archer Entertainment / Bella Films / El Camino Picture, 92 min.

Otras opiniones:


Hollywood

Besando a Charlie

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(agosto 2, 2007)

Para apreciar al cine de fórmula bien hecho no hay nada como revisar lo que pasa cuando la fórmula se aplica mal. El gancho que la directora debutante Sue Kramer usa para darle vida a un guión que no tiene ni una pizca de originalidad es el lesbianismo. Pero no el tipo de lesbianismo que figura en Cinemax después de la medianoche, trágico error para todos los que esperaban ver a Heather Graham y Bridget Moynahan haciendo tortillas. El problema es que Kramer nunca entra de lleno en el tema gay, es sólo una treta para provocar revuelo.

Kramer le contagia su falta de imaginación a todo el equipo de Besando a Charlie. El cinefotógrafo John Bartley, por ejemplo, se conforma con iluminar correctamente el escenario, apuntar la cámara hacia los actores y echarse una siesta mientras las situaciones creadas por Kramer fracasan en su intento por ser graciosas, inesperadas o atrevidas. El letargo de la cámara se adapta a la perfección a la rutinaria puesta en escena de la directora, donde un perpetuo medium shot basta y sobra para registrar los movimientos del elenco. Además Kramer resiste a pie firme la tentación de agregar protecciones, cada vez que puede resuelve la escena en una sola toma, y si los cortes son inevitables éstos sólo obedecen al más primitivo campo/contracampo.

Para emplear un lenguaje cinematográfico tan plano uno debe tener mucha confianza en la fuerza de su libreto, que a su vez le permitirá a los actores desplegar todo su talento para que el espectador olvide el estatismo de la cámara. De otra forma se corre el riesgo de filmar un sitcom de hora y media. Y eso es justamente Besando a Charlie: un episodio extra largo de Will & Grace, con locaciones más variadas y sin risas grabadas. Pensándolo bien, es injusto comparar a Besando a Charlie con los programas de comedia de la tele. Injusto para los programas, claro, porque éstos son muy superiores al bodrio de Sue Kramer.

En cuanto a diálogos y diseño de personajes Kramer demuestra en Besando a Charlie que no tiene idea de lo que está haciendo. La protagonista, Gray (Heather Graham), es una publicista bobalicona con problemas para encontrar pareja, una patológica incapacidad para tomar decisiones (en los bares siempre trata de pedir todo a la vez), una relación codependiente con su psiquiatra y una inseguridad rampante que se traduce en un incesante parloteo. Es como Woody Allen con chichis y un trasero más firme. Los diálogos son peores. Inverosímiles, forzados, sin rastros de ingenio. Hay una escena terrorífica donde Molly Shannon menciona a Oprah, Weight Watchers y sus clases de spinning en apenas dos minutos. Aquello es como oír un destilado de todas las conversaciones que Sue Kramer ha tenido con sus amiguis en los últimos cinco años.

Un ingrediente esencial de toda comedias romántica que se respete es la presencia de personajes secundarios que sean un contrapeso para los protagónicos, por lo general demasiado involucrados en sus crisis emocionales para ser realmente divertidos. A veces los secundarios le comen el mandado a los principales, como sucedió en Soltero en Casa, donde Zooey Deschanel le robó cámara a Sarah Jessica Parker a pesar de estar envuelta en una subtrama realmente idiota. En Besando a Charlie los actores de reparto son Molly Shannon, odiosa en su papel de compañera de trabajo de Gray, Alan Cumming, tratando de darle sustancia a su personaje con un almibarado acento escocés, y Sissy Spacek, desperdiciada como una "locochona" psiquiatra cuya única gracia consiste en citar a sus pacientes en lugares públicos (un boliche, un muro de escalada).

Igual que Nancy Meyers en El Descanso, Sue Kramer no oculta su admiración por los grandes clásicos de Hollywood. Esto la lleva a saturar los diálogos con referencias a otras películas con el pretexto de que sus tres personajes principales son aficionados al cine norteamericano de los 40, a imitar los diálogos de la comedia screwball con los resultados que ya señalé e incluso a recrear una de las escenas de Till the Clouds Roll By, producción MGM de 1946. Es un error porque lo único que consigue es llamar la atención sobre la distancia que hay entre ella y los guionistas y directores que idolatra. Dudo mucho que dentro de cincuenta años los libros de historia de cine pongan a Sue Kramer en el mismo párrafo que Billy Wilder y Vincente Minnelli.

Probablemente para alguna chica que esté meditando la posibilidad de salir del closet Besando a Charlie tendrá algún interés. Para el resto de la humanidad sólo queda maravillarse ante una directora que toma una receta que parecería infalible (Heather Graham + lesbianismo = $$$) y elabora un churro tan desabrido.

Sitio Oficial:
www.graymattersmovie.com