Hollywood
El Vigía
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(septiembre 28, 2007)
El subgénero del atraco puede enfatizar la mecánica del robo, el método usado por los protagonistas para burlar las medidas de seguridad (como en Plan Perfecto de Spike Lee), o la personalidad de los criminales y la forma en que ésta interviene en el asalto (como en Bob le Flambeur de Jean-Pierre Melville). El Vigía, el debut como director del guionista Scott Frank (Sentencia Previa, Un Romance Peligroso), pertenece a la segunda categoría: su antihéroe es un joven con problemas mentales que es reclutado para robar un banco. Sin estar a la altura de los clásicos del género la película tuvo los méritos suficientes para llamar la atención en los festivales donde se presentó.
Trailer de El Vigía,
presentado por Jeff Daniels
Como es de esperarse, la base de la cinta es un sólido libreto que se toma su tiempo para delinear a cada personaje y que dosifica la violencia para acentuar su efecto. Quienes esperen un thriller a lo Crank: Muerte Anunciada pueden llegar a desesperarse con lo pausado de la historia, que ocupa una buena parte del metraje en describir a su protagonista. De esta forma puede apreciarse el contraste entre el Chris Pratt de la primera escena, un arrogante jugador de hockey cuya imprudencia provoca un accidente trágico, en el que dos de sus amigos mueren y que deja baldada a su novia. El mismo Chris sufre secuelas tanto físicas (es evidente que nunca volverá a ser un atleta destacado) como mentales (la más grave es el trabajo que le cuesta seguir una secuencia normal, abrir una lata de conservas es una misión casi imposible). Durante un buen rato presenciamos a un tipo que lo tenía todo y quedó reducido a un guiñapo sin posibilidades de llevar una vida normal. La extraordinaria labor de Joseph Gordon-Levitt en el papel principal, eludiendo las grotescas muecas que otros actores emplean para interpretar loquitos y cosechar premios, es la clave para que Chris Pratt sea un personaje creíble. Hay una zaherida sinceridad en sus gestos, en la resignada molestia con la que corrobora que volvió a dejar las llaves dentro del auto, que hace doblemente convincente el dilema del protagonista.
No obstante, justo cuando uno empieza a compadecerse del protagonista, otro personaje menciona un detalle sobre su vida anterior que indica que ese otro Chris Pratt no era la finísima persona que el guión, narrado hasta entonces casi exclusivamente desde su punto de vista, nos había presentado. El Chris Pratt que murió en el accidente era un tipo que podía lastimar a un contrincante en el último juego de la temporada a sabiendas de que una posible suspensión no iba a afectar tanto al equipo. A lo largo de la película Scott Frank subvierte las expectativas del público aportando información que cambia la idea que uno tiene de estos personajes. De esta forma, el tipo más valiente y astuto del relato es el ciego Lewis, compañero de cuarto de Chris que de inmediato nota las verdaderas intenciones de la seductora Luvlee Lemons, cuyo improbable nombre se explica por su profesión. Esta teibolera, personaje secundario que cumple una función limitada en la película y hace mutis cuando es preciso (aunque varios críticos se preguntaron por qué la heroína desaparecía antes del final de la historia; ¿porque no es la heroína, tal vez?) es una especie de femme fatale poco convencida, con remordimientos de conciencia provocados por Lewis que no le impiden emprender la graciosa huída antes de que las cosas se salgan de control.
Si Luvlee es una chica que uno quisiera ver del lado de los protagonistas, el guión de Scott Frank le da al resto de los asaltantes la oportunidad de mostrar que en otras circunstancias podrían haber tomado otro rumbo menos arriesgado. El principal, y el que tiene la mayor ocasión de exponer sus motivos, es Gary, un simpático expresidiario que le ofrece a Chris una amistad que incluye las atenciones de Luvlee y la camaradería de su círculo de gandules, reunidos en una granja remota para tomar cerverza, adquirir armas y planear el robo al banco donde el protagonista trabaja de conserje. Para definir al resto de los criminales basta con la torpeza con la que acometen el atraco. Es obvio que ninguno de ellos es un criminal de carrera y es fácil entender que en otro ambiente, uno donde el traicionero Gary estuviera ausente, no tendrían la iniciativa de cometer un acto semejante. La excepción es el silencioso Bone, en el que se adivina al compañero de celda de Gary y que es el verdadero líder de la banda. Es el personaje del que se proporcionan menos detalles aunque tampoco hacen falta, es suficiente con su efectividad para matar o intimidar a los demás para que funcione como el símbolo de la maldad contrapuesta al desinterés del afable policía Ted.
Conferencia de prensa después de la premiere en el festival SXSW, edición 2007
El planteamiento de los personajes está tan bien manejado que el inevitable asalto al banco parece excesivamente simple en comparación. Es la principal objeción que muchos críticos le han hecho a la película. Sin embargo, creo que la intención de Scott Frank al darle a esta secuencia una importancia menor es emplearla como corolario de la torpeza de los maleantes. Un trabajo que cualquier zorrero profesional podría hacer sin complicaciones se desmorona porque los criminales de esta historia son incapaces de planear el robo con exactitud. Esto también sirve para justificar el heroísmo postrero de Chris, sin evitar del todo la sensación de que su discapacidad se somete a las exigencias dramáticas del guión. Está claro que Scott Frank tampoco quiso imbuir a su protagonista de la ambigüedad moral de Memento (las comparaciones son tan inevitables como abusivas), donde Guy Pierce terminaba el relato sin estar seguro de que estaba haciendo lo correcto. El guionista no ignora las debilidades de Chris Pratt pero está dispuesto a darle una oportunidad para defenderse, si ha de sucumbir ante sus adversarios al menos lo hará peleando.
Sitio Oficial:
www.thelookout-movie.com

