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¡Porque lo Digo Yo!
¡PORQUE LO DIGO YO!
(Because I Said So)
Dirección
:
Michael Lehmann
Guión:
Karen Leigh Hopkins, Jessie Nelson
Producción:
Paul Brooks, Jessie Nelson
Fotografía:
Julio Macat
Música:
David Kitay
Edición:
Paul Seydor, Troy Takaki
Elenco:
Diane Keaton (Daphne Wilder), Mandy Moore (Milly Wilder), Gabriel Macht (Johnny), Tom Everett Scott (Jason), Lauren Graham (Maggie Wilder), Piper Perabo (Mae), Stephen Collins (Joe), Ty Panitz (Lionel)
EE.UU., 2006, Gold Circle Films / Universal Pictures, 102 min.

Otras opiniones:


Hollywood

¡Porque lo Digo Yo!

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(noviembre 1, 2007)

Halloween parece una mala época para estrenar una comedia romántica, pero cuando ésta es tan terrorífica como ¡Porque lo Digo Yo! entonces la fecha es inmejorable. Un género que normalmente es lo ideal cuando hay que matar un par de horas, tan predecible como divertido cuando está bien hecho, puede convertirse en una catástrofe cuando el guión no puede disimular lo artificial de las situaciones, cuando los actores se ven obligados a pronunciar diálogos que jamás debieron ser escritos y cuando el director carece de autoridad para darle una mínima coherencia al espectáculo.


Trailer de ¡Porque lo Digo Yo!

No debería ser tan difícil encontrar un balance entre la parte romántica y la cómica cuando se tiene el ejemplo de centenares de cintas previas que lo hicieron de manera aceptable. Cierto, la labor se complica si el punto de partida es un guión donde todos los personajes principales son burdos estereotipos, mientras que los secundarios son grotescos sin excepción, con una trama absurda, llena de coincidencias increíbles hasta para una comedia romántica. No ayuda un estilo visual calcado de la televisión, es decir rutinario, aburrido, plano hasta la ignominia, donde lo único que sobresale es el vestuario de la actriz principal, sexagenaria que sigue usando la misma ropa de Annie Hall (filmada hace 28 años). Aun con todo eso en contra ¡Porque lo Digo Yo! podría ser un entretenimiento válido.

Pero para que eso sucediera habría que reemplazar a Diane Keaton porque aquí está simplemente insoportable. Toda la buena voluntad que se ganó con El Padrino y la antes mencionada Annie Hall ahora se va al caño con su trabajo en esta película. Su personaje es una vieja neurótica, chantajista, metiche, ridícula, estúpida, irresponsable, estridente, inoportuna, apretada, racista... y todo eso Diane Keaton lo representa con la sobreactuación a todo lo que da, queriendo encontrar humor en secuencias más propias de una cinta de asesinos seriales, como cuando sigue en su auto a su hija para averiguar quién es su novio, agachándose para que no la vean mientras circula por el carril de alta de la autopista. El guión no le ayuda, claro, pero hacerse la chistosa con situaciones tan trilladas como visitar un escandaloso sitio porno en internet mientras habla por teléfono, sin que se le ocurra apagar la computadora o simplemente irse a otro cuarto, la hacen ver como una retrasada mental, no como una señora distraída y alocada.

Para controlar la gesticulación de Diane Keaton se necesitaba un director con mano firme, que supiera que a veces es necesario decirle a un actor que la está regando, aunque se trate de una figura legendaria en el medio. Por desgracia la carrera de Michael Lehmann ya lleva años en declive, si se atreviera a levantarle la voz a la Keaton lo más probable es que los productores le dieran las gracias y se consiguieran a otro más dócil. No siempre fue así. Su primera película, Heathers (1989), se convirtió en un clásico de culto, a pesar de no ser muy buena y de repetir (o plagiar) el argumento de Massacre at Central High (1976). Le siguieron las fallidas aunque curiosas Meet the Applegates y sobre todo Hudson Hawk (ambas de 1991). Tras el aparatoso fracaso de esta última Lehmann se desbarrancó en la mediocridad, con bodrios como Airheads (1994) y Mi Gigante (1998). Estamos hablando de un director que filmaría cualquier porquería de libreto con tal de salir del limbo televisivo y regresar al cine.

Y eso es justamente lo que encontró en el guión firmado por Karen Leigh Hopkins y Jessie Nelson. Una colección de tonterías indignas de la extinta barra cómica (que era todo menos cómica) del Canal de las Estrellas. Hopkins y Nelson deben suponer que el público es imbécil para tragarse una historia donde una madre salida del peor melodrama de Libertad Lamarque decide conseguirle novio a su hija poniendo un anuncio en internet, pero no a nombre de ella, lo que tal vez, si estuviera bien manejado, podría ser ingenioso, sino declarando abiertamente que el anunciante es una madre neurótica que le anda buscando galán a su hijita. ¿Qué clase de soltero con un mínimo de amor propio respondería a semejante aviso? Habría que estar al borde del suicidio para tomar en cuenta a una chica que debe estar más federal que la carretera a Cuernavaca para que su mamá tenga que encontrarle novio y tendría que ser masoquista para aceptar salir con la princesa tras conocer a la arpía que la parió. Una vida de masturbación solitaria es preferible a compartir cinco minutos con semejante familia.


Mandy Moore y Gabriel Macht en ¡Porque lo Digo Yo!

Como esto es Cinelandia y no la vida real el anuncio produce dos galanes, con personalidades opuestas para resaltar lo esquemático del relato. En esta esquina tenemos a Jason, un arquitecto elegante, adinerado y con la personalidad de un refrigerador, que por supuesto es el preferido de la ciclotímica progenitora. En la otra está Johnny, un guitarrista buena onda, con gusto por lo retro y atormentado por un odioso hijo hiperactivo. Como la chica en disputa es desordenada y tiende a lo artístico es obvio desde el primer momento que Arquitectron 2000 tiene pocas posibilidades de derrotar a Johnny el Bohemio. No obstante, Diane Keaton y Mandy Moore tienen que hacer tiempo para que la película dure la hora y media de rigor. Para eso es necesario recurrir a chistes bobos, como el hecho de que Keaton se cuelga hasta el molcajete y nunca encuentra su celular, o diálogos femeninos entre la madre y sus tres hijas, donde las vemos discutiendo sus orgasmos a grito pelado en lugares públicos. A fin de cuentas será la anorgasmia lo que reúna a madre e hija, en una de las escenas más absurdas jamás filmadas, y que por cierto transcurre mientras los personajes miran por televisión un clásico de la mejor época de Hollywood, como para restregarle en la cara al espectador que está perdiendo su tiempo con esta basura cuando podría estar viendo una buena película. Ya ni la burla perdonan.

Sitio Oficial:
www.becauseisaidsomovie.com