Hollywood
El Mundo Mágico de Terabithia
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(noviembre 9, 2007)
Ignoren la publicidad y los comentarios que equiparan a esta cinta con un clon de Harry Potter. Aunque el trailer la haga ver como una película de aventuras y fantasía la verdad es que esto es sólo el complemento para contar una historia sobre la forma en que la imaginación puede unir a dos preadolescentes. Aclarar también que el relato concluye con una tragedia capaz de traumatizar a los niños desprevenidos, además de tocar temas incomprensibles para los más pequeños. Recuerden que así se las gasta Disney desde Bambi y evítense una sorpresa desagradable.
Trailer engañoso de El Mundo Mágico de Terabithia
Lo anterior no significa que yo añore el mensaje simplón y empalagoso de los subproductos Disney. Entre lo positivo que tiene El Mundo Mágico de Terabithia está que se conduce con un gran respeto hacia las familias que quieran verla, sin groserías ni violencia excesiva, y al mismo tiempo evita caer en el error más frecuente de esta casa productora, que es suponer que las personas que no encajan en su ambiente social podrían hacerlo si tan sólo se esforzaran un poco más. En el caso de Jess (Josh Hutcherson) y Leslie (AnnaSophia Robb) queda claro que aunque les cuesta trabajo integrarse con sus compañeros de la escuela la solución no es olvidarse de su propia personalidad, que es lo que siempre proponen los guiones de Disney. El talento particular de cada uno, la literatura en el caso de Leslie y el dibujo en el de Jess, son vistos como algo valioso por sí mismo, no como un camino secreto para conseguir la anhelada aceptación.
Aquí se ofrece otra opción, que es crear un espacio propio que al mismo tiempo les permita a los protagonistas desarrollar su imaginación. El guión, donde colaboró David Paterson, hijo de la autora del libro original, incluye a varios personajes secundarios que no son tan malos como aparentan, además de explicar en términos sencillos las dificultades económicas de los padres de Jess, todo ello a un nivel comprensible para el público juvenil al que va dirigida la cinta. Con una gran economía de medios se explica que las personas pueden cambiar y que los adultos también pueden ser comprensivos. Hay un subtexto cristiano en el relato, lo cual va de acuerdo con las creencias plasmadas en el libro original por la escritora Katherine Paterson, lo cual ha provocado la previsible indignación de algunos ateos tan, pero tan frágiles que piensan que una simple película puede aniquilar su falta de fe. Aclaro que no soy creyente, simplemente me cuesta trabajo entender cómo alguien puede sentirse amenazado por un cuento tan inofensivo.
A pesar de tener poca experiencia como director Gabor Csupo mantiene un equilibrio entre los elementos dramáticos y la parte fantástica de la película. Nunca deja que el relato se convierte en telenovela ni en una sucursal de Narnia. Csupo no intenta innovar en el aspecto visual más allá de los efectos especiales, a cargo por cierto de la Weta Digital, empresa reconocida por su trabajo en El Señor de los Anillos y King Kong. Es cierto que la historia se prestaba para los malabares estéticos de Terry Gilliam, pero Csupo prefiere concentrarse en los actores y en la claridad narrativa. Por ejemplo, le da gran importancia a la mirada de los personajes, contando la historia desde el punto de vista de Jess y Leslie, aunque también sabe cuándo es mejor dejarle el campo libre al espectador, como cuando los protagonistas cruzan el puente por primera vez y en lugar de mostrarnos lo que ellos ven la cámara enfoca sus rostros.
A Josh Hutcherson ya lo había visto en una cinta similar, ABC del Amor (Little Manhattan), donde también interpretaba a un chavito enamoradizo y con una gran imaginación, sólo que ese relato estaba ambientado en la ciudad. Hay que ponerle atención a este joven actor porque además de simpático tiene facilidad para manejarse en registro de comedia o de drama, no le cuesta ningún trabajo pasar de uno a otro. Otra que seguramente dará de qué hablar en años posteriores será AnnaSophia Robb, quien está al nivel de su coestelar. La única crítica que le puedo hacer, sin duda injusta, es que está demasiado bonita para el personaje que le toca interpretar. Es cierto que Jess es un chavo de 11 años, edad a la que uno todavía no se fija en las niñas, pero hasta él tendría que entusiasmarse con la atención que le presta Leslie. Entre los actores secundarios destaca Robert Patrick como el padre de Jess, con una entereza inusual en una película infantil.
Escena típica de El Mundo Mágico de Terabithia
La parte que corresponde al mundo fantástico de Terabithia destaca por sus efectos pero también por la fidelidad con que retrata la creatividad de los niños. Jess y Leslie inventan castillos, ejércitos enemigos y paisajes insólitos a partir de un paraje solitario en el bosque que rodea sus casas. Tengo entendido que el libro pasaba por alto la descripción de Terabithia, lo que le dio a los realizadores de la película la libertad para inventar este aspecto a su gusto. Es cierto que las secuencias donde Jess y Leslie combaten a los monstruos recuerdan a las recientes películas de fantasía, pero hay que tomar en cuenta que este fue probablemente el gancho que usaron los productores para obtener el financiamiento ahora que el género está de moda. Por otra parte, cuando se adapta un libro a la pantalla está bien darle mayor peso a lo que funciona mejor en el cine, como son la coreografía y los efectos especiales. Comparen las escenas de acción de los libros de Harry Potter con las de sus respectivas versiones cinematográficas y verán a qué me refiero. Claro que a veces los cineastas se dejan llevar por el entusiasmo. En El Mundo Mágico de Terabithia esto se manifiesta en lo que construye Jess al final: se supone que tiene talento para dibujar pero lo que este niño hace con un martillo y unas cuantas tablas pondría verde de envidia a cualquier ingeniero.
Sitio Oficial:
disney.go.com/disneypictures/terabithia

