Hollywood
Pasión al Atardecer
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(diciembre 3, 2007)
Chick Flick Alert. No hay remedio. Este tipo de relatos, elaborados a base de bodas fastuosas, amores secretos y confesiones diferidas, nunca me va a gustar. Es uno de los efectos secundarios de la testosterona, uno permanece impávido ante los arrebatos amorosos frustrados por las tragedias familiares mientras el contingente femenino llora a moco tendido. Ellas se conmueven y el público masculino se desespera porque no hay balazos ni explosiones. A veces alguna de estas cintas logra trascender la barrera XY. Bajo el Sol de Toscana, por ejemplo, me interesó por sus paisajes, por su sentido del humor y porque tenía a Diane Lane como protagonista. Pasión al Atardecer no cuenta con atributos semejantes.

Claire Danes y Mamie Gummer en Pasión al Atardecer
Para muchos espectadores uno de los atractivos principales de esta cinta será la presencia, en papeles secundarios, de Meryl Streep y Glenn Close. Para mí no es suficiente. Si estuviéramos hablando de Jackie Chan y Jean-Claude Van Damme la cosa sería distinta, más aún en un relato que involucrara a un villano diabólico que quiere dominar el mundo y no a una mujer que en su lecho de muerte revela ante sus hijas que alguna vez mantuvo una relación prohibida con un apuesto médico. En fin, hay que hablar de la película que me tocó ver y no de la que yo hubiese preferido. Pasión al Atardecer me habría gustado mucho más si los protagonistas tuvieran superpoderes, pero me bastaría con que no cayera en tantos lugares comunes.
Además de las hermanas que encuentran la posibilidad de reconciliarse mientras su madre agoniza la película contiene muchos tópicos del cine romántico, uno tras otro hasta llenar dos horas de proyección, cuando bastaría con demorarse en un par de temas para desarrollarlos con más cuidado. Tal parece que Michael Cunningham le cambió varias cosas a la novela de Susan Minot al adaptarla para el cine, modificando la historia original hasta convertirla en un desfile de clichés, más propio de una telenovela que de una cinta que aspira a cierta profundidad. Incluso sin ser aficionado a este tipo de dramas familiares es difícil sacudirse la sensación de haberlo visto todo antes. Se recurre a estereotipos como el de la jovencita adinerada que no se atreve a cancelar su boda aunque en realidad ama a un hombre de un estrato social inferior, relación imposible para los estándares del lugar y la época. De igual forma, cuando alguien menciona que los riscos cercanos también son propiedad de la familia uno ya sabe que tarde o temprano alguien va a rebotar hasta el fondo, como Homero en el desfiladero de Springfield.

Meryl Streep y Vanessa Redgrave en Pasión al Atardecer
Lo más frustrante es que por momentos Pasión al Atardecer adquiere cierta consistencia. La parte de la película que transcurre en los 50 tiene la gran virtud de diluir el amaneramiento de la trama y los diálogos gracias a su ambientación. La elegancia del vestuario y el hecho de que en esa década el matrimonio no era algo que pudiera disolverse tan fácilmente le aportan a los acontecimientos una dosis de seriedad que oculta lo mecánico de los mismos. Además las actuaciones del elenco juvenil son convincentes, en particular Hugh Dancy y Mamie Gummer (hija en la vida real de Meryl Streep) acometen con soltura personajes tan manoseados como el del aspirante a novelista alcohólico y rechazado por su entorno o la ya mencionada niña rica enamorada del jardinero. Aunque la mejor interpretación de la cinta sea la de Vanessa Redgrave en el papel de la señora que delira a causa de los medicamentos, recordando en voz alta el que pudo ser el amor de su vida, los conflictos de sus hijas son de un esquematismo que da grima.
Cuando al final sale Meryl Streep, con plastas de maquillaje en la cara para darle el aspecto de anciana, la película ya tiene un buen rato que dejó atrás la que debería ser su escena culminante. A falta de otros elementos la cinta contiene algunos momentos líricos que apuntan a la historia que tal vez Pasión al Atardecer debió haber contado. En ellos Vanessa Redgrave oscila entre la lucidez y el peso de sus remordimientos, con una puesta en escena que a veces cae en un lirismo ultra cursi (cuando se levanta para perseguir a una mariposa nocturna) pero que en otras alcanza un saludable equilibrio entre la necesidad cinematográfica de hallar un equivalente visual para los sentimientos más íntimos y el hecho inevitable de que con la muerte de cada persona desaparecen las memorias que no pudo o quiso compartir. La imagen que abre Pasión al Atardecer, con las dos versiones de Ann compartiendo el mismo espacio pero separadas por el tiempo, sugiere lo que pudo ser. Lástima que el resto sea un melodrama del montón.
Trailer de Pasión al Atardecer:
Sitio Oficial:
www.focusfeatures.com/evening

