Hollywood
Sin Lugar para los Débiles
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(febrero 21, 2008)
Cuando se presentó en el festival de Cannes el año pasado muchos pensaron que merecía la Palma de Oro, por encima de la eventual ganadora (y terriblemente aburrida) 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días. Ahora es, junto con Petróleo Sangriento, la favorita para llevarse el Oscar a la mejor película. Con Sin Lugar para los Débiles los hermanos Coen han logrado el que sin duda es su trabajo más austero y también el más cruel. El altísimo grado de violencia y la catarsis final que nunca llega pueden desconcertar a más de uno, son aspectos que darán pie a innumerables discusiones. Lo que no se puede debatir es el calibre de las actuaciones. El nombre de Javier Bardem es el más mencionado pero no hay que olvidar a Josh Brolin y a Tommy Lee Jones.

Javier Bardem en Sin Lugar para los Débiles
Hay una película reciente con una premisa similar a la de Sin Lugar para los Débiles. Más allá del enfrentamiento entre dos hombres igualmente astutos, Duelo de Asesinos comparte con el trabajo de los Coen su vocación filosófica. El conflicto que se prolonga a lo largo de toda la cinta no tiene el desenlace esperado, en Duelo de Asesinos porque para entonces los dos enemigos ya han sido consumidos totalmente por el pasado y en Sin Lugar para los Débiles porque la posibilidad de un regreso a la normalidad estaba cancelado de antemano. Donde ambas cintas se bifurcan es en la causa de la violencia. En Duelo de Asesinos era el producto de un malentendido, una tragedia que podría haberse evitado, en Sin Lugar para los Débiles el mal es una presencia que ninguna ley humana puede ahuyentar y que además tiene forma física, la del asesino Anton Chigurh (Javier Bardem).
Para entender el rumbo que toma esta historia hay que poner especial atención a los monólogos del sheriff Bell (Tommy Lee Jones) al principio, antes de que ninguno de los protagonistas aparezca a cuadro, y al final, cuando el caso ha concluido sin que la violencia se detenga. Las palabras iniciales del sheriff, mientras vemos el desolado paisaje texano, añoran una época más tranquila, cuando los representantes de la ley no necesitaban portar armas. En la última escena el mismo personaje relata un sueño recurrente que es tan enigmático como el retrato de la bañista que aparecía en Barton Fink. Estos monólogos pueden parecer superfluos si uno espera un thriller normal, donde el bueno prevalece y se reestablece el orden que había sido roto por la irrupción del malo. En Sin Lugar para los Débiles lo normal es la violencia, el destino de algunos es morir demasiado pronto, sin haber hecho nada para merecerlo y sin que el sheriff pueda hacer algo por impedirlo.
Cuando Llewelyn Moss (Josh Brolin) encuentra la secuela de un enfrentamiento entre narcos que dejó media docena de cadáveres a la mitad del desierto, junto con un cargamento de tecata y una maleta con dos millones de dólares, queda claro que esta capacidad humana para la violencia es algo congénito. Como también es innata la voluntad de creer que uno tendrá mejor suerte, creencia que lleva a Llewelyn a robarse el dinero y convertirse así en la presa de ambos bandos. Un tipo tan ingenioso como Llewelyn Moss podría salirse con la suya de no ser porque su principal perseguidor será el demoniaco Chigurh, tan impredecible que hasta sus colaboradores le tienen miedo. El conflicto entre ambos es la parte central de Sin Lugar para los Débiles y es difícil recordar otra cinta tan emocionante y llena de suspenso. También es difícil encontrar otra que sea tan descarnada, ningún personaje, por simpático o inocente que sea, está a salvo, todos pueden morir en cualquier momento y esto incluye a los principales.

Josh Brolin en Sin Lugar para los Débiles
La forma en que Lleweyln evade a Chigurh es tan fascinante que puede olvidarse que el verdadero tema de la película es lo caprichoso que es el destino. Hay dos escenas clave donde el subtexto se vuelve explícito. Una donde Chigurh discute con el encargado de una gasolinera, una conversación en apariencia banal en la que está en juego la vida del tímido hombre que tiene la mala fortuna de encontrarse frente a frente con un psicópata. La otra escena es parte de ese desenlace anticlimático al que ya hice alusión, un accidente ajeno al conflicto central que demuestra que la arbitrariedad de la muerte se extiende más allá del submundo de criminales y asesinos a sueldo. Pero esta dimensión metafísica domina la película desde antes de ese accidente. Anton Chigurh no es sólo un tipo que mata sin remordimientos como hemos visto tantas veces en el cine, sería más acertado describirlo como un ángel exterminador. Sin importar lo que haga o dónde se esconda, Llewelyn nunca podrá escapar de Chigurh y lo que representa.
Trailer de Sin Lugar para los Débiles:
Sitio Oficial:
www.nocountryforoldmen-themovie.com
