Hollywood
Escucha tu Destino
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(marzo 21, 2008)
Si vieron Tierra de Sueños de Jim Sheridan seguramente se acuerdan de las niñas que actuaban ahí y que en la vida real son las hijas del director. Pues bien, la mayor ya creció y ahora se dedica a hacer sus propias películas, como este ridículo drama musical no apto para diabéticos sobre un escuincle medio tarado que vive en un orfanato y un buen día decide trasladarse a Nueva York para encontrar a sus padres mediante el poder de la música, pero no sin antes caer en las garras de un estafador callejero (Robin Williams) que intentará lucrar con el talento del niño. ¿No les conmueve?

Freddie Highmore en Escucha tu Destino
A mí no, más bien me ofende que los guionistas y directores de este tipo de cine piensen que voy a soltar las de cocodrilo con algo tan falso. Nunca me ha gustado el estilo sensiblero de Disney y sus adláteres pero admito que en ocasiones, cuando lo pone en práctica un cineasta que sabe hasta dónde tensar la cuerda, la fórmula puede llegar a emocionar al peor cínico (alguien como yo, por ejemplo). Pero como Kirsten Sheridan desconoce la mesura desde un principio nos somete a un diluvio de melcocha donde ninguna coincidencia es demasiado absurda si le sirve a la directora para atragantar al espectador con sus babosas "lecciones de vida". Siempre que veo una cinta de este corte, donde se emplea cada fotograma en recordarme que si pongo atención a sus ñoñeces encontraré la fórmula mágica para enderezar mi vida, me pregunto: ¿qué clase de imbécil obedece lo que le dice una mugre película?
Por otro lado, la trama de Escucha tu Destino es tan incoherente que uno nunca está seguro de cuál es el mensaje que estos subnormales quieren transmitir. Tal vez la moraleja sea que si te vas a acostar con la chica que acabas de conocer en una fiesta (y no en un hotel o en tu departamento como la gente normal, sino ahí mismo a la vista de todos) hay que tener siempre un condón a la mano, no vaya a ser que la chica quede embarazada y once años más tarde el escuincle se vuelva compositor y organice un concierto masivo para informarte que eres papá. O a lo mejor el consejo que nos quiere dar Escucha tu Destino es que si eres una exitosa violonchelista y conoces a un rockero irlandés que te hace un chamaco a las primeras de cambio ¡pídele sus datos!, sobre todo si tu papá es Cruella de Ville y da a tu bebé en adopción aprovechando que sufriste un vahído en el noveno mes de embarazo, de otra manera estás condenada a pasarte media película gimoteando y todo por no tener el número de tu galán.

Jonathan Rhys Meyers y Keri Russell en Escucha tu Destino
Hacer un dramón de estos no tiene ningún mérito, conmover al público es tan sencillo como presentar a una joven pareja separada por las circunstancias y luego añadir frecuentes close-ups de los actores con cara de estreñimiento para que entendamos que ¡aún se aman!. Si se reencuentran bajo la lluvia, mejor. También se puede sacar a cuadro a un niño de sonrisa mongoloide cuya refulgente inocencia ablanda el corazón de los adultos que lo rodean, trátese de carteristas, secuestradores, terroristas o narcotraficantes. En el peor de los casos se puede mostrar un cachorrito. Ni siquiera tiene que ser un cachorro de verdad, con una foto es suficiente. Kirsten Sheridan debió extraviar su álbum fotográfico rumbo a la filmación de Escucha tu Destino ya que lo del cachorrito es el único truco lacrimógeno que quedó fuera de la película. Se necesita un grado de cursilería especial para que uno se empalague antes de que aparezca Robin Williams en su faceta dramática.
Lo anterior tal vez sería soportable si la directora le bajara un poco a la chabacanería y encontrara un tono más adecuado para el moderno cuento de hadas que presuntamente buscaban los guionistas. Quizá recordándole al espectador que un niño extraviado en Nueva York tiene más probabilidades de ser ultrajado por un indigente que de embarcarse en una mágica aventura musical. El contraste entre el punto de vista del chamaco y la cruda realidad sería mucho más interesante que esta fábula
ingenua. Para acabarla, la banda sonora compuesta por Mark Mancina no es nada del otro mundo, aunque los personajes insistan que Mozart era un músico de cantina comparado con el pequeño August Rush, a quien le bastan unas cuantas horas para dominar los ocho ángulos del solfeo, la armonía, el contrapunto y la orquestación. La partitura de Mancina es una de esas mezclas indigestas de al menos seis estilos musicales diferentes que al ser adornada con claxonazos y pregones callejeros lleva a muchos espectadores ignorantes poco informados a suponer que están presenciando algo brutalmente innovador, cuando la verdad es que se trata de una aportación hecha por Pierre Schaeffer a fines de los años 40 y aceptada por los conservatorios desde hace décadas. Destaca, por insulso, el concierto culminante de Escucha tu Destino, un revoltijo del Huapango de Moncayo, los grandes éxitos de Mocedades y las canciones del Rey León.
Trailer de Escucha tu Destino:
Sitio Oficial:
augustrushmovie.warnerbros.com
