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poster Sentenciado a Morir
SENTENCIADO A MORIR
(Death Sentence)
Dirección
:
James Wan
Guión:
Ian Mackenzie Jeffers, basado en la novela de Brian Garfield
Producción:
Ashok Amritraj, Howard Baldwin, Karen Baldwin
Fotografía:
John R. Leonetti
Música:
Charlie Clouser
Edición:
Michael Knue
Elenco:
Kevin Bacon (Nick Hume), Garrett Hedlund (Billy Darley), Kelly Preston (Helen Hume), Aisha Tyler (Detective Wallis), John Goodman (Bones Darley), Jordan Garrett (Lucas Hume), Matt O'Leary (Joe Darley)
EE.UU., 2007, Ashok Amritraj / Baldwin Entertainment / Hyde Park Entertainment / Twentieth Century Fox, 105 min.

Sitio Oficial

Otras opiniones:


Hollywood

Sentenciado a Morir

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 28, 2008)

Un apacible padre de familia pierde a su hijo mayor a manos de un pandillero. Decepcionado por el sistema judicial, se niega a testificar y empieza a tramar su venganza, sin tomar en cuenta que los amigos del criminal pondrán en marcha su propio ajuste de cuentas. Esta es una historia que se ha llevado al cine tantas veces que para llamar la atención requiere de un ingrediente especial. Sentenciado a Morir cuenta con un par de rasgos curiosos que por desgracia son insuficientes para hacerla memorable.

Kevin Bacon en Sentenciado a Morir
Kevin Bacon en Sentenciado a Morir

El primero punto a favor de la película es la presencia del equipo creativo de Saw y El Títere, pasando del terror a los balazos. El director James Wan ya había trabajado en al menos una ocasión con el fotógrafo John Leonetti, el músico Charlie Clouser y el editor Michael Knue, lo cual hace suponer que se quiso rodear de un equipo técnico en el que pudiera confiar. El actor Leigh Whannell, quien también escribiera Saw, aquí también tiene un papel secundario, aunque en su caso da la impresión que Wan lo eligió porque le ayudó a lanzar su carrera. El caso es que lo más recomendable de Sentenciado a Morir son sus secuencias de acción.

La escena donde el protagonista huye de los pandilleros a través de un estacionamiento está resuelta con un plano secuencia que Brian De Palma firmaría con gusto. Wan usa una sola toma para mostrar a Kevin Bacon corriendo de un nivel a otro y de pronto la cámara desciende para que veamos a los malos que lo persiguen pistola en mano. Más adelante, en el inevitable tiroteo final, hay un instante donde se usa una escopeta para hacerle un hoyo a la pared que nos remite al virtuosismo de un Sam Raimi. Cuando Wan y sus colaboradores se enfocan en la parte visual logran resultados sobresalientes, lo malo es que el guión también contiene diálogos y una dizque trama, algo que nos trae a la segunda peculiaridad de esta película.

El libreto de Sentenciado a Morir está basado en una novela de Brian Garfield, nada menos que la secuela de Death Wish, que fuera llevada al cine con Charles Bronson en el papel principal. El Vengador Anónimo se estrenó cuando Nueva York atravesaba uno de sus peores momentos, con una ola de crimen incontrolable, tensión racial, corrupción policiaca y un gobierno ineficiente, para bien o para mal la cinta reflejaba la idea que una buena parte del público tenía sobre la ciudad. El problema con esta nueva adaptación de Death Sentence es que su visión del mundo, con delincuentes juveniles que atacan impunemente a las familias inocentes, tiene poco que ver con la realidad norteamericana actual.

Garrett Hedlund en Sentenciado a Morir
Garrett Hedlund en Sentenciado a Morir

Aunque pretenda ser realista la película de James Wan está llena de situaciones que sólo existen en Cinelandia, empezando por esa pandilla Benetton donde conviven negros, blancos, latinos y asiáticos. Es obvio que Kevin Bacon se tomó en serio su papel y trató de dignificar a su personaje, pero el guión es tan frágil que sus decisiones son ilógicas, fantasiosas o ridículas. No sirve de nada que el actor quiera darle cierta profundidad a su personaje cuando estamos hablando de un tímido empleado que en un abrir y cerrar de ojos se transforma en Rambo. Hay una escena donde los malos se materializan adentro de su casa, como Jason Voorhees en Viernes 13, y la reacción de Kevin Bacon es tan exageradamente heroica que yo estaba seguro que se trataba sólo de un sueño, sobre todo por su desenlace.

En Sentenciado a Morir las autoridades son tan ineptas que por momentos esto se convierte en parodia. Llega la detective Wallis con el protagonista y le advierte que si no colabora con ella puede incluso ir a parar a la cárcel. En la siguiente escena el héroe regresa tranquilamente a su casa, saca del banco todos su ahorros y los usa para comprar armas. ¿Y la policía? Bien, gracias. Por suerte para Kevin Bacon la pandilla Benetton que lo trae entre ceja y ceja está integrada exclusivamente por retrasados mentales. Los pandilleros saben dónde trabaja, por lo que tienen la opción de seguirlo hasta su casa, esperar a que anochezca, tocar el timbre y meterle un par de balazos cuando el ingenuo tipo les abra la puerta. Pero como eso sería demasiado fácil prefieren emboscarlo afuera de su oficina, a plena luz del día y sin tomarse la molestia de cerrarle las vías de escape aunque lo superan en número. De la policía ni sus luces, por supuesto.

Demasiado solemne para calificar como thriller palomero y demasiado tonta para ser tomada en serio como un ejercicio de crítica social, Sentenciado a Morir es tan indecisa que cuando John Goodman sale haciendo su numerito de psicópata uno ya no sabe si su actuación es excelente o pésima. Encaja muy bien en la película, eso sí.

Trailer de Sentenciado a Morir:

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