Serie B
Pulse: Mensajes del Más Allá
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 12, 2007)
No me opongo a los remakes y no entiendo por qué tanta gente se pone fúrica sólo de pensar en que a algún productor se le ocurra retomar un concepto de otra película para intentar hacer negocio. Y si la cinta en cuestión es de terror, peor tantito. Los fanáticos del género montan unos berrinches que a un escuincle de dos años le daría pena escenificar en cuanto empiezan a correr los rumores de que se avecina una nueva versión de su película favorita. No entiendo los irigotes porque los remakes no le quitan nada a las versiones originales: no las reemplazan, ni las empañan, ni hace falta lavarlas después con lejía para devolverles su pureza.
Es más, los remakes tienen la virtud de brindarnos más elementos para discutir los méritos de cada título, comparando y sopesando el enfoque que cada cineasta le dio a la misma historia. Esto es tan interesante como discutir cuál es la mejor puesta en escena de una obra de teatro o la mejor grabación de un concierto para piano. Eliminando los remakes nos perderíamos esa posibilidad. En lo que concierne al reciente cine de terror japonés y sus covers gringos la balanza se inclina decididamente en favor de los nipones, con un par de honrosas excepciones, pero tampoco hay que exagerar la gravedad de los intentos hollywoodenses por asimilar el particular estilo del J-horror.
En el caso de Pulse se han oído los acostumbrados aullidos de indignación por lo que Wes Craven y Jim Sonzero hicieron con la obra de Kurosawa Kiyoshi. Admito que la gran ventaja que tiene Kairo sobre su contraparte gringa es la atmósfera opresiva que ha sido hasta ahora el talón de Aquiles de los remakes de J-horror gringos. El ambiente de pesadilla que hizo tan memorables a cintas como Ju On, Honogurai Mizu no Soko Kara (título internacional: Dark Water) o Uzumaki le ha faltado a casi todas las versiones americanas de estas o similares historias. El único que ha sabido añadirle ese factor X a su trabajo fue Gore Verbinski con The Ring, que era tan sombría como la original.
Pero Jim Sonzero no es Gore Verbinski y por eso Pulse tiene la misma atmósfera del típico cine de terror gringo, demasiado pulida hasta cuando quiere ser desaliñada. A pesar de que calca la trama de Kairo, la versión gringa es en definitiva más juvenil, orientada al público adolescente a pesar de que sus protagonistas sean universitarios. La obra de Kurosawa Kiyoshi era demasiado ambigua para servir como fast food audiovisual. No estoy seguro de que la forma en que Kairo hace la transición de una película de fantasmas a una alegoría apocalíptica sea muy ágil, pero resulta mucho más interesante que el enfoque empleado por Wes Craven, que es reducir las inquietudes metafísicas de Kurosawa a una fábula sobre tecnología asesina tan pueril como Shocker, su fallido intento por darle a Freddy Krueger un disfraz electrónico.
La comparación puede parecer forzada hasta que llegamos en Pulse a la escena donde la heroína se mete a la tina y es aterrorizada por un ente que sale del agua. Escena que nos remite directamente a la primera entrega de Pesadilla en la Calle del Infierno aunque en esta ocasión los fantasmas (o demonios o lo que sean) ni siquiera tengan una personalidad bien definida. Cuando una película de terror no sólo fracasa en su afán de asustar sino que nos recuerda títulos anteriores que sí lo hacían hay un problema. En Pulse las apariciones espectrales son frecuentes sin que ninguna tenga el impacto que deseaban los realizadores. La memorable escena en Kairo donde un fantasma femenino se aproximaba lentamente a su víctima aquí se echa a perder con una edición convencional. La imagen más destacada de Pulse no tiene nada que ver con el más allá: es una colisión entre dos autos que se presenta de forma subjetiva, desde el punto de vista de uno de los conductores.
Todavía no llego al principal error de esta adaptación, uno que el cine norteamericano de terror repite con una insistencia deprimente. Si los ejemplos japoneses que se están copiando, y hasta los clásicos gringos del género (¡algunos de la autoría de Craven!), no consideran necesario disipar el misterio que rodea a los protagonistas, generando así un ambiente irracional de pesadilla, ¿por qué en los remakes insisten en dar razones que nadie pidió? Esto ya lo habíamos visto en La Maldición, que metía flashbacks explicativos que sólo servían para perder el tiempo. Ahora en Pulse se intenta esclarecer cada elemento en lugar de confiar en la imaginación del espectador, como la causa de que los muertos vuelvan a la vida en Night of the Living Dead. Una película de terror puede funcionar perfectamente sin que sus acontecimientos tengan una causa lógica, desorientando así al público y generando una mayor inquietud. No obstante, los responsables de Pulse quieren explicar la presencia de los espectros farfullando incoherencias relacionadas con frecuencias ignotas y vibraciones cósmicas. ¿Cómo para qué o por qué? Quién sabe.
Mucho CGI y pocos sustos. Un elenco donde la convicción de Kristen Bell y la fugaz presencia de Brad Dourif acaban de hundir a sus compañeros de reparto. Un epílogo que se pasa de lanza por inútil y obvio. Más motivos para evitar este remake y optar en su lugar por la versión de Kurosawa Kiyoshi. Hasta un reloj descompuesto da la hora exacta dos veces al día y en esta ocasión los berrinchudos fanáticos del J-horror estaban en lo cierto.
Sitio Oficial:
www.pulsethemovie.net

