Serie B
Timecop: Policía del Futuro
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(junio 1, 2007)
Siempre es divertido comparar un blockbuster de Hollywood con su contraparte de serie B. En esta esquina, Déjà Vu, con un presupuesto de 75 millones de dólares y un actor reconocido a nivel mundial. En la otra, Timecop, basada en una historieta, con un presupuesto de 30 millones de dólares -que no se ven en pantalla- y un artemarcialista que nunca será reconocido como actor. ¿Cuál de las dos es más inteligente? Timecop, por supuesto.
Por lo general la ventaja que tienen las películas de serie B sobre las de Hollywood es que son más divertidas. Hay tantos intereses en juego en una producción grande que todo rastro de espontaneidad se evapora bajo la mirada de los abogados, los contadores, las aseguradoras y los ejecutivos. Ese no es el caso con Déjà Vu, que como pasatiempo es más que aceptable. Por otra parte, la desvergüenza de la serie B muchas veces se extiende al guión, cayendo constantemente en la ineptitud y el humor involuntario. Sorprende por eso el cuidado con el que fue elaborado el libreto de Timecop por Mike Richardson y Mark Verheiden, a partir de su propia historieta. Sobre todo porque Richardson y Verheiden manejaron con solvencia algo que los guionistas mejor pagados de Déjà Vu pasaron por alto.
En Déjà Vu los personajes descubren que tienen la capacidad de alterar el pasado y se quedan tan tranquilos, como si fuera cosa de todos los días. En Timecop desde el principio vemos los esfuerzos del gobierno de Estados Unidos por controlar una tecnología que otros países ya están empezando a utilizar para modificar el pasado. Los senadores a cargo del comité que debe supervisar dicha agencia al principio miran con recelo el proyecto, en particular su abultado presupuesto. Lo piensan mejor cuando se les informa que Irán es uno de los países que ya pueden viajar en el tiempo (tal vez por eso se hayan tardado tanto en desarrollar armas nucleares, artículo de primera necesidad dada la beligerancia de Israel). Sin entrar en muchos detalles, cual corresponde a una película basada en una historieta, vemos cómo la Time Enforcemente Agency vigila el espacio-tiempo y evita que los malosos aprovechen su conocimiento del futuro para comprar empresas y terrenos que más tarde valdrán millones.
A Richardson y Verheiden no se les secó el cerebro para escribir el guión pero al menos tomaron en cuenta las paradojas de su premisa, usándolas como parte fundamental de la historia y no como pretexto para incluir un romance a la fuerza. El argumento de Timecop es poco original pero al menos es consistente. Sabemos, por ejemplo, que el antagonista será el senador McComb desde que aparece a cuadro la jeta de Ron Silver, villano por antonomasia del cine noventero de acción. Lejos de pretender crear un suspenso imposible desde que se anuncia al elenco, Timecop aprovecha la presencia de un actor emblemático para ahorrarse las explicaciones sobre su perfidia. Se omiten las razones de la pavorosa crapulencia de McComb, basta con que lo interprete Ron Silver para que el público comprenda que es un hijo de su rechistosa.
Esta economía de medios se extiende a los otros personajes. Sabemos que el agente Max Walker (¿y por qué no Max Power o Hercules Rockefeller?) es íntegro, leal y bueno para los madrazos porque tiene la cara -y la flexibilidad- de Jean-Claude Van Damme. Adivinamos que el superior de Walker es honesto y socarrón porque lo interpreta Bruce McGill, que ya llevaba varios años haciendo el mismo papel. Podemos suponer que la esposa de Walker será la víctima preferida de McComb porque Mia Sara es una actriz desconocida que no tiene pinta de mujer fatal. En otras condiciones los estereotipos aburren porque sus diálogos son igual de predecibles que sus acciones. Por suerte Timecop incluye saludables dosis de ingenio en sus parlamentos, desde los protagonistas hasta los actores secundarios. Hasta se permite burlarse de la inhabilidad de Jean-Claude Van Damme para soltar frases irónicas, rasgo característico de los héroes de acción de la época.
Curiosamente la principal objeción que se le puede hacer a Timecop es que no ha resistido el paso del tiempo. El argumento transcurre en el futuro lejano... 2004 para ser exacto. Es notable cómo los guionistas imaginaron cambios radicales en los autos y las armas, que siguen siendo muy similares a como eran en 1994. En cambio en esta versión del año 2004 no hay internet, ni celulares, ni pantallas planas. Decía al principio que los treinta millones del presupuesto pasan inadvertidos porque las escenas que nos remiten al siglo XIX y a 1929 se reducen a un solo set, sin mayores despliegues de producción. La visión del futuro que propone Timecop es poco espectacular y sus efectos especiales recuerdan a los de Terminator II, pero a menor escala.
Timecop es una de las películas más entretenidas de Jean-Claude Van Damme, junto con Operación Cacería y Contacto Sangriento. Contiene las típicas escenas donde el belga le parte su mandarina en gajos a todos los rufianes que cometen la imprudencia de atacarlo con el añadido de una historia mejor desarrollada. El peor enemigo de Van Damme no eran los villanos que intentaban matarlo sino los guionistas que le proporcionaban libretos esquemáticos y en última instancia aburridos. Me parece que la clave para entender la diferencia entre la cinta promedio de Van Damme y Timecop es la presencia de Sam Raimi como productor en esta última. Cumplió una función parecida en Hard Target y se nota en ambas el entusiasmo que Raimi sabe imprimirle a casi todos sus trabajos. Sí, casi, porque Boogeyman es una porquería y ésa también la produjo el responsable de Evil Dead y Spider-Man.

