Serie B
Desaparecidos
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(julio 5, 2007)
"Thriller psicológico" sería la forma usual de catalogar esta película. La historia es poco original -un viajero que conoce a un sujeto en apariencia amigable sólo para descubrirle tendencias amorales-, pero bien hecha puede dar paso a tensos estudios de personalidad (Harry, un Ami Qui Vous Veut du Bien) o a nihilistas descargas de adrenalina (The Hitcher en su primera versión, no el churrazo que se avecina). Yo la pondría en otra categoría: ni chicha ni limoná.
En términos generales, una película así de mediocre puede funcionar si y sólo si la persona que paga por verla tiene poca experiencia en el género. Alguien que sólo conozca espectáculos sangrientos tipo Hostal o Saw puede creer que la falta de violencia explícita es un ejemplo de madurez por parte de los realizadores. A los que piensen eso de Desaparecidos les puedo recomendar que esperen el estreno de la francesa La Tourneuse de Pages para un ejemplo de cómo una película puede manejar sensaciones fuertes sin incluir las típicas confrontaciones entre buenos y malos. Para cualquier espectador que tenga cierta familiaridad con el suspenso cinematográfico, o ya de perdida que pueda adivinar el contenido de una cinta en base al poster y al trailer (que en este caso incluye todas las "sorpresas"), Desaparecidos es tan sólo una invitación al bostezo.
Es una película aburrida porque desde el principio anuncia por dónde va. El único giro de la trama es que no hay giro. El británico Alex (Shaun Evans) se baja del avión en Australia con su carota de turista y un soundtrack repleto de soporífero rock alternativo. Al director Ringan Ledwidge (if that is his real name) le gusta tanto esa música que hasta se le olvida bajarle al volumen cuando los personajes empiezan a hablar. Para lo que dicen sería mejor que nos quedáramos sin oír los diálogos. Desaparecidos es la cinta ideal para los adictos al iPOd, pueden contemplarla sin quitarse los audífonos y no se van a perder de nada. Alguien podría argumentar que eso contribuye al realismo de la película. Es cierto, y sería todavía más realista si nos mostrara a los personajes durmiendo y defecando, de preferencia sin que los actores se percaten de que los están filmando para preservar el "realismo".
Otra sugerencia que le puedo hacer a Ringo Hedwig es que en su próxima obra maestra se abstenga de hacer cortes. Gracias al video digital las elipsis ya no son necesarias, en una versión de Desaparecidos que empleara esta técnica veríamos a Alex en el avión durante horas y horas, para transmitir la sensación de tedio de los vuelos transoceánicos. ¿Y por qué detenernos ahí? La verosimilitud seguramente sería mayor si la película se exhibiera únicamente en los aeroplanos, ya que verla en casa en DVD dificulta la identificación con el protagonista. Es más, ¿para qué queremos la pantalla? Llevando las teorías estéticas del genial Tingo Lilingo hasta sus últimas consecuencias lo ideal sería que el público se olvide de pagar un boleto de cine o el importe de un DVD para presenciar una historia amena y bien contada; en su lugar debería abordar un avión (o en su defecto un microbús) y pegársele como lapa al del asiento contiguo, seguirlo a todos lados cuando descienda del transporte, hacerle ojitos a su novia o esposa, así hasta que el tipo se desespere y la haga de jamón.
Si Desaparecidos carece de emociones, con lo que la parte del "thriller" queda sin cumplirse, ¿tiene algo de "psicológico"? Tampoco, porque los personajes están desdibujados, nunca nos enteramos de su pasado o de sus motivos (sobre todo en el caso de Taylor), se portan como idiotas sólo para alargar la trama y es imposible sentir un poco de empatía por ellos. Un par de ejemplos: cuando Alex y Taylor se encuentran con la novia del primero, Sophie, ella está acompañada de su amiga Ingrid. Obviamente Sophie sugiere que viajen todos juntos en la camioneta de Taylor, aunque ya para entonces Alex comienza a recelar. En la siguiente escena Alex y Sophie esperan junto al vehículo, en un sitio donde están rodeados de otros turistas, cuando Taylor aparece sólo, argumentando que Ingrid recibió un mensaje de una amiga y prefirió irse por su cuenta, por lo que tendrán que viajar los tres, aunque tengan poco tiempo de conocerse. En este momento cualquier persona normal diría algo como "no, gracias" o "contigo ni a la esquina", declinando la sospechosa oferta de Taylor.
Más adelante pasa algo que debería poner sobre alerta a los novios y hacerles emprender la graciosa huida. Estando todavía en una zona poblada, mientras toman cerveza en un local al aire libre oyendo a una modesta banda de rock, una mujer reconoce a Taylor. Lo llama por otro nombre, le recrimina lo que le hizo a una amiga suya y arma tal escándalo que tanto Alex como Sophie notan lo que sucede. Taylor ofrece una explicaciones que no engañarían ni a un niño de dos años y la parejita, dándose por satisfecha, se aventura en el desolado Outback australiano en el vehículo del psicópata. Bien merecido que lo tienen porque Alex es un cobarde y Sophie una ofrecida. Alex se tarda siglos en comunicarle a su novia que Taylor no es de fiar, mientras que ella hace todo lo humanamente posible por provocar los celos de su novio. En este tipo de bodrios cuando las presas son así de tontas lo único que queda es echarle porras al asesino (veáse Viernes 13). En Desaparecidos esto es imposible porque Taylor es igual de soso. Sus tretas dependen de la excesiva inocencia de sus víctimas, carece de encanto y ni siquiera es un tipo con una presencia imponente. Es más bien escuálido y para acabarla de amolar su intérprete, Scott Mechlowicz, es tan bonito como mal actor.
Si quieren una historia de turistas en peligro tercermundista, sin ser exigentes pero sin tirar a la basura su dinero ni perder el tiempo a lo tonto, es mejor que busquen otra cinta reciente. Me refiero a La Presa, que sin tener una historia original ni actuaciones memorables es al menos ligeramente entretenida. Desaparecidos, en cambio, es el ejemplo perfecto del cine que enfatiza el realismo a costa de todo lo demás. Tiene unos cuantos detalles interesantes (los canguros atropellados, por ejemplo) y está filmada en un paisaje espectacular, lo cual no le sirve de nada porque ni picha, ni cacha ni deja batear.
