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Luces del Más Allá
LUCES DEL MÁS ALLÁ
(White Noise 2: The Light)
Dirección
:
Patrick Lussier
Guión: Matt Venne
Producción:
Shawn Williamson
Fotografía:
Brian Pearson
Música:
Normand Corbeil
Edición:
Tom Elkins, Patrick Lussier
Elenco:
Nathan Fillion (Abe Dale), Katee Sackhoff (Sherry Clarke), Craig Fairbrass (Henry Caine), Adrian Holmes (Marty Bloom), Kendall Cross (Rebecca Dale), Teryl Rothery (Julia Caine), William MacDonald (Dr. Karros)
EE.UU., 2007, Gold Circle Films / Brightlight Pictures, 99 min.

Otras opiniones:


Serie B

Luces del Más Allá

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(julio 13, 2007)

Una de esas secuelas que no le interesan a nadie. La primera parte, estelarizada por un sonámbulo Michael Keaton, basó su éxito en un excelente trailer que logró engatusar a un público suficiente para generarle jugosas ganancias a sus productores. Los ingenuos que pagaron el boleto esperando una sólida historia de fantasmas fueron estafados con un soporífero drama sobrenatural donde lo único inquietante era el tiempo que uno perdía viendo a Keaton sentado frente a una televisión grabando estática.

Para quienes desconozcan lo que es el EVP (Electronic Voice Phenomena), se trata de grabaciones de estática en audio y video donde según los crédulos se pueden percibir señales de personas que ya fallecieron. Los escépticos señalan que nuestros cerebros evolucionaron para reconocer objetos familiares dentro de imágenes o sonidos caóticos, razón por la cual es posible observar nubes con forma de animalitos o a la Virgen María en una tortilla quemada o escuchar mensajes diabólicos en los discos de rock tocados al revés. Por supuesto que los cándidos adeptos del EVP argumentan que esto no es verdad y que los sonidos distorsionados que ellos han capturado en cinta magnética son mensajes de ultratumba. Cabe preguntarse por qué los muertos se toman la molestia de ponerse en contacto con los vivos para decir frases tan elocuentes como "estaba viendo el agua" ("I was seeing the water"), o tal vez "estaba viendo la guerra" ("I was seeing the war"), o a lo mejor "no te veré más" ("I will see you no more"), y es que como podrán adivinar la dichosa evidencia del EVP es tan pobre que se presta a las más variadas exégesis. Si algún difunto está leyendo esto, le voy a pedir un favor: ¿podría hablar más fuerte? Los investigadores paranormales del más acá se lo agradecerán.

La primera película se enfocaba casi por completo en esta payasada del EVP, lo cual cortaba de tajo cualquier desarrollo dramático que pudiera tener. Si sentarse frente a una televisión sin señal de entrada ya es poco emocionante, contemplar a Michael Keaton haciéndolo es doblemente aburrido. Por eso el productor Shawn Williamson, único integrante del equipo original que trabaja en esta secuela, conserva este factor sólo para justificar que esta película es una continuación de la primera. En realidad la trama hace una breve referencia al EVP y a continuación se pierde en otros derroteros igual de ridículos. Por eso Luces del Más Allá es como una combinación de White Noise, El Sexto Sentido, la trilogía Destino Final (pero sin sangre), El Ojo, entre otras reconocidas cintas de terror, incluyendo una posible referencia a Don't Look Now de Nicholas Roeg, aunque también podría ser una coincidencia.

La escasa relación con la primera película se agradece porque se evita la monotonía de una historia demasiado simple. Por desgracia, el guionista primerizo Matt Venne, con sólo un episodio de Masters of Horror en su currícula, se hace bolas con todas estas influencias y homenajes, rebotando de una subtrama a la siguiente, de un personaje secundario a otro, empezando con el trauma que sufre el protagonista Abe Dale (Nathan Fillion de Firefly, igual de sonámbulo que Keaton) cuando presencia el asesinato de su esposa e hijo a manos de un demente que en seguida se dispara en la boca. Tras un intento de suicidio frustrado por el mensaje enviado a su mejor amigo, los doctores le salvan la vida, trayéndolo de vuelta a este plano terrenal en el momento en que recorría el consabido túnel de luz hacia la otra vida donde su familia ya lo esperaba, como si estuvieran en la terminal de un aeropuerto. A partir de entonces Abe nota luces y ruidos extraños que surgen de los aparatos electrónicos y que predicen cuando alguna persona cercana está próxima a morir.

En la siguiente media hora de la película Abe aprovecha sus recién adquiridos superpoderes para evitar un número cómicamente elevado de accidentes fatales. Para justificar esto al principio sale un letrero que dice, palabras más, palabras menos, que "en una ciudad norteamericana promedio una persona puede encontrar cada día hasta 1.7 personas que morirán al poco tiempo". Puse énfasis en las palabras "puede" y "hasta" porque esto indica la vaguedad de la estadística. Además hay que tomar en cuenta que esto no significa que todos los habitantes de una ciudad viven rodeados por el mal fario, por cada doctor especializado en atender enfermos en fase terminal o por cada paramédico que es testigo de un accidente de tránsito habrá otras varias personas que no tengan ningún contacto con la muerte. Todo depende de la interpretración que se haga de este dato y por supuesto que Luces del Más Allá opta por la más fatalista, mostrando al bueno de Abe Dale reaccionando con horror ante una multitud de personas que sin saberlo ya son proyecto de cadáver. Si Abe estuviera paseando por las calles de Bagdad esto sería creíble, pero en cualquier otra ciudad sería imposible que se generara una cantidad tan alta de accidentes para poner en peligro a tantos cristianos.

Todo esto es narrado por el director Patrick Lussier con una técnica que pone en evidencia su trabajo previo como editor. Lussier también escribió y dirigó varias películas de Drácula pero su principal labor en el cine ha sido en el montaje. En consecuencia Luces del Más Allá está saturada de efectos de edición, imágenes correspondientes a escenas posteriores del relato aparecen desde la primera escena, llegando incluso a vender trama. Justo cuando uno ya se está cansando de tantas referencias a otras cintas de terror y piensa "nomás falta una secta satánica" el argumento da un giro e involucra a Lucifer en el borlote. Lejos de generar tensión esto sólo incremente la sensación de tedio, hay tantas líneas argumentales que no llegan a ningún lado que esta última, a pesar de sus resonancias satánicas, aporta poco a la atmósfera de la película, siempre recordando más a las series de televisión como Ghost Whisperer que a los clásicos del cine de horror. Un vistazo a los trabajos anteriores revelan que todo el equipo creativo, desde el fotógrafo hasta el compositor de la música de fondo, son egresados de producciones de bajo presupuesto.

En un intento por provocar sobresaltos Lussier abusa de las imágenes abruptas y las disonancias inesperadas, aunque los sustos casi siempre están telegrafiados. Del aire malsano, el miedo irracional que produce el buen cine de terror no hay nada. La situación empeora con los abundantes efectos especiales generados por computadora, más apropiados para una aventura de Harry Potter que para un cuento siniestro. Si he de señalar algo rescatable tendría que referirme a la actuación de Katee Sackhoff, agradable pese a que su personaje tiene el desarrollo más absurdo de todo el elenco, pasa de despreocupada enfermera a multihomicida en potencia en apenas un par de días. Fuera de eso lo único curioso es el momento en que un piano de media cola se convierte en un arma mortal, algo no visto desde las caricaturas de Don Gato.

Sitio Oficial:
www.neardeathexperiences.co.uk