Serie B
Hostal: el rincón de las torturas
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(julio 22, 2007)
Antes de que se estrene Hostal 2 quise darle una revisada a la original para tratar de entender cómo una película tan inofensiva y mediocre se convirtió en un éxito de taquilla. Pensé que tal vez la excesiva publicidad que rodeó su estreno en 2005, con sus advertencias sobre el contenido gráfico de algunas escenas, había elevado mis expectativas a niveles que un cineasta tan humilde como Eli Roth evidentemente no podía alcanzar. Pero no, la verdad es que Hostal sigue siendo la misma mierda que recuerdo de hace dos años.
Hay un segmento del público al que creo se debe culpar por darle alas a este alacrán de nombre Eli Roth. Se trata de los nuevos, los chavitos (y no tan chavitos; ¿verdad, Olallo?) que apenas ayer descubrieron el cine y creen que Quentin Tarantino es un genio... porque desconocen las películas que su ídolo copió para hacer Kill Bill y Reservoir Dogs. A estos imberbes hay que tenerles paciencia y comprender que ellos no tienen la culpa de haber nacido demasiado tarde para encontrar al género del terror en su mejor momento. De todos modos se les puede exigir que sean más espabilados a la hora de consumir una película tan poco imaginativa como Hostal. Hay demasiados foros donde estos adolescentes argumentan que la película les gustó "porque no sabían lo que iba a pasar". ¿No sabían lo que iba a pasar? Hello, el subtítulo del bodrio es el rincón de las torturas. ¿Qué se imaginaron? ¿Que a los tres alegres compadres que protagonizan el cuento los iban a atormentar con drogas y golfas hasta dejarlos secos y en la miseria?
Además, en los anuncios de Hostal, tanto el trailer como los posters, siempre se anunció que se trataba de unos jovencitos norteamericanos que en sus viajes por Europa terminaban en una casa de huéspedes que era en realidad un club privado para sádicos. Ninguna sorpresa, ningún sobresalto, eso es todo el chiste de la película y lo raro es que Eli Roth intente jugar con el suspenso cuando ya sabemos dónde acaba el viaje. Para tratar de aminorar la monotonía de la primera hora, el tiempo que los protagonistas se tardan en llegar a su destino, Roth echa mano de los efectos especiales más abundantes y socorridos del cine: las tetas. Para complacer al público adolescente (cronológica y mentalmente) los primeros sesenta minutos de Hostal están saturados de chicas encueradas, lo que implica cierto grado de entretenimiento, y muchas sustancias prohibidas, lo cual es bastante aburrido.
Un síntoma de lo incompetente que es Eli Roth como director es la banda sonora. Sus imágenes son tan planas, tan inexpresivas, encajando en un montaje apenas funcional, que para darles el sentido que quería Roth está obligado a subrayarlas con uno de los soundtracks más cómicamente ineptos que me haya tocado presenciar. Un ejemplo de esto lo tenemos en una de las primeras escenas, donde aparecen nuestros héroes caminando por las calles de Amsterdam. Me imagino a Roth viendo los rushes al día siguiente, con una cerveza en la mano, preguntándose: "¿Qué puedo hacer para que esta secuencia sea tan EXTREMA cómo lo que está escrito en el guión? ¡Ya sé! ¡Voy a ponerle nü metal a todo volumen para que el público sepa que mi película es EXTREMA!" Por eso mientras estos tres donceles recorren Amsterdam se oye nü metal a todo volumen. Aunque no viene al caso ni aporta nada. Y así durante hora y media. ¿Cómo indicar que el cuate que les recomienda el hostal de Bratislava no es de fiar? Con música terriblemente siniestra, como de especial de Halloween de los Simpson. Prefiero la versión que hizo alguien con mejor sentido del humor negro:
Escena de Hostal remezclada y mejorada
En cuanto a la violencia de Hostal, que según su campaña publicitaria era una de las películas más sangrientas en la historia, el veredicto es: tanto pedo para cagar aguado. Hay un par de momentos que satisfacen el morbo del espectador, pero el que vea esto y piense que Roth está inaugurando un nuevo camino para el cine de horror debe ser alguien cuya única experiencia previa en el género es la escena donde la ballena se traga a Pinocho. El público familiarizado con el gore en sus distintas vertientes, trátese del nihilismo de Holocausto Caníbal o la voluntad estetizante de Guinea Pig, comprobará que a Eli Roth le falta mucho para llegar a la categoría de Lucio Fulci o Peter Jackson. Cuando los protagonistas de Hostal son finalmente llevados a las mazmorras para ser martirizados uno espera solazarse con largas secuencias donde los castran, les cortan las orejas, les taladran los dientes y les arrancan las vísceras. En su lugar Roth ofrece fugaces vistazos a los cubículos donde los clientes se divierten con otros prisioneros. El colmo es el final feliz, tras un improbable escape a base de coincidencias y perseguidores incapaces.
Más ofensivo es el retrato de Eslovaquia donde Roth ubica las acciones. Desde que uno de los personajes explica que las mujeres de Bratislava están ansiosas de conocer galanes porque los hombres eslovacos "murieron en la guerra" (¿eso fue antes o después de separarse de la República Checa?) está claro que Eli Roth aprendió todo lo que sabe de Europa de los videos de Private. Según Roth la capital de Eslovaquia es una ciudad en ruinas, donde todos los hombres son deformes, corruptos y se visten como náufragos. Hay que cuidarse de los niños que merodean las calles en busca de incautos que asaltar, violar y matar, no necesariamente en ese orden. Las mujeres, por su parte, son todas guapas drogadictas que engatusan a los turistas que llegan con ganas de jugar teloleto y acaban encadenados en un sótano para deleite de los depravados. En su ignorancia Eli Roth supone que fuera de Estados Unidos y algunos países de Europa la vida es corta y cruel, como Mad Max doblada a algún idioma incomprensible.
Por si fuera poco Roth tiene el descaro de insistir que su película tiene una moraleja, un subtexto que se vuelve obvio cuando aparece un cliente nuevo del club, un hombre de negocios norteamericano que explica cómo perdió su tiempo persiguiendo mujeres en todo el mundo hasta que entendió que lo realmente memorable es el asesinato y la tortura. El paralelo con los despreocupados y cachondos jovencitos de la primera mitad de Hostal es el pretexto de Roth para señalar que su segundo largometraje es una denuncia de la arrogancia gringa y no un intento fallido por igualar las proezas de los directores que le antecedieron en el gore. La pregunta es: ¿de verdad creerá Roth semejantes patrañas o es un ejemplo más de su falta de entendimiento? Con alguien tan lerdo como Eli Roth nunca se sabe.
Sitio Oficial:
www.hostelfilm.com
Del mismo director:
• Hostal 2

