Serie B
Hostal 2
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(julio 30, 2007)
Así está mejor. Una secuela que supera a la original, fenómeno más común de lo que se piensa. Hostal 2 muestra un crecimiento notable por parte de Eli Roth, con un guión más elaborado, un sentido del humor menos adolescente, actores con mayor capacidad para encontrar el registro entre cínico y espontáneo que les pide el director, expectativas mórbidas atemperadas por el relativo recato del episodio anterior. Lo único que le falta a Hostal 2 en comparación a la primera es generar la sensación de que se trata de algo nunca visto, al menos entre el público que ignora la larga historia del gore. Tal vez por eso en Estados Unidos fue un estrepitoso fracaso.
Para los despistados que se tragaron aquello de que Hostal era el non plus ultra de la violencia cinematográfica la idea de repetir una experiencia que se anunciaba como "única" probablemente les haya parecido redundante. Ellos se lo pierden, porque Hostal 2 es todo lo que la original debía ser. De hecho, los problemas que tiene esta secuela se deben sobre todo a la necesidad de eliminar los cabos sueltos que dejó el relato anterior. Más que una continuación de la historia de Hostal lo que tenemos aquí es una situación similar a la de Evil Dead. Recalco lo de similar porque de ninguna manera quiero dar a entender que las dos películas de Hostal se comparan en calidad con las de Sam Raimi, clásicos indudables del cine sanguinolento (para los nuevos: sí, me refiero al mismo director que hizo las de Spider-Man).
El destino de Paxton, el único sobreviviente de la primera matanza, se resuelve en unos pocos minutos, representando sin lugar a dudas el punto más flojo de Hostal 2. Es obvio que Eli Roth nunca se planteó seriamente hacia dónde podía llevar una secuela, porque tras esas secuencias iniciales el guionista/director desecha las posibilidades abiertas por una persona que logra escapar de este club de la tortura en condiciones de dar aviso a las autoridades. Tras una absurda escena donde Paxton es interrogado por la policía italiana, que resulta ser una trampa, el verdadero desenlace de este personaje se revela con bastante torpeza, recordando imágenes de Mario Bava y Lucio Fulci, pero sin la misma habilidad para la puesta en escena. Una vez cancelada una posible subtrama sobre la investigación policiaca de la fábrica en Eslovaquia, Eli Roth retoma la premisa básica de Hostal, aprovechando la experiencia previa para llenar huecos en el argumento y presentar un escenario más verosímil.
De nueva cuenta la acción transcurre en Eslovaquia, aunque ahora Roth reconoce que lo de la guerra reciente que había diezmado a la población masculina era una tontería. La fábrica donde los ricos pueden asesinar a placer se ubica en un poblado normal de la Europa ex-comunista, ya no la parodia involuntaria de la primera parte. En Hostal Bratislava era retratada como un lugar sucio y corrupto, donde la muerte acechaba tras cada esquina, algo que según el imaginario gringo corresponde al mundo allende sus fronteras, ya que obviamente ellos viven en el único país habitable del planeta (por favor no se rían, así es como muchos norteamericanos explican la inmigración de mexicanos hacia los USA). Esto a pesar de una escena temprana donde las tres chicas protagonistas viajan en un tren atestado de aficionados italianos al futbol, aficionados que por supuesto acosan a estas tres gringas desprotegidas. De esta visión distorsionada sobreviven los niños que recorren las calles en manadas y atacan a los turistas, aunque en esta ocasión Roth se sirve de esta ridiculez para burlarse de la exagerada reputación de violencia que tiene el soccer en Estados Unidos, con una delirante cascarita final.
Eli Roth presentando Hostal 2
Volver a trabajar la idea de un club privado donde los ricachones pueden torturar a voluntad le permite a Roth ahondar en el funcionamiento del negocio y a la vez corregir los aspectos que en Hostal revelaban una escasa preocupación por la lógica. Si en la primera parte un par de personajes lograban escapar esto se debía a que este club, que uno supondría discreto y bien organizado para evitar visitas inesperadas, tenía un dispositivo de seguridad menos eficiente que el de una escuela primaria. En Hostal 2 Roth se cuida de mostrar las puertas blindadas y las cámaras que registran cada movimiento. También se toma el tiempo necesario para hablar sobre la clientela del lugar, mediante un par de amigos que asisten por primera vez y deben cumplir con los requisitos. La forma de pago es más creíble, sobre todo en estos tiempos de eBay, y la relación entre estos dos nuevos clientes permite vislumbrar la psicología de alguien dispuesto a pagar una fuerte cantidad por el privilegio de martirizar a un joven inocente.
Esto se traduce en un guión mucho más hábil que el de la primera parte, con mejor ritmo gracias a que seguimos dos historias paralelas en lugar de tener que seguir a fuerza a unos tipos poco simpáticos. Ya sin suspenso posible, Roth está en mejores condiciones para explorar otros aspectos desperdiciados en Hostal. La actitud de los habitantes del pueblo hacia lo que pasa en la fábrica es más compleja de lo que era antes, la personalidad de las víctimas está ligeramente más desarrollada, la feria que se celebra en las inmediaciones hace alusión a lo grotesca que puede ser la cultura popular europea sin caer en el ridículo del Museo de la Tortura que los protagonistas visitaban en el episodio anterior. Y sin embargo Hostal 2 sigue presentando fallas a nivel de guión, como el hecho de que los organizadores del club sacrifiquen jóvenes sin cerciorarse previamente de que no son hijos de alguna persona importante, lo que llamaría la atención de las autoridades y pondría en peligro el negocio.
En cuanto a la guiñolesca violencia que es la raison d'être de Hostal, Eli Roth ofrece una interesante variación con respecto a la original. El hecho de que las tres víctimas potenciales sean ahora mujeres fue suficiente para que la crítica gringa, que ha catalogado a estas cintas como "torture porn", acusara automáticamente a Roth de misoginia. En otras palabras, mordieron el anzuelo que el director les preparó. Hostal 2 capotea estas imputaciones y responde con dos golpes. En el primero una chica es sacrificada por una moderna Erzsébet Báthory, recordando que sería ingenuo suponer que la clientela del club tendría que ser exclusivamente masculina. Más contundente es un momento posterior, donde Roth corta de tajo el nexo entre víctima y victimario, invirtiendo los papeles y obligando a los verdugos a tragarse su orgullo.
Sitio Oficial:
www.hostel2.com
Del mismo director:
• Hostal: el rincón de las torturas

