Site menu:

Suscríbete:
¿Qué es RSS?





Sitios Recomendados: 1000 Misspent Hours and Counting
And You Call Yourself a Scientist!
Blog de Cine
Cine Azteca
Cinema de Merde
Cinema de Perra Gorda
CineVertigo
David Bordwell
The Devil's Reviews
Eiga go go!
Fangoria
The Filthy Critic
Flick Filosopher
Midnight Eye
Miradas de Cine
Paxton at the Movies
El Perro Café
Poffy's Movie Mania
Teleport City
Tren de Sombras
Revista Cinefagia
Video WatchBlog

Hotel Sin Salida
HOTEL SIN SALIDA
(Vacancy)
Dirección
:
Nimród Antal
Guión: Mark L. Smith
Producción:
Hal Lieberman
Fotografía:
Andrzej Sekula
Música:
Paul Haslinger
Edición:
Armen Minasian
Elenco:
Luke Wilson (David Fox), Kate Beckinsale (Amy Fox), Frank Whaley (Mason), Ethan Embry (mecánico), Sarah Strange (Vic), Vincent Laresca (Jose), Tony Munch (Clancy)
EE.UU., 2007, Media Talent Group / Mobius Entertainment, 97 min.

Serie B

Hotel Sin Salida

Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(agosto 21, 2007)

Era imposible que en su desquintada hollywoodense el húngaro Nimród Antal repitiera todas las cualidades que hicieron de Kontroll un sorpresivo éxito internacional. A falta de personajes extravagantes, sentido del humor, vocación para encontrar el absurdo en la rutina cotidiana, mezcla de géneros e improvisación cuasi jazzística en lo argumental, Antal debe conformarse con pagar el derecho de piso en los Yunaites con un thrillercito que tiene un arranque prometedor sólo para quedar sepultado bajo una avalancha de clichés en el último rollo.

De hecho, la novatada de Antal alcanza su punto más alto en los créditos iniciales, particularmente agradables para los que recuerden los debrayes pop-art de la década de los 60, cuando tipos como Saul Bass convirtieron en arte algo que antes era mero trámite. En letra roja y blanca sobre fondo negro, con musiquita pachecona, se anuncian los nombres de los involucrados. Será la secuencia de mayor creatividad en toda la cinta. Acto seguido acompañamos a la pareja conformada por Amy (Kate Beckinsale) y David (Luke Wilson), quienes manejan de noche en una carretera solitaria. Su lenguaje corporal es indicio suficiente de que se detestan, lo cual no les impide recriminarse hasta el gesto más simple, desde la forma en que ella se come una manzana hasta la decisión de él de abandonar la autopista para tomar un atajo. Como inicio de una historia de terror, esto es de lo más trillado, aunque Antal y el fotógrafo Andrzej Sekula se divierten con encuadres poco usuales que prometen una aceptable atmósfera de miedo.

El segmento donde la pareja llega a un garage que parece abandonado y más tarde debe refugiarse en un motel funciona bastante bien, permitiéndole a Antal conjugar su macabro sentido visual con su afición por los comportamientos inusuales, como la actitud entre servicial e insolente del gerente del hotel. Sin embargo, el argumento comienza a hacer de las suyas, con pistas sobre el motivo de que Amy y David se lleven tan mal, que tiene que ver con la trágica muerte de su hijito. Por qué los guionistas de Hollywood creen que es necesario agobiar con traumas familiares a los personajes de sus historias de terror es algo que no entiendo. Como si no fuera suficiente con ser amenazados por un maniático / vampiro / hombre lobo / cucaracha radioactiva para darle tensión al relato. Siempre tiene que haber una reconciliación in extremis. En este caso la infeliz pareja estará en peligro de muerte debido a que su habitación es en realidad el set de un video snuff, ¿a qué no adivinan quiénes son los actores invitados?

Normalmente sólo le grito improperios a la pantalla cuando estoy padeciendo un partido de futbol mexicano (¡con la otra pata, pen...!), en especial cuando éste es tan patético como el duelo de antier entre gallinas y gatitos. Ya sé que no me están oyendo pero no puedo evitarlo. Pues bien, casi me quedo ronco con la exhibición de estupidez que es Vacancy. El idiot plot es frecuente en mi bienamado cine de terror, donde los diálogos siguen más o menos esta línea:
Víctima # 1: Qué contrariedad, Pachita, nos perdimos en este bosque oscuro donde acecha un asesino psicópata. ¿Qué hacemos?
Víctima # 2: ¡Ya sé! Vamos a separarnos para buscar ayuda cuanto antes, sin perder tiempo en recoger aunque sea una piedra para defendernos.
Víctima # 1: ¡Qué buena idea!
Me gusta pensar que ya estoy maleado en este sentido y sin embargo me pasé casi los ochenta y cinco minutos que dura Vacancy regañando a los personajes, buenos y malos por igual, por las estupideces que cometían.

Ignoro si el guionista Mark L. Smith se propuso implantar un nuevo récord de tonterías en un guión. Lo único que sé es que estuvo a punto de lograrlo, aunque sin llegar al retraso mental de El Asesino de la Carretera (que se estrena en México dentro de algunas semanas). Van algunos ejemplos. Cuando David se percata de que corren el riesgo de ser atacados por un par de locos con chicas navajotas no se le ocurre mover los muebles para tratar de bloquear las puertas ni romper los focos para que las cámaras de vigilancia no los detecten tan fácilmente. En cierto momento entra al baño en busca de una vía de escape o de perdida un arma improvisada y cuando tira el tubo que sostiene la cortina de la regadera lo vuelve a poner en su lugar. Más tarde elabora un cuchillo hechizo, aunque nunca lo usa, y a lo largo de toda la película demuestra ser un candidato para los Darwin Awards. Por su parte, Amy nomás lloriquea y estorba, tal vez porque sabe que su marido jamás podrá defenderla.

Los malos son igual de idiotas. El hecho de que dejen los videos de sus asesinatos en el mismo cuarto donde se hospedan sus víctimas ciertamente es tonto, aunque se puede ignorar si uno es generoso y supone que los asesinos están tan dañados que no les importa poner sobre aviso a la gente que están a punto de matar. Lo que no se puede pasar por alto es el hecho de que filmar sus películas snuff en el mismo lugar donde trabajan, que por cierto es un negocio abierto al público, dejando atrás todo tipo de evidencias (porque parece que nunca limpian el cuarto) sería la manera más fácil de ser atrapados. ¿Cuántas personas tendrían que desaparecer en la zona antes de que la policía notara algo raro? ¿Cómo saben los asesinos que sus víctimas no le avisaron a sus amigos o familiares la ruta que iban a tomar y cuándo debían esperarlos? ¿Por qué no le ponen un cerrojo a la puerta oculta bajo el tapete? Y la peor de todas: ¿lo graban en VHS?

Nimród Antal dirige todo esto con una economía de medios que el cine norteamericano sólo emplea como último recurso. Aparecen sólo los actores que son estrictamente necesarios, nada de visitas a la estación de policía local que interrumpan las acciones, se usan sólo las locaciones indispensables, lo cual favorece la claustrofobia, hay poca sangre (esto no es torture porn aunque algunos despistados digan lo contrario) ya que la violencia más gráfica es la que aparece en los videos snuff que David examina. Esta eficacia narrativa hace que Vacancy sea muy entretenida y al mismo tiempo exhibe las carencias del guión, provocando la desesperación del espectador ante el comportamiento de los personajes.

Además, al obedecer el imperativo hollywoodense de mantener el relato siempre en movimiento Antal no puede evitar caer en el maniqueísmo. Apenas hay tiempo para esbozar a las víctimas y a sus verdugos, con lo que se pierde la ambigüedad que le daba a Kontroll su sello distintivo. Todo lo que tenía de original esa película en Vacancy se vuelve genérico, desde las intercambiables actuaciones de Wilson y Beckinsale hasta el simisoundtrack de Paul Haslinger. Habrá que esperar trabajos posteriores de Antal para comprobar si se adapta al método de trabajo norteamericano sin perder su personalidad.

Sitio Oficial:
sonypictures.com/movies/vacancy/